"La matanza de Burhum", Mantis

23.06.2013 19:05

El dragón agitó sus alas en la oscuridad y se llevó consigo a su jinete rumbo a Ghu Mun, donde peleaban los hombres.

Cubiertos de espinas de pino, el medio-elfo y su acompañante esperaron varios minutos antes de abandonar la espesura del bosque de Burhum. De padre gnomo, Maaz era pequeña y liviana. Nunuguín la ubicó sobre su espalda, sujetándola con una correa antes de reanudar la marcha y la noche entre los latidos de un corazón que le rasguñaba el pecho, convertido en una rata que trataba de escapar de una madriguera sin salida.

– ¿Qué significa tu nombre? –preguntó la niña.

Nunuguín no respondió de inmediato. El miedo y el deber se le sacudían en el estómago, separándose como agua y aceite. El claro en el bosque crujía hediondo bajo sus pies.

–Te lo diré si cierras los ojos –dijo.

Frente a ellos, y hasta donde daba la vista, los cuerpos chamuscados de mujeres, niños y caballos aún ardían entre los armazones de las carretas, envueltos en las llamas azules.