"La misiva", Colibrí

21.09.2013 17:11

 

La joven Aseret caminaba hacia lo incierto sin atreverse a mirar atrás. La noche oscura, tenebrosa, dilataba su miedo. Entró al refugio y un reconocido olor la impactó. Dio un brinco al sentir que algo pegajoso se adhería a su piel. La mortecina luz de la lámpara, no le permitió reconocer qué era. Las tablas del piso crujían bajo sus pies. Afuera el viento aullaba como loba en celo. De nada le valió que se escondiera. La amenazante misiva, sin firma, recibida en la mañana lo indicaba todo: Obedece o te costará la vida. La joven se erizó de pies a cabeza. ¿Quién estaba detrás de todo aquello? ¿Por qué había acatado la carta sin protestar? Tenía miedo, mucho miedo e intranquilidad. La ventana cubierta por una ligera cortina por la que asomaba el negro manto de la noche se iluminó con la luz de un relámpago, presagiando tormenta.

 

_Era lo que faltaba- murmuró.

 

El timbre de un teléfono la sorprendió. Buscó con la mirada el lugar de donde provenía el sonido. Estaba sobre una mesa acompañado de una botella y dos vasos. Tomó el auricular, las manos le temblaban:

 

_Hola, oigo – la estruendosa carcajada que escuchó del otro lado la dejó perpleja – Hola ¿Quién es?- balbuceo. Los labios le tiritaban. Una voz profunda como las inmensidades de los océanos dijo:

 

_ Tome el vaso de la izquierda cólmelo del líquido y bébalo.

 

_No sé qué es – alegó angustiada, recelosa.

 

_ ¡Hágalo! O pagará con su vida. Solo es una pócima – colgaron.

 

Aseret tomó la botella, vertió el líquido transparente en el vaso indicado y cerrando los ojos lo bebió de un tirón. Era agua azucarada. No había dado dos pasos, cuando las contracciones la hicieron doblarse por el dolor. Vomitó un amasijo de culebras, que se e enroscaron por el cuerpo con idea de asfixiarla. En ese momento una ráfaga de viento apagó la lámpara. Las descargas eléctricas aumentaban por segundos. A tientas logró sacudírselas y sentarse, tras un agudo zumbido escuchó una voz metálica:

 

_ De eso no morirás ¿Has pensado en el castigo que te espera por haber violado las leyes de la paciencia?

 

_ ¿Quién eres? Exijo que te muestres.

 

Solo un lastimoso y agudo gemido obtuvo por respuesta. Llamó su atención un acompasado y vigoroso sonido. ¿De dónde provenía? ¿Cómo era posible una marcha dentro de aquel refugio? Soldados cadavéricos, egresado quizás de fatales contiendas, desfilaban frente a ella. Un viejo putrefacto los guiaba, seguido de otro al que le salían los gusanos por el cuerpo.

 

_Esto no puede ser real - gritó detenida en medio de la penumbra - He enloquecido- las carcajadas irrumpieron el silencio- Estoy harta de este juego. Si van a matarme háganlo de inmediato. No pretendan destruirme los nervios.

 

Un trepidar de cadenas arrastradas y quejidos, siguieron a sus palabras.

 

_ Vengan. No les temo – manifestó envalentonada, como si la pócima bebida le hubiera dado fuerza después de la arcada - Mátenme de una vez. ¡Mátennnnmeee!

 

El refugio se iluminó y cesaron todos los ruidos. Aseret, respiró profundo tomó sus pertenencias y con rápidos pasos se dispuso a escapar de aquel tormento.

 

_ No lo hagas. Ni te vuelvas a ver quién soy – pidió un desconocido a sus espaldas colocándole una capucha en la cabeza. _ Esto es para que no te horrorice ante la presencia de los cadáveres que encontrarás en tu camino.

 

Aseret intentó defenderse, pero comenzó a debilitarse. Creyó que otra persona le ataba las manos obligándola a caminar.

 

– Ya verás de lo que somos capaces – amenazó el hombre – Si lograste vencer al miedo, todo este martirio acabará en breve.

 

_ ¿Qué harán conmigo?

 

_Lo mismo que con las anteriores – respondió – Matarte.

 

Sintió el frio filo de un hacha en el cuello.