"El mago Tamarindo", Edap

29.08.2013 20:09

Tamarindo es un hechicero. Pero no un hechicero de una tribu perdida del bosque que invoca a los espíritus y danza alrededor del fuego (aunque lo tuvo que hacer una vez para arreglar un problema que tuvo con un hechizo). A él no le gustan ese tipo de cosas, dice que sus hechizos no pueden arreglar a los humanos, y que sus conocimientos milenarios los utiliza para cuidar de los animales del bosque.

Una vez intentó hacer un hechizo para curar la herida de un niño, y la pierna le creció desmesuradamente. Leyó las páginas de su gran libro, en el que tenía escritos todos los conjuros y hechizos de sus antepasados, y los nuevos que descubría, pero no encontró nada que le devolviera la pierna a su estado normal. Tamarindo estuvo muy preocupado, e invocó al espíritu del bosque. Aquel día era lluvioso, un día gris y oscuro, un día en el que la vida del bosque estaba apagada, y ni siquiera el viento corría entre las ramas de los árboles. En su pequeña choza de ramas que había construido junto a un gran árbol, que le daba frutos carnosos y jugosos, encendió una pequeña fogata. Y leyendo el libro de hechizos pensó que Torak, el niño, no debía estar más tiempo con aquella desmesurada pierna, que le impedía moverse con facilidad. Entonces, alrededor de la fogata comenzó a decir una serie de palabras inentendibles. “Crusta, crasta, croc, alentandu malversí, a crustí”, a la vez que movía los brazos y danzaba sin parar. El fuego comenzó a elevarse, y llegó casi a su altura (Tamarindo era un hechicero bien pequeño, apenas un metro sesenta) en una danza que se mantuvo durante dos horas. Las llamas crepitaban, crujían al decir las palabras inentendibles, una y otra vez, hasta que Tamarindo se detuvo, avivando el fuego con varios troncos secos. Miró al fuego y de las llamas salió la imagen de una bella mujer, de largos cabellos, rubios como las llamas, y de ojos enormes y chispeantes. Sonrió al ver a Tamarindo y le preguntó que quería. El pequeño hechicero se quedó boquiabierto, y sin saber que decir. Nunca antes había visto a un espíritu del bosque, y estaba más que asombrado por lo bella que era. Así que, una segunda vez la bella mujer volvió a decirle que quería. Entonces Tamarindo cogió su libro de hechizos, buscó la página del hechizo que había utilizado para quitarle la herida a Torak y le preguntó qué podía hacer para devolverle su pierna al estado normal. La bella mujer sonrió, estirándose sus largos cabellos que se mimetizaban con el fuego. Y pronunciando una larga palabra, “aletandumaversuanimoté” le dijo que le enseñara el libro, para inscribirla con sus dedos de fuego en la hoja del hechizo que había utilizado. Era la única forma de devolver a Torak a la normalidad. Saber la solución a Tamarindo le supuso un gran alivio, así que respiró profundo, y gritó de alegría. Le dio las gracias a la bella mujer y cerró el libro, guardándolo bajo la almohada.

La bella mujer no dejaba de sonreír, hasta que comenzó a hablarle de nuevo. Lo que le dijo dejó a Tamarindo con cara de admiración, necesitaban un hechicero para el bosque desprotegido, y viendo que sus hechizos no resultaban en los humanos, ella le iba a enseñar cómo cuidar del mundo verde y sus habitantes. Aquello le pareció estupendo a Tamarindo, que sorprendido no dudó en decirle que sí. Pero antes debía devolverle a Torak la pierna a su estado normal.

Con el paso de los días el crepitar de las llamas descendió hasta casi apagarse, rápido Tamarindo cogió un par de ramas y lo reavivó, tenía que aprender todavía muchas cosas. Durante más de dos semanas supo como utilizar los hechizos de una forma eficiente. La bella mujer le enseñó nuevas palabras, nuevos hechizos y otros conjuros para hacer crecer rápido a los árboles, que dieran frutos carnosos y jugosos… y sobre todo a hacer respetar el equilibrio natural. Después de aprender los secretos de los hechizos naturales Tamarindo no volvió a ver nunca más a la bella mujer. Sin embargo sí que sentía su presencia en cada rincón del bosque.

Tamarindo creó en su nombre otros hechizos más singulares, hacer brotar agua en estanques secos, recuperar el colorido de las alas de las mariposas, devolver a las ranas los lugares de cría, curar patas rotas a los cuadrúpedos de todo tipo, carnívoros y herbívoros. Hacer crecer la hierba fresca y jugosa… entre otros. Su libro creció tanto como él, fue un gran hechicero.

Torak agradecido por haberle devuelto la pierna a su estado normal, y curado de su herida le prometió seguirle los pasos. Ahora es su discípulo, y está aprendiendo los secretos del bosque.