"¿Nos alquilamos?", César Augusto Cair

26.07.2013 13:49

(ASUN y ROBER estarán de pie dándose la espalda y hablando por móvil. Durante la charla telefónica, sus frases se intercalarán.)

 

ASUN. Araceli, escucha, acaba de llamarme uno.

ROBER. He contestado al anuncio que me diste, tío.

ASUN. Sí, sí, ahora mismo, acabamos de hablar.

ROBER. Me ha costado decidirme pero tengo que hacerlo.

ASUN. No tan mayor, dice que es estudiante y parece responsable.

ROBER. Seguro no estaré hasta que vea dónde me meto.

ASUN. Soy muy pesada pero ¿crees que cerraremos hoy el acuerdo?

ROBER. No, tío, no me ha dicho la edad pero su voz temblaba.

ASUN. Es normal que esté algo nerviosa, ¿no?

ROBER. Eso me la suda, ya no puedo solo con tanto gasto.

ASUN. (Riéndose.) Desde que enviudé nunca ha entrado un hombre en esta casa.

ROBER. Vive en el barrio, he quedado en veinte minutos.

ASUN. Dios te oiga y ojalá todo salga bien.

ROBER. Deséame suerte, cabrón, luego te llamo.

 

(ROBER cierra el móvil y se gira. Suena un timbre.)

 

ASUN. Te dejo, Araceli, están llamando a la puerta.

 

(ASUN cuelga. Comprueba que todo esté en orden antes de abrir.)

 

ASUN. (Mirando por la mirilla.) ¿Quién es?

ROBER. Vengo por lo del anuncio, hemos hablado antes y...

ASUN. ¿Qué anuncio?

ROBER. Pues... el… (Yéndose.) Joder.

ASUN. (Abriendo la puerta.) Tranquilo, no te vayas. (Divertida.) Te estaba tomando el pelo.

ROBER. No estoy acostumbrado a…

ASUN. (Interrumpiendo.) Yo tampoco. (Breve pausa.) Pero pasa, no te quedes ahí.

ROBER. Sí. Gracias.

ASUN. ¿Es la primera vez que…?

ROBER. (Interrumpiendo. Incómodo.) Sí, pero no pasa nada, lo tengo dominado.

ASUN. Así me gusta, que domines. (Breve pausa.) Me llamo Asunción, Asun para los amigos.

ROBER. Yo Roberto, pero puede llamarme Rober.

ASUN. Rober... Tuve un novio que se llamaba Rober. No se parecía en nada a ti. Estaba más pálido que la nieve y más escuchimizado que un junco.

ROBER. Ya.

 

(ROBER observará la decoración durante la siguiente intervención de ASUN.)

 

ASUN. No valía nada físicamente. Nada. Pero tenía dos ojos. Qué ojos. Si tú los hubieras visto... Tan grandes eran como dos braseros. Tan delgado y con esos ojos parecía un sonajero de los de antes. ¿Te acuerdas de aquellos sonajeros? (Breve pausa.) ¡Qué tonta! ¡Cómo vas a acordarte!

ROBER. Qué interesante.

ASUN. ¿Sí? ¿Te gustan los sonajeros?

ROBER. (Desconcertado.) ¿Cómo?

ASUN. Como has dicho que te interesa el…

ROBER. Me refería a lo del tío que se llamaba como yo.

ASUN. Ah. ¿Verdad que es interesante?

ROBER. (Con desgana.) Mucho.

ASUN. Este novio mío un día me...

ROBER. (Interrumpiendo.) Muy chulo el salón.

ASUN. Oh, muchas gracias. Lo he decorado yo misma.

ROBER. ¿Es usted decoradora?

ASUN. No, soy pensionista.

ROBER. ¿Lo fue?

ASUN. No, lo soy.

ROBER. ¿Pero no ha dicho que ahora es pensionista?

ASUN. Sí, eso dije. Lo soy.

ROBER. ¿Y decoradora?

ASUN. ¿Decoradora? (Breve pausa.) Creo que me estoy perdiendo…

ROBER. (Interrumpiendo.) Acaba de decirme que lo es.

ASUN. No he podido decir semejante cosa porque soy pensionista.

ROBER. Se lo he preguntado.

ASUN. ¿El qué?

ROBER. Si es decoradora.

ASUN. Si soy pensionista…

ROBER. ¿Y lo fue?

ASUN. ¿Otra vez? No lo fui, lo soy. Soy pensionista.

ROBER. (Espirando.) Déjelo.

ASUN. (Sonriente.) Uh, qué frenesí... Qué comienzo hemos tenido, ¿eh?

 

(Breve pausa.)

 

ASUN. Me alegro de que te guste la decoración.

 

(ASUN deja el móvil sobre uno de los cajones.)

 

ROBER. (Para sí.) Si en el fondo me la suda.

ASUN. ¿Disculpa? No te oí.

ROBER. Guay, está guay.

ASUN. Del paraguay, como decís ahora.

 

(ROBER la mira extrañado.)

 

ROBER. Yo no lo digo.

ASUN. No dije que lo dijeras.

ROBER. Como decís ahora, ha dicho.

ASUN. Sí, eso dije porque así lo decís ahora. (Breve pausa.) ¿No?

ROBER. Yo no lo digo.

ASUN. No dije que lo dijeras tú. Los jóvenes, en general.

ROBER. Ah, ya.

ASUN. Yo también fui joven hace muchos años.

ROBER. Ya imagino.

ASUN. Y ahora ya ves lo que soy.

ROBER. Una pensionista.

ASUN. Pero con el espíritu muy joven. Aquí estarás como en tu casa.

ROBER. Gracias. ¿La habitación?

ASUN. (A lo suyo.) Apenas notarás la diferencia de edad.

ROBER. La edad para esto no importa.

ASUN. Claro que no. Me gusta que pienses así.

ROBER. ¿La habitación?

ASUN. Ahora la verás. Dime antes cuántos años tienes.

ROBER. Diecinueve.

ASUN. Muy joven.

ROBER. Bueno, depende de para qué.

ASUN. En comparación conmigo, muy joven.

ROBER. No la veo tan mayor.

ASUN. Gracias, hijo. Mejor que no me veas tan mayor. Y si empiezas ya a tutearme, me verás aún más joven.

ROBER. Lo haré. ¿Y la habitación?

ASUN. No tengas tanta prisa. Relájate y siéntate aquí conmigo. Quiero conocerte antes un poco mejor. Cuanto más compatibles seamos, más garantías habrá. ¿No crees?

 

(ASUN y ROBER se sientan.)

 

ROBER. Bueno, en realidad sólo se trata de cumplir con lo que pactemos.

ASUN. No hablemos ahora del contrato. Antes me interesa saber más de ti. Me dijiste por teléfono que estudias.

ROBER. Sí. Turismo.

ASUN. Oh, qué profesión tan bonita. Siempre viajando y conociendo gente. ¿Sabes que mi marido trabajaba en una agencia de viajes?

ROBER. No, no lo sabía.

ASUN. Pues ya lo sabes: mi marido trabajaba en una agencia de viajes.

 

(Breve pausa en la que ASUN esperará de ROBER una réplica.)

 

ROBER. Ah. Qué bien. Muy interesante.

ASUN. ¿A que sí? No viajábamos porque nunca teníamos dinero pero he estado en todos los países del mundo.

ROBER. Por foto.

ASUN. ¿Cómo lo has sabido? Qué chico más listo. Nos vamos a entender.

ROBER. Seguro que sí.

ASUN. Mi marido diría ahora: siempre casan agua y aceite si están en el mismo recipiente.

ROBER. ¿Y tu marido?

ASUN. Pues eso… Mi marido diría ahora: siempre casan agua y aceite si están en el mismo recipiente. (Divertida.) A ver si ahora que acabo de decir que eres listo resulta que no lo vas a ser tanto.

ROBER. Preguntaba por tu marido. ¿Dónde está ahora?

ASUN. Falleció. Por eso puse el anuncio. (Tras suspirar.) Esta casa se me hace grande sin él.

ROBER. Lo siento.

ASUN. No lo sientas. Estás aquí para remediarlo, ¿no?

ROBER. No sé…

ASUN. ¿Qué no sabes? ¿Te vas a echar atrás? ¿No te gusta lo que ves?

ROBER. Sí, sí, sí. Me gusta. Todo está bien.

ASUN. (Tocándole una rodilla.) Qué susto me habías dado.

ROBER. ¿Y la habitación?

ASUN. (Levantándose.) Venga, impaciente. Voy a enseñártela. Es muy cómoda y amplia. Y muy luminosa. La cama es de uno cincuenta. El colchón es nuevo. De látex.

 

(ROBER se levanta.)

 

ROBER. ¿Muy luminosa?

ASUN. Sí, es exterior y estamos en un ático. ¿No te lo dije?

ROBER. Ya… No…

ASUN. ¿Algún problema?

ROBER. Prefiero que no sea tan luminosa.

ASUN. ¿Y eso? (Breve pausa.) Ah, qué tonta… Te gusta dormir hasta tarde, ¿eh? Claro, eres muy joven y te va la marcha. No te preocupes. Puedes bajar la persiana y duermes hasta cuando quieras.

ROBER. Con persiana no hay problema.

ASUN. Claro que no. A mi marido le gustaba la luz. Hasta para hacer el amor.

 

(Breve pausa. ROBER la mira y baja la cabeza.)

 

ROBER. Ya.

ASUN. No veía bien. Astigmatismo y miopía. Tenía de todo y con muchas dioptrías. (Breve pausa.) Al pobre sólo le faltaba ser bizco.

ROBER. Ya.

ASUN. Tenía miedo de equivocarse de juguete y de orificio. Ya me entiendes. Y cuando usaba el látigo quería verme bien y no azotarme donde no debía.

ROBER. ¿Azotar?

ASUN. Sí. Nos gustaba la violencia. Sobre todo a mí. Ahora lo llaman sadomaso pero siempre se ha dicho dar una buena zurra. Y vaya si me la daba. Siempre terminaba con un ojo morado y con cuatro o cinco cardenales en mi cuerpo. Yo gritaba como una perra. (Tras suspirar.)  Qué tiempos.

ROBER. ¿Cómo?

ASUN. Como una perra.

ROBER. Ya, lo he oído.

ASUN. Violencia en la cama y consentida. (Breve pausa.) ¡Pero no pongas esa cara, hombre, que eres un chico moderno! No hablo de maltrato.

ROBER. Preferiría no haberlo sabido.

ASUN. Sí, Rober, es mejor que lo sepas. Tenía que contártelo si queremos que esto funcione.

ROBER. ¿Te gusta el sadomaso?

ASUN. Sí.

ROBER. (Preocupado.) Joder.

ASUN. Hijo, si lo sé, no te lo cuento.

ROBER. Mejor habría sido. (Apurado.) Me tengo que ir.

ASUN. ¿Cómo? ¿Sin ver la habitación ni nada?

ROBER. Tengo prisa.

ASUN. Si decías que todo estaba a tu gusto.

ROBER. Lo siento.

ASUN. (Abrazándole.) Te necesito y me caes bien. No te vayas. No puedo con esto sola.

ROBER. ¿Y a mí qué me cuentas? Suéltame, por favor.

ASUN. No, quédate, sólo te pido una señal.

ROBER. ¿Una señal? Joder, joder, joder.

 

(ASUN y ROBER vuelven a la posición original, dándose la espalda. Hablan por el móvil.)

 

ASUN. Araceli, esto no ha sido buena idea.

ROBER. Tío, abre la oreja porque vas a flipar en colores.

ASUN. Le cuento mi vida y el desagradecido se va huyendo.

ROBER. Mi primer servicio y doy con una pervertida.

ASUN. Si ni siquiera llegó a ver la habitación…

ROBER. Quería sexo duro y hasta que le dejara señales.

ASUN. Esta juventud cada vez está más desorientada.

ROBER. Con estas pensiones de mierda se les va la olla.

ASUN. No sé, Araceli, no sé si llegaré a alquilar a alguien la habitación.

ROBER. Tío, o me salen pibas con pasta o no podré pagarme la carrera.

 

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