"El paraíso de las manzanas", Ness

13.04.2014 17:38

Había una vez, un paraíso de ensueño, mágico y maravilloso, donde crecían miles de árboles de deliciosas manzanas y durante el día, aparecía el arco iris envuelto en nubes de colores. En los jardines había un florido vergel con claveles, rosas y azucenas, de belleza sin par. Y en esa policromía, aleteaban las mariposas libando el néctar, mientras hermosos pájaros brindaban su trinar.
Entre esas bellezas naturales, en un diminuto castillo posado en la ladera de una sierra que acariciaba el sol, vivía solitario un pequeño principito. Sin embargo, éste se encontraba muy triste, porque no tenía ninguna compañía con quien poder charlar, bailar y jugar.
Una noche, paseando por los jardines, el principito levantó la cabeza mirando hacia el cielo impactado por la belleza de los astros en esa noche despejada. De pronto, ante su sorpresa, aparecieron unos destellos brillantes que se abrían y cerraban, se agrandaban y achicaban, saltaban y se sumergían. Parecía que eran los reflejos de la varita mágica de un hada buena, danzando ante sus ojos entre la luna y las numerosas estrellas del cielo.
Entonces, con toda la voz que tenía le dijo al hada que tenía mucha angustia porque se sentía muy solo. Le pidió que lo ayudara con su magia para que alguien lo acompañara en ese paraíso de las manzanas.
Luego de unos instantes, las luces del hada desaparecieron del cielo. Sin embargo, después de esperar un momento, divisó que entre las hierbas y las flores, se habían producido unos pequeños movimientos.
-“¿Será realmente la compañía que busco o acaso será una ilusión creada por mi propia ansiedad?”-, se preguntaba el principito.
Se acercó curioso, dudando si realmente el hada lo ayudaría en su pedido. De pronto, quedó gratamente sorprendido, cuando observó que surgía caminando de allí una pequeña y linda princesita. Al verlo, ella lo saludó sonriente, mientras sostenía una manzana en su mano.
Y ahora, charlando, bailando y jugando con mucho amor, viven juntos y muy felices, comiendo deliciosas manzanas en aquel lejano paraíso de fantasía, rodeado de hermosos pájaros, flores y mariposas.
Y colorín colorado este cuento ha terminado.


Moraleja
La soledad es una pena muy grande. De nada vale vivir en el paraíso con todas las manzanas deliciosas del mundo, si no tenemos alguien con quien compartirlas.