"El invitado", Nomade

02.10.2013 13:28

Y llegó la noche. También la tormenta.

Todo el día había estado acercándose aquel malón de nubes cargadas de luz y predecibles sonidos.

Ahora los pinos en el frente de la casa eran iluminados desde los cuatro puntos cardinales; esto también es una maravilla de la Naturaleza.

A mi sobrina de Buenos Aires le encantaban las tormentas, decía que el campo era una gran disco y San Pedro era el DJ (ó el disc-jockey para nuestra generación) que hacía todas las fantasías de luces.

Antes de la tormenta había venido mi vecino de visita.

-¿Quiere un mate? –le ofrecí.

-No, ahora no puedo, gracias

-¿Alguna galleta?

-Le agradezco pero quizás por un tiempo no podré comer nada.

-Disculpe, don Emilio.

-No se preocupe don Florencio, ya me estoy acostumbrando.

-¿No le entra frío por ahí?

-Un poco sí, en invierno, pero qué le va a hacer…

Florencio se sirvió un mate e inició el comentario:

-¿Qué me cuenta de lo que dicen en el boliche sobre lo que usted perdió?

-Que son bolazos nomás. ¡Gauchos mentirosos! Dicen cualquier cosa para hacerse ver frente a todos.

Aunque mi vecino parecía molesto pero no enojado preferí no profundizar más sobre el tema.

Seguimos hablando sobre nuestros campos y los vaivenes de la política.

Era casi medianoche cuando Emilio se levantó de su silla.

-Me tengo que ir don Florencio.

-Gracias por la visita, don Emilio.

Cuando llegó a la puerta se dio vuelta y me dijo:

-Esos mentirosos hablaban de un jinete sin cabeza. ¡Y yo no sé montar a caballo!