"Magia para María", Violeta

18.05.2013 10:43

Antes de dormir, María, pedía a su mamá que le cante una canción. Todas las canciones que su madre le cantaba eran bonitas, pero ella, tenía como favorita solo una, la del duende dormilón. Mientras cerraba los ojos, le pedía a las estrellas un deseo, y cuando por fin lograba cerrarlos, soñaba que se le cumplía.

Los sueños de la niña eran maravillosos… ¡Estaban hechos de maravillas! Muchos de ellos, parecían provenir de un libro de fantasías y algunos otros, de los cuentos de aventuras. Unos duraban largos minutos, pero otros, explotaban como si fuesen burbujas, y terminaban en cuestión de segundos.

Al despertar, se sentía feliz. Vivía las mañanas como si fuesen únicas: Desayunaba chocolate caliente bajo la sombra de un árbol, en compañía de su mascota, su perro Bongo. Juntos, hacían muchas macanas y se querían profundamente. Por las tardes, jugaba con sus amigos, hasta el cansancio, muchas veces, hasta el atardecer.

Una noche, exhausta de un largo día, se acostó a dormir, y como siempre, como todas las noches, le pidió un nuevo deseo a las estrellas, pero esta vez, uno muy especial: Poder subir hasta el cielo, construir un castillo sobre las nubes, y transformarse en princesa para toda la eternidad…

Cuando las brujas se enteraron de este pedido, acudieron a sus hechizos, muertas de envidia, prepararon una mezcla con ojos de gato y moco de pavo, le agregaron una cucharada de maldad, quinientos gramos de miedo, y doscientos de horror, y batieron hasta que la mezcla se hizo espesa. Luego, cargaron en una escoba un balde con la sustancia, y volaron sin descanso hasta la habitación de la pequeña. Cuando llegaron dijeron unas palabras mágicas, y prometieron a los pies de la cama destruir todas las ilusiones.

Mientras tanto, las hadas, enteradas de este acontecimiento, limpiaron sus alas, renovaron sus energías, compraron nuevas varitas, armaron sus planes, y cargando sus valijas, emprendieron un viaje a todo motor.

En ese transcurso de tiempo, la niña, tenía sin dudas, su más triste pesadilla.

Entonces, en un rincón de la almohada, las hadas se encontraron con las brujas, y las brujas con las hadas, y pelearon a punta de espada hasta ver brillar el sol. La lucha fue difícil, y los colores se mezclaron con las sombras, pero finalmente, las hadas llenaron de besos la frente de la niña, y la cubrieron con un aura luminosa. Después, dibujaron en el aire el palacio más hermoso que jamás nadie haya visto, lo pintaron de color rosa, y lo apoyaron sobre la nube más blanca del horizonte, y en un abrir y cerrar de ojos vistieron a la chiquita con un precioso vestido de brillantes azules.

Cuando la muchacha se despertó se sintió más bella que nunca, se miró al espejo, y sorprendida por la elegancia, pegó un brinco de felicidad, tal vez, el más alto y grande que había pegado en sus diez añitos de vida…

Ese día el sol brillo con más fuerza, y cantó la más dulce melodía… porque ese día fue magia… ¡Magia para María!