"Extraña soledad", Ness

08.11.2013 10:46

                               

 

Siente poseída su voluntad por aquel ser maléfico, que permanece día y noche parado fuera de su casa, vigilándolo. Los destellos de luz de la brillante hoja de acero de la navaja apoyada sobre el sofá, describen una escena perfecta de su pálido cuerpo aterrorizado.

Se mueve con parsimonia, confuso, observando por la ventana a ese ser inmóvil que siempre lo mira con sus ojos horribles, brillantes y amenazadores. Es muy tarde y está solo, en la soledad extraña de esa casa fría y oscura. Las sombras lo inquietan y se siente obligado a tomar con fuerza la navaja, porque ha visto a ese ser diabólico reflejado en su hoja.

En esa casa, aún con las persianas bajas puede verlo. Esa imagen la encuentra por todas partes, porque ese ser ha poseído su espíritu y lo atormenta permanentemente.

Quiere hacerle daño. Le odia. ¿Por qué? ¿Quien es? ¿Que le ha hecho? Ese ser siniestro lo espera afuera, parado en las tinieblas y nunca se aleja. Ahora él no lo ve, pero sabe que siempre está ahí, para perseguirlo y dominar sus sentidos.

La oscuridad lo aterra y al atisbar por la ventana lo distingue nuevamente. Está mirando hacia la casa con sus espantosos ojos, impregnados en sangre. Esa visión le da miedo, cada vez más miedo, porque es muy tarde y hay una  extraña soledad en esa casa fría y oscura.

De pronto, la brisa levanta suavemente las cortinas y le parece que se mueve el sofá. Siente un pánico terrible, que le provoca un angustioso escalofrío. Quizás sea ella. Si, es seguro que ella quiere vengarse y le ha enviado a ese ser maligno para perseguirlo. Le ha encomendado que lo haga sufrir y pague por su crimen. Porque él fue quien la mató.

Ese ser terrorífico tiene la misión de mortificarlo hasta que no resista más y por eso ha poseído su conciencia. También su amante esta muerto, pero eso a él no le importa. Están enterrados juntos bajo ese sofá, uno encima del otro, tal cual los encontró.

Es muy tarde, pero la noche le inspira el deseo de eliminar para siempre esa posesión. Su mano está ahora muy tensa aferrada con fuerza a la navaja. El frío y la oscuridad de la noche ya no le atormentan.

Una lágrima, sólo una lágrima cae y la imagen de ese ser monstruoso, se desvanece poco a poco en su mente. Se ha cortado las venas con esa navaja en la extraña soledad de esa casa fría y oscura.