"Grave error" (Colaboración)

05.01.2015 09:27

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Colaboración de Colibrí

Este relato aparece en "Negros recuerdos", quinta antología de La Cesta de las Palabras, proyecto al que yo pertenecía.

Le doy el honor de ser parte también de esta antología.

LAUREY

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Con los ojos clavados en el piso por el bochorno, la adolescente respondía a la abogada que llevaba el caso.

- Usted me pregunta y no sé ni cómo contestarle. Resulta incómodo hablar de mi papá. Es cierto que bebía mucho, lo reconozco. Al principio llegaba y se acostaba sin bañarse ni comer. Después empezaron los insultos, las ofensas y no sé en qué momento comenzó a pegarnos por cualquier motivo. A mí con el cinto y a mamá con el puño cerrado, como a un hombre y eso que la pobre no protestaba cuando llegaba con aquellas manchas amoratadas en el cuello y la pintura de labios en las camisas. Me daba lástima verla salir para el trabajo con los ojos hinchados por los golpes y el llanto. Mi madre es muy inteligente. Trabajaba en un laboratorio y a mi papá le molestaba verla ayudándome a hacer los deberes del colegio. Él no quiso seguir estudiando, no pasaba de ser un ayudante de albañil al que nadie llamaba por incumplidor. Sin embargo, para beber siempre encontraba con quién.

- ¿Cómo lo ha tomado su hermano? -Indagó la abogada.

- La extraña tanto como yo. Despierta llorando en la madrugada, diciéndome que ve caras que le hacen muecas y que ni apretando los ojos se van. Lo abrazo para protegerlo. Sé que es el miedo. Tenemos mucho miedo. Está pequeñito, y no ha sufrido el dolor de los golpes como mi madre y yo. -Guardó silencio para limpiarse las lágrimas con el dorso de la mano y continuó con voz queda- Usted no sabe lo mal que la pasábamos, las veces que teníamos que entrar a los bares o a los portales ajenos a llevárnoslo a rastras para la casa. Papá pesaba mucho, pero más nos pesaba la vergüenza. Los vecinos nos cerraban las puertas y miraban a través de las ventanas, burlándose de nosotras. Decía mi madre que sentir la burla y las humillaciones de las personas la hería en su amor propio, disminuía su autoestima y le dolía más que las bofetadas que le propinaba mi padre. Cuando le quitábamos las ropas sucias de orines y vómitos, el inocente de mi hermanito se reía porque creía que era un juego. El día que sucedió el accidente, estábamos en casa de la abuela esperando a que mamá fuera a buscarnos. Nos prometió que vendría temprano, pero se demoraba mucho y nos impacientamos, por lo que abuela decidió llevarnos de regreso a casa y entonces… -El sollozo la interrumpió y, con palabras entrecortadas por el llanto, continuó narrando lo ocurrido- Ver a mi papá tirado en el piso con las manos crispadas sobre la botella y los ojos en blanco no lo olvidaré jamás. Mi madre estaba sentada a su lado, pálida, enmudecida y temblorosa. Nos miró de una forma extraña, la abrazamos y nos apretó fuerte contra su pecho, besándonos una y otra vez. No sabe el dolor que sentí cuando se la llevaba la policía. Mi mamá no era capaz de hacer eso... ¿Cómo iba a envenenarlo? En casa todos los frascos estaban rotulados, pero mi papá registraba cada rincón para tomarse los poquitos de bebida que dejaba en el fondo y encontró una botella de alcohol metílico, mediada y sin etiqueta.

- ¿Por qué esa no la tenía?

- No lo sé, pero, ¿no es verdad que fue un accidente?