"La casa grande", Hera

30.10.2013 11:40

No quería que llegara la noche, sus constantes desvelos y trasnochos fueron minando su belleza y juventud.

Su rostro se tornó pálido, lúgubre e inexpresivo, desapareció el brillo en su mirada, sentía que poco a poco se extinguía su pequeña existencia.

En las noches vagaba sin rumbo por lugares desconocidos fríos, oscuros; nadie sabía de sus largas y misteriosas ausencias, ni ella misma se percataba de ello.

Emilia una de las más pequeñas de la familia con 12 años de edad, de contextura delgada un poco desgarbada, cabello corto y escaso, su forma de vestir era muy masculina, porque siempre heredaba la ropa de sus hermanos mayores.

El lugar que habitaba la familia de Emilia, era llamado por los habitantes de la región La Casa Grande, y lo que sucedía al interior de ésta era un enigma, todos intuían que algo pasaba con sus ocupantes, pero nadie se atrevía a indagar sobre el asunto.

Esta familia era bastante numerosa, muy respetada y admirada por todos los habitantes de la región, de buenos modales, con valores morales y religiosos bastante arraigados; en realidad si eran personas diferentes con muy buen nivel cultural, que se sentían felices y privilegiadas por el solo hecho de haber nacido al interior de esta familia.

La casa estaba ubicada entre Medellín y San Antonio de prado tenía una estructura muy particular, en su interior parecía un laberinto con un sótano oscuro donde no llegaba nunca el sol, una terraza grande de cemento en color gris, patios y jardines inmensos; era un lugar bastante sombrío y humilde, sus paredes deterioradas fueron construidas con boñiga y caolín; el piso tenía baldosas de color rojo y verde, la mayoría estaban tan despicadas y deterioradas, que sonaban al compás del paso de sus moradores. Sus cuadros desteñidos eran retratos antiguos de antepasados, con sus caras lánguidas y tristes, como si supieran lo que allí sucedía.

Uno de sus patios era rectangular y allí había una pequeña huerta con sembrados de cebolla, tomate de árbol y ciruelas; tenía una jaula grande para las gallinas y otra para los conejos; en uno de los muros del patio, habían casitas hechas de madera para las palomas y las tórtolas; dos perros grandes llamados guardián y terciopelo, encargados de cuidar los alrededores y a la vez de entretener a los más chicos.

Al lado de la entrada de la casa había una azulina muy frondosa, sus flores eran pequeñas con un tallo muy delgado y largo, tenían la particularidad de pegarse a la piel y a la ropa, con éstas jugaban los niños usándolas para hacer aretes y collares, en ocasiones aprovechaban todo su follaje para esconderse.

Los domingos la familia, luego de asistir a los oficios religiosos, se reunía en un pequeño parque a recibir el sol sentados en bancas grandes; mientras disfrutaban en silencio de su mutua compañía.

En el día reinaba una aparente calma, cada miembro de la familia cumplía con sus respectivas labores, pero cuando llegaba la media noche y aprovechando que los adultos dormían, los más chicos se divertían de manera muy particular, se tomaban de las manos con los ojos cerrados y haciendo un pequeño círculo, repetían lenta y suavemente al unísono el siguiente conjuro: “JESÚS DE NAZARET SI HAY ALGUNA ENTIDAD DE LUZ, QUE ENTRE Y NOS GUIE”. Llenos de miedo y emoción esperaban que la entidad que estaban invocando se hiciera presente, algunas veces los retaban para que movieran objetos pequeños que estaban en el lugar, también les hacían preguntas de cómo habían sido sus vidas y también de las causas de su deceso; cada historia nueva que escuchaban la recopilaban en un cuaderno que mantenían escondido y al que cuidaban como un tesoro; así les daban las dos o tres de la mañana entretenidos con sus nuevos amigos. Este juego lo realizaban una o dos veces por semana, las veces que no lo hacían se percibía algo extraño en el ambiente, cuando estaba muy entrada la noche se escuchaban gritos, susurros, gemidos agudos y estridentes, acabando con el sueño y tranquilidad de aquella familia. Lo que empezó como un simple juego de niños se fue convirtiendo en una pesadilla sin fin. Estas entidades fueron tomando el poder y el control de la situación, de tal manera que prácticamente les ponían un horario para los próximos encuentros; esto lo hacían con amenazas y malos tratos, les prohibían que contaran lo que sucedía durante las sesiones.

Las posesiones eran frecuentes, violentas e impredecibles, nadie sabía a quién le iba a tocar esa noche; lo que si era seguro, era que al día siguiente aparecían en sus cuerpos rasguños y moretones, propios de una lucha desigual y despiadada.

Su padre Roberto , era un hombre alto, delgado, de color trigueño, se distinguía a lo lejos por su lento caminar, por su sombrero desteñido y su cigarro en los labios que permanecía siempre encendido; era un trabajador incansable, dedicado a las labores del campo durante el día y por las noches era el guardián de su familia, sufría y lloraba en silencio, por sentirse impotente y por no saber a qué o a quien enfrentarse, lo único que deseaba era que sus hijos y su hogar volvieran a la normalidad .

En las noches vigilaba con su ruana y su machete, intentando proteger a los suyos y así acabar con la incontrolable y difícil situación.

Pasaron los años y en la casa grande sólo se sentía tristeza ,soledad y desolación; a ninguno de los miembros de la familia le interesó abandonar el nido, ni siquiera les interesó socializar con otras personas; y no se sabe porque motivo, permanecieron siempre juntos y muy unidos como si se hubiera detenido el tiempo . Lo único evidente era el deterioro en sus cuerpos y en sus mentes, simplemente se resignaron a su suerte.

Ya viejo y muy cansado de buscar explicación alguna, y al ver que la difícil situación y la parte económica empeoraba, Roberto decidió abandonar la casa grande con toda su familia.

Cuando estaban recogiendo sus pertenencias, Roberto encontró en el sótano, en medio de latas oxidadas, juguetes viejos raídos por el tiempo y por las ratas, una extraña tabla con la palabra “OUIJA”. Este juego “inocente”, fue utilizado por Emilia y sus demás hermanos años atrás cuando jugaban en sus ratos de ocio.