Segunda misión: La secta religiosa

 

La noche en la isla fue fabulosa. Un reencuentro maravilloso y la unión desatada con el despertar de los recuerdos, inquebrantable.

Sin embargo, en dos puntos de la ciudad se cocía un crimen mientras sucesivas mujeres desaparecían e iban a parar al atajo del bosque o bien a manos de Laureyne, quien se vería empujada a investigar qué estaba ocurriendo.

Por un lado, Renata, la supuesta prometida de Laureyne, quien se la tenía jurada a Nuria y, después de aquel desafío, a Jeannette y a Rose, querría la cabeza de estas tres a cualquier precio. Sus maquinaciones y planes pondrían en peligro varias vidas y la integración familiar, pero eso para Rennie no significaba nada.

Por el otro, alguien que deseaba, desde hacía diez años, a Jeannette, decidiría que había llegado el momento propicio para sacrificarla y movería todo un cortejo de monjes encapuchados para lograr su objetivo.

Y aún en un tercer lugar, entre el batallón del bando de Jeannette, saldría a la luz un traidor que llevaba años de espera, ardiendo en odio y rencor, deseando eliminar a Laureyne, quien, sin ella saberlo, arruinaba sus planes maquiavélicos.

Y lo peor de todo, el punto más frágil de Jeannette sería alcanzado: una amenaza de muerte para la pequeña Joannette. Su bebé, su bomboncito... La hija de su mejor amiga Nancy.

Todo con una dosis de traición, descuartizamiento, torturas en cámaras diabólicas, secretos airados... regada la planta carnívora de la perdición y la desdicha con una regadera llena de amor incondicional, unión inquebrantable, protección estelar, dulzura brasileña, humor (a veces negro, a veces verde... y otras veces inocente)... y la magia extraterrestre: la Doyrense.

Sin embargo, y antes de que se desencadenaran tantos hechos sangrientos, llenos de maldad despiadada, la familia de la mansión fue feliz durante unos días. Pero, como intuían Laureyne, Jeannette y Rosalie, aquello no podía durar demasiado, pues el mal se ceñía sobre la brasileña.

¿Por qué tenía que pasarle todo a la más dulce del grupo? Eso se lo preguntaría, una y mil veces, la prima Nuria y la misma opinión compartiría Jayssie.

Pese a todo, Jeannette tenía algo decidido y muy claro: disfrutar hasta el último segundo que le quedara de vida. Poco imaginaba la pelirroja que en cuestión de días llegaría uno que parecería eterno e interminable. Uno en el que daría su vida por salvar al resto de la familia.

¿La salvaría la familia a ella antes de que su verdugo llevara a término su plan de tortura y muerte lenta?

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