"Encuentro", Veli

06.10.2013 11:49

 

Luego de innumerables oraciones y pedidos, colmados de súplicas y ruegos, por variados motivos y en diversas ocasiones que a lo largo de mi vida había hecho y en virtud a mi última y más acuciante solicitud, por fin, y haciendo gala una vez mas de su infinita benevolencia, fui llevado en un bellísimo viaje celestial, inundado de paz y bienestar a las mismísimas puertas del cielo.

Al golpear en unas aldabas hechas con las promesas incumplidas por mí y por un sinnúmero de hermanos míos, se corrieron esas enormes puertas de algodón de un blanco puro jamás visto en la vida terrenal y pude acceder a una gigantesca sala de espera.

Esta sala de espera estaba adornada con cuadros de aquellas personas que habían hecho “Grandes Obras” en memoria y en pos del Señor, por ejemplo estaban los retratos de Torquemada y de todos los inquisidores, o de aquellas personas que en su vida terrenal habían obrado para bienestar y mejora de la raza humana y su progreso, como por ejemplo los cuadros de Hitler o de aquellos colonizadores hispanos que masacraron a cuanto indio se le cruzó por el camino para “evangelizar y culturizar”, me quedé contemplando con asombro a esos siniestros y tenebrosos personajes, hasta que se abrió ante mi otra puerta que me condujo a otra sala de espera.

Esta de muy diminutas dimensiones, adornada esta vez con los retratos de aquellas otras personas que habían hecho pequeños esfuerzos en la vida para dejar de lado su propio bienestar y preocuparse no solo por Dios, sino por su prójimo mas necesitado, y claro, desde un lugar privilegiado de la sala pero con una austeridad como en la que vivió toda su vida terrenal, estaba el retrato de la Madre Teresa de Calcuta, y muy cerca estaba una que se notaba que había sido pintado hacía poco tiempo, era el del Peregrino de la Paz, si, el de Juan Pablo II.

Yo me pregunté lo mismo que quizás ustedes se estarán preguntando ahora, el porqué de la diferencia de dimensiones tan grandes entre una sala y otra, pero miremos nuestro mundo, abramos las puertas de nuestro corazón a la vida, y nos daremos cuenta enseguida del por qué de tamaña diferencia.

Luego de haber pasado por esas dos salas de espera (de la última no quería irme jamás) me había llegado el turno de estar delante de Nuestro Señor, no me pregunte que tiempo había pasado, la verdad el tiempo ahí no existe, es todo paz, nadie tiene apuro por nada, disfrutan cada instante, y un instante de ellos, puede ser toda una vida para nosotros, y yo me sentía en inferioridad de condiciones por haber desperdiciado tantos instantes de mi vida.

Guiado por dos bellos ángeles, pase a la sala de Audiencias, imposible de describir la belleza y a su vez la humildad que reinaba en ese lugar, me quedé azorado, hasta que de pronto escuché:

- Pasa amigo mío!! Dijo Dios mientras capturaba un rayo y encendía su pipa, y ante un intento de arrodillarme, súbitamente y asiéndome con su mano me incorporó y me dijo:

- Los que se creen importantes y todopoderosos, quieren que ante ellos, los demás inclinen su cuerpo en señal de reverencia, pero yo prefiero que inclines tu corazón.

A esa altura del fantástico encuentro me sentía como un grano de arena en la playa, de pronto, el Omnipotente, que a decir verdad, su aspecto era mas parecido a cualquier abuelo nuestro o simplemente a cualquier anciano que podemos cruzar un millón de veces a lo largo de nuestras vidas, que el de un Ser Supremo, me pregunta:

- ¿Quieres un café?

- ¿Como? Pregunté sorprendido.

Con una bondad infinita en sus ojos el Maestro dijo:

- ¿Ustedes no tienen la costumbre que cuando dos amigos que hace mucho tiempo que no se ven y se encuentran, uno le invita un café al otro?

Casi sin poder pronunciar las palabras dije:

- Si padre, disculpe pero yo…

Interrumpiéndome, medio ofendido me dijo:

- Primeramente tu padre hace ya un tiempo que vive aquí, junto a mi, por ende no puedes tener dos padres, por favor llámame simplemente Dios, tu amigo.

Tartamudeando como pude mientras intentaba disimular mi sorpresa contesté:

- Está bien padre…perdón…, digo está bien Dios.

En ese momento, moviendo su mano llena de pecas por el paso del tiempo, (¿que raro para Dios pasa el tiempo? Me pregunté para mis adentros, mas tarde entendería el por qué), corrió una nube y atrajo hacia su costado un pedacito de sol y apoyándose en la luna calentó el café.

Para crear un ambiente mas terrenal, según el para que yo me sintiera mas cómodo, le puso música a la sala, un sinfín de pajaritos entonaban con sus trinos unas hermosas melodías y un coro de truenos le ponían el fondo a esa música divina, realmente me sentía en el paraíso, y claro en que otro lugar podía estar.

Con el café humeante servido en dos tazas de madera, y cuando se disponía a comenzar a evacuar mis preguntas, me vio absorto contemplando la silla en la cual estaba sentado, entonces me preguntó:

- ¿Qué es lo que te llama la atención de mi silla?

Nuevamente tartamudeando dije:

- Es que pense que su trono sería muy diferente.

Otra vez lo hice enfadar, me di cuenta por su tono de voz al decir:

- Espera!!!, tronos tienen en tu mundo los que se creen reyes, los amigos nos sentamos en silla, a lo sumo en un sofá.

La verdad, que no sabía que contestar, cuanta razón tenía, bajando los ojos para ocultar un poco mi vergüenza, le dije:

- Si, perdón padre… digo Dios, pero yo imaginaba su trono…digo silla de otra manera.

Esbozando una sonrisa en su arrugado rostro dijo:

- ¿Ah si? ¿Y de que manera lo has imaginado?

Apelando a todos mis conocimientos por lo que había estudiado y aprendido en mi formación católica contesté:

- Lo imaginé dorado, de oro puro, con incrustaciones de brillantes y gemas hermosas y ornamentado con bellos querubines alrededor.

Riéndose fuerte, me dijo que había leído muchos libros y escuchado muchas leyendas, y chasqueando sus dedos hizo aparecer ante mi el trono como yo lo había descripto, preguntándome:

- ¿Era así como vos te lo habías imaginado?

- Si señor, así tal cual. Dije medio con miedo.

Entonces el, con su voz benevolente me dijo:

- Está bien, ahora contéstame por favor: ¿en que varía mi persona en virtud a mi silla? ¿sigo siendo el mismo?

Si!!, seguro, por que me lo pregunta? Dijo aturdido.

Chasqueando nuevamente los dedos, volvió a su anterior trono o silla, y con toda la placidez y humildad que solo el puede tener, me dijo:

- ¿A quién tengo yo que impresionar? ¿ No saben ya quién soy? Y aunque no lo supieran, yo sé muy bien quien soy y no quiero ni deseo aparentar algo que no me interesa ser.

Después de semejantes palabras, me sentía tan insignificante, que solo atiné a decir:

- Ay , pobre de mi, que ignorante soy cuanto debo aprender Señor mío, perdón.

Nuevamente al ver mi rostro acongojado, con sencillez y magnanimidad dijo:

- Amigo mío, que ustedes, en su mundo, ese que yo les regalé, hagan grandes edificios, decorados en oro, mármol y cuanto material se les ocurra poner, en honor a mí, no significa que esa sea la obra que yo les he encomendado, no te olvides que mi hijo nació pobre y en un pesebre, habiendo podido nacer en el mejor palacio que se te ocurra, rodeado de lujos, pero mientras en la tierra haya un chico mirando un plato vacío, con los pies descalzos y durmiendo a la intemperie, por mas templos e iglesias de buenos materiales que construyan en honor a mi, yo estaré triste, porque no han entendido mi mensaje, mientras la gente que supuestamente tiene mas inteligencia que los demás, se preocupe en inventar un nuevo tipo de arma para hacer daño al prójimo en vez de buscar la manera de llevar agua al Africa o evitar que sufran miles de chicos por día, yo seguiré triste, y ahora , dime, amigo mío, cual es el motivo de esta visita a tu futura morada?

Honestamente, luego de escuchar tremendas palabras, que por duras, no dejaban de ser verdaderas, me dio vergüenza llevarle mi inquietud, pero que iba a decir, ¿mentirle?, no sirve de nada, si el conoce nuestro mas íntimos pensamientos, así que inspiré profundamente y de la mejor manera que a ustedes se les pueda ocurrir, le pregunté:

 

 

    • ¿Por qué debo sufrir tanto y por que deben sufrir los que me aman?

Se acomodó en su silla, y mirándome fijo a los ojos de una manera que puede hacer temblar hasta el mas valiente, me contestó:

- ¿Esa es tu gran pregunta?

Ya me temblaba la voz, las piernas, es mas, creo parecía una hoja en medio de un huracán, así que sacando fuerzas de donde no tenía dijo con voz de súplica:

- Si, esa es mi pregunta, ¿está mal?

Mirándome con ojos tiernos me dijo:

- A ver, como te puedo contestar para que me entiendas bien, ¿sufres tú como sufrieron los cristianos perseguidos en Roma?

- NO!! dije apurado.

- ¿Sufres como los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki, luego de que un demente arrojara una bomba de semejante poder en esas ciudades?

- No!! respondí nuevamente.

- ¿Sufres como los habitantes del continente Africano?

- Claro que no!!. dije contundentemente.

- ¿Sufres como mi hijo querido sufrió en la cruz?

- NO!! dije, ya con lágrimas en los ojos.

Con gran benevolencia en sus ojos y suavidad en sus palabras me preguntó:

 

 

    • Perdón amigo mío, ¿tu sufres?.

No se imaginan como me sentía en ese momento, no sabía que responder, pero sí, yo sufría!!, pero acaso , ¿esa no era la palabra justa? ¿O sería la palabra padecer?, entonces temblando y en voz muy baja dije:

- Perdón, Dios, ¿será padecer en vez de sufrir?

Mirándome firmemente a los ojos como viendo en mi interior, volvió a la carga con sus preguntas esclarecedoras:

- A ver, ¿Padeces cáncer?

- Creo que no. Contesté con voz trémula.

- ¿Padeces SIDA?

- Que yo sepa no. conteste agobiado.

- ¿Padeces hambre o sed?

- Por supuesto que no. dije ya sin fuerzas.

- ¿Padeces la falta de amor de tus seres queridos?

- NO!! contesté fuertemente, con lagrimas en los ojos.

Entonces el, sonriendo y tomando entre sus cálidas manos las temblorosas mías me preguntó:

- Entonces, amigo mío, cuéntame, ¿cuál es tu problema?

Creo yo, que la verdadera respuesta, hubiera sido “el problema soy yo” ¿no les parece?. Y haciendo gala de sus virtudes y ante mi inexplicable asombro, con voz fuerte y segura Dios exclamó:

 

 

    • ¡¡MUY BIEN!! ¡¡TE HAS DADO CUENTA!! ¡¡ EL PROBLEMA ERES TU!!

- ¿Ah si? respondí ingenuamente.

Estirando su cuerpo en lo que me parecía que era una incómoda silla me dijo:

- Claro, mira, tu no has sido un buen cristiano, has hecho las cosas mal en mas de una vez, y pese a mis retos que en su momento te impuse, no te has dado cuenta que venías por el camino equivocado, entonces tuve que intervenir nuevamente para enseñarte cual era el camino correcto, y creo que ahora estás comenzando a ver las diferencias entre un camino y el otro, ¿no es así?.

Con una inusitada calma en mi corazón, alcancé a decir:

- La verdad, que sí, gracias, pero la segunda parte de mi pregunta, ¿me la puede responder?

- Por supuesto, cuando uno hace las cosas que no son correctas, arrastra en su derrotero equivocado a sus seres queridos, en algunos casos hay quienes quedan solos, a la deriva, y recurren a mi como última opción, y otros como tú, que se han dado cuenta de sus errores a tiempo, que tienen una hermosa familia que los ama y que siempre van a luchar a su lado, claro que mientras tu hagas las cosas de la manera que corresponde y además sepas retribuir a ellos y a los demás el amor que has recibido y que recibes aún cada día, entonces el sufrimiento de ellos no habrá sido en vano, como tampoco será en vano el apoyo que te brindaron. ¿me has entendido?

- Si, claro que si, pero discúlpeme, antes de retirarme, le puedo hacer una última pregunta?

Con una sonrisa pícara en su rostro me contestó:

- Ya se cual es, pero igualmente adelante.

- Su cara. Es como que la conozco o la he visto antes, ¿puede ser?

- Si?, mírala bien y detenidamente, y luego `piensa quien es.

Con mucho asombro y estupor, dije:

- Pero, ¿puede ser que sea mi rostro un poco avejentado?

Riéndose a mas no poder me dijo:

- Lógico, ¿y no entiendes por qué?

Terriblemente confundido, dije:

- NO!!, ¿por favor me lo explica?

Con un gesto muy condescendiente y voz firme me contestó:

- Por supuesto, la explicación es por demás sencilla, es porque Dios no existe!!

Cuando escuché esas palabras, algo dentro mío subió como la erupción de un volcán, por lo que grité:

- ¡¡¿COMO QUE DIOS NO EXISTE?!!

Riéndose estrepitosamente y haciéndome sentir avergonzado por mi necedad, me dijo:

- SI!!, Dios como persona no existe, Dios, o sea yo, habita dentro de cada uno de ustedes, ustedes son el templo, ustedes son el cáliz, ustedes son el cuerpo y la sangre de mi hijo hecho carne, piensa, Dios está siempre en tu corazón, come, habla, duerme y sueña junto a ti, es testigo de cada acción o pensamiento tuyo, cada vez que quieras hablar conmigo, hazlo, yo te escucharé, y si no te animas o no sabes hacerlo, hay muchos ayudantes míos que siempre te van a escuchar y a aconsejar, no hace falta que vayas muy lejos a buscarlos, ya que todo aquel que profese amor al prójimo es ayudante mío, tu conoces a algunos muy cercanos a vos, ¿no es así?

Contento y feliz por lo que había escuchado respondí con seguridad:

- Si!! Por supuesto que si.

Con voz firme y agarrando nuevamente mis manos entre las suyas me dijo:

- Bueno, cuídalos y retribúyeles el amor que te dan, y además así tu también te convertirás en ayudante mío.

Con lágrimas en los ojos, pero esta vez de felicidad, contesté:

- SI, lo sé, y lo haré día a día.

Incorporándose de su silla, y a modo de despedida me dijo:

- Bueno, amigo, tengo muchos mas amigos como tú esperándome, con preguntas en sus corazones que les ayudaré a encontrar las respuestas, como lo hice contigo, y como no me alcanzan nunca los ayudantes, quizás te envíe a algunos amigos mutuos para que tu ahora los puedas orientar en sus vidas, así que te pido disculpas pero ya es tiempo de que te vayas a tu mundo terrenal.

Increíblemente dichoso y lleno de gozo por haber escuchado tan bellas palabras que eran mas que respuestas a mis tontas preguntas, dije:

- Está bien, muchísimas gracias y discúlpeme las molestias, que ahora se que no eran tan importantes como para molestarlo.

Nuevamente con voz benévola me contestó:

- No tienes que agradecer con palabras, agradece con hechos y actitudes conformes a lo que yo siempre he enseñado, y cuando me precises, siempre estaré aquí para ayudarte, clama a mi y yo te responderé.

Cuando me incorporé, para retirarme de su tan bella y grata presencia, me encontré con que no sabía realmente para donde ir, es decir, no sabía cual era la salida de ese hermoso y acogedor lugar, así que girándome hacia donde estaba el, pero ya sin verlo, pregunte:

- Señor, no te veo, pero dime por favor como hago para irme de acá.

Con una risa amena, y con voz realmente maravillosa, las palabras sonaron dentro de mi corazón:

- Disculpa, cierto que es la primera vez que acudes a mi, solo…abre los ojos!!

 

 

 

 

FIN