"El gigante Pie Grande", Edap

29.08.2013 20:08

Cuando la tierra tiembla todo el mundo sabe porque, por pie grande, el gigante. Un gran gigante de más de cincuenta metros de alto, con un pie capaz de chafar un poblado entero, y una mano tan grande, que con ella estrujaría a diez rebaños completos de cincuenta reses pastando en las praderas.

El gigante pie grande vive en la ladera de una de las montañas más altas de la cordillera sur de Postian, en el hemisferio sur de la tierra, muy cerca del antártico. Justo, a unos cien metros por encima del valle que separa la cordillera de Postian con las tierras gélidas del sur, se erige su casa bajo la roca de la grandiosa montaña. Una agradable y voluminosa casa, labrada en la piedra (en el interior de la montaña) donde abundan las estalactitas y las estalagmitas, en formas extrañas y curiosas. Hay algunas que parecen peces o incluso tienen forma de dragones, y seres monstruosos, otras en forma de ángeles, hadas y gnomos. Dicen que su casa está habitada por seres fantásticos que le acompañan durante la noche. Y que los ruidos que de ella salen, son del rugir de la montaña. Pero siempre se dicen cosas que no son, y pie grande lo sabe sin enfadarse.

Pie grande diseñó la casa a su gusto. Tiene veinte habitaciones, tres servicios y una cocina de grande como un campo de fútbol. No la hizo más grande porque se quedaba sin montaña. Y es que pie grande necesita espacio, mucho espacio.

Cuando llega el invierno se encierra durante tres meses y no ve la luz del sol. Duerme como los osos. En primavera vuelve a salir airoso, y con unas ganas de comer tremendas. Entonces se dirige a la zona sur, donde el hielo aun permanece, y allí pesca en alta mar peces de todos los tamaños hasta saciarse. Nunca pierde el apetito.

De bien pequeño ya media diez metros. Sus padres vivían en otro lugar, a unos tres kilómetros al norte, justo en el límite de las tierras cálidas, separadas por un gran mar poco profundo. Cuando salía a jugar a los campos la tierra retumbaba, como si fuera un terremoto. Tuvo que aprender a dar zancadas sin hacer tremolar la tierra. Sus padres se afamaban en enseñarle buenos modales, y fuese un hijo educado. A veces se oía gruñir a su madre por su comportamiento; “¡hijo, respeta a los diminutos vecinos!” (que eran los hombres, que habían creado ciudades y pueblos cercanos donde vivía la familia de gigantes). Solo tenía ganas de jugar y no se daba demasiada cuenta. Pie grande nunca quiso hacer daño a nadie. A los veinte metros de alto su pie media seis metros de largo por dos y medio de ancho. Un pie enorme capaz de aniquilar a quien se pusiera delante.

Antes, mucho antes, hace decenios atrás los gigantes no habían sido bien vistos, por que se establecieron disputas por territorios entre hombres y gigantes. Los gigantes necesitaban mucho más espacio que los hombres, y alimentos en cantidad para estar nutridos. Fue una mala época para todos, porque comenzó a escasear la comida porque no llovía y las plantas no crecían bien. Los gigantes a falta de algo que comer acudían a llenarse la panza a los campos de trigo sembrados por los hombres, y comerse sus reses. Las gallinas casi las hicieron desaparecer, y los cerdos no sabían dónde esconderse, cuando los veían aparecer chillaban dando la voz de alerta. A las vacas le extraían toda la leche, y los caballos fueron los únicos que se libraron, porque corrían más que sus movimientos. Los hombres persiguieron a los gigantes durante años queriendo defender sus posesiones. Con el tiempo tornó la paz. Las lluvias volvieron y el campo comenzó a ser productivo. Desde entonces la paz es duradera, y hay una buena convivencia entre los hombres y los gigantes.

Hubo gigantes que respetaron a los humanos a pesar de la escasez de alimentos y se marcharon a las tierras del sur, más frías y sin tanta población. También los hubo que cruzaron el mar hacia nuevos continentes. Flot el padre de pie grande fue uno de ellos. Se asentaron en estas tierras hacia no demasiados años, y respetaron en todo momento a los humanos, que al principio los miraban con recelo. Con el tiempo todos se acostumbraron, y de vez en cuando Flot ayuda a los pescadores de la zona a extraer pescados de alta mar, cuando escasea la pesca.

Flot está casado con Yesma, su mujer. Una apuesta giganta tan refinada, que cuando el sol reluce en su blanca piel el sol resplandece con intensidad. Y viven en paz y harmonía con el resto de habitantes. Desde hace unos años, para celebrar la hospitalidad recibida celebran una fiesta a las puertas de las montañas donde viven, y es muy célebre. Todos los habitantes de los pueblos cercanos se juntan, y adornan con flores el camino desde la ciudad hasta las montañas donde viven. Pie grande nunca quiere perdérselo y va a visitarlos cuando sucede. Entonces la fiesta se prolonga durante días, porque pie grande es un gigante de los buenos, como sus padres.