"Desde el lecho de la tranquilidad", Licenciado Rodríguez

10.09.2013 12:46

Desde el lecho de la tranquilidad, desde el reino de la oscuridad ¡yo te saludo!. A quien quiera que seas y donde quiera que estés ¡yo te saludo!

 

 

 

Ahora que parece que el tiempo se ha detenido, el corazón galopa. Galopa en un completo frenesí hasta embarullar sus pasos en un continuo traqueteo ineficaz y sin sentido, hasta convertir su flujo en un hilillo inconsistente.

Una súbita descarga eléctrica, como un rayo de tormenta, intenta reiniciar el sistema y por un momento parece conseguirlo, se sueltan varios latidos rítmicos pero al momento el ritmo se deshace, se vuelve inconexo y se precipita de nuevo hacia una caótica locura.

El ciclo de acontecimientos se repite varias veces. Aumenta la intensidad del relámpago y sin embargo la respuesta es cada vez menor, cada vez más breve. Al poco, se da todo por perdido y cesan los intentos de resucitación cardio-pulmonar.

El tiempo se detiene, se detiene… se detiene hasta casi desaparecer.

 

Acabo de abrir los ojos pero reina la total oscuridad, tampoco se oye ningún ruido, ni recibo ningún tipo de estímulo táctil u oloroso.

No siento dolor.

No percibo sensaciones en las papilas gustativas.

Estoy en total inmovilidad, es más, no me atrevo a intentar el mínimo movimiento porque no sé cuales podrían ser las consecuencias.

El único movimiento que he intentado: “abrir los ojos”, no ha tenido respuesta ni me ha aportado datos para poder continuar.

En este momento no sé quién soy, en realidad ni siquiera sé qué soy.

Algo en mis recuerdos me indica que poseo los sentidos comunes, pero en este momento lo único que percibo es el paso del tiempo, pero de una manera tan lenta que ni siquiera sé si se ha detenido y si ahí residiera todo el problema. Por lo que sé, esta hipótesis es imposible, el tiempo no se puede detener, puede variar nuestra percepción del tiempo, pero el tiempo avanza o se mueve con un movimiento continuo y perfectamente mensurable. Todos nos movemos al ritmo que toca y en ningún modo podemos alterarlo. Podría decirse que es una de las verdades absolutas del universo tal como lo conocemos.

He abierto los ojos. En realidad lo que sé es que he dado paso al estímulo que puede abrir los ojos pero no he notado el movimiento de los párpados. Ni siquiera sé si tengo uno o más ojos y ni siquiera sé si tengo párpados. Solo tengo la sensación de que tengo ojos y puedo ver, aunque de momento la total oscuridad circundante me impida distinguir la mínima sombra o silueta.

Me esfuerzo en intentar ver algo y la atmósfera que me rodea parece plagada de chiribitas brillantes de tamaño minúsculo, pero probablemente solo estén en mi imaginación. Tengo imaginación, otro dato.

Ahora pienso en si hace frío o calor y no soy capaz de procesar ese dato en ninguno de los sentidos.

Estoy a gusto y la humedad ambiente no me parece llamativa, aunque tampoco estoy seguro de tener elementos para asegurar ese dato. Podría estar debajo del agua y ser un pez abisal durmiendo la siesta en una sima oscura y misteriosa o podría ser un árbol milenario con pensamientos escasos y lentos.

No tengo conciencia de estar respirando, ni siquiera sé si soy una ameba que no necesita respirar, quizás el intercambio gaseoso se produce a través de la piel y no tenga órgano específico para realizar las funciones del intercambio gaseoso como inspirar y expeler aire. O quizás, al estar en reposo, estas funciones se han minimizado hasta resultar imperceptibles. La posibilidad del árbol milenario o de cualquier otro tipo de vegetal no puede descartarse. Hasta donde yo sé las plantas no piensan, pero ¿quién soy yo pará opinar? Si no sé qué soy, si ni siquiera sé si soy o no soy.

Creo recordar... veo una luz al final de un túnel y ahí me veo como una silueta con brazos y pies. Deduzco que soy un homínido.

Supongo que estoy acostado, ya que no tengo que hacer ningún esfuerzo para no caerme.

Intento analizar mi estructura.

Ahora que recuerdo brazos y piernas intento moverlos pero se me ha olvidado cómo hacerlo.

Desconozco el procedimiento u orden que mi cerebro tiene que dar para impulsar el movimiento de cualquier parte del cuerpo.

Estoy tranquilo, aunque empieza a preocuparme este punto. Sin embargo, tampoco siento necesidad de moverme. No hay nada que me incomode. No tengo sed, ni frío, ni hambre, ni recuerdo que tenga algo pendiente que hacer hoy.

Tampoco sé qué día es hoy, ni si tengo que ir a trabajar.

No sé si tengo trabajo o estoy jubilado. No me preocupa pero tengo que trabajar en ese sentido, investigar estas cuestiones por mera curiosidad, aunque quizás debería primero preocuparme por saber quién soy. Ahora sé que soy un homínido.

Por no acordarme, no me acuerdo ni de mi sexo. Esto sí sería interesante y fácil de investigar... si pudiera moverme... o recordar. Pero para qué moverme... estoy tan a gusto.

El tiempo pasa y no pasa nada. En algún momento me ha parecido oír un leve murmullo, un ruido lejano, como un ruido de voces de conversación, pero muy lejano. No sé qué dicen, ni siquiera qué idioma hablan, aunque los ruidos me resultan familiares, conocidos. Podría decir que esto me tranquiliza, pero ya estoy lo suficientemente tranquilo... estoy tan a gusto.

La memoria me falla, no consigo recordar nada: ni quién soy, ni qué estoy haciendo, ni dónde ni en qué momento estoy, ni a quién conozco o con quién vivo. Pero tampoco tengo especial curiosidad en descubrirlo…

¿Qué pasa? El negro a pasado al blanco. De repente hay una luz cegadora que me invade. Donde antes sólo veía negro ahora solo veo blanco, pero un blanco tan brillante que me impide apreciar otras cosas. A la vez el murmullo de voces ha aumentado bruscamente de intensidad para transformarse en una gran algarabía que ensordece. Me gustaría cerrar los ojos ahora que sé que tengo párpados, pero me siento incapaz de hacerlo. De pronto vuelve la oscuridad, no sé si cerré los ojos o alguien lo hizo por mí o apagaron la luz, pero vuelve a reinar la total oscuridad. De la paz no puedo hablar, porque persiste la algarabía, estaría más a gusto si pudiera ocluir los oídos. Demasiado ruido de voces que no entiendo, si por lo menos pusieran algo de música.

No sé que ha pasado, pero de pronto cesó la algarabía y volvemos al punto primero, con total aislamiento sensorial, a gusto conmigo y con el medio que me rodea, me regodeo en mi bienestar.

Siento un pequeño bamboleo. Todo se mueve en bloque, como si me desplazara levitando. Muchas veces recuerdo haber soñado que era capaz de volar y levitar, aunque solía requerir más o menos esfuerzo. En este momento la sensación es de flotar como en una nube. No, no estoy mareado ni preocupado, tan solo siento curiosidad.

De pronto todo se para y aumenta la temperatura hasta grados insospechados. Huele a chamuscado. Me gustaría gritar “fuego” para que alguien llamara a los bomberos, porque es evidente que algo se está quemando, pero estoy tan a gusto que prefiero disfrutar de la fogata.

Me encuentro desubicado, no sé si voy o vengo, si estoy o no estoy, si soy polvo o si soy agua. Si floto o me disgrego, sigo sin saber quién o qué soy… pero estoy tan a gusto.

 

Hoy es el primer día de mi muerte. Acabo de darme cuenta.

Desde el lecho de la tranquilidad, desde el reino de la oscuridad ¡yo te saludo! A quien quiera que seas y donde quiera que estés ¡yo te saludo! Tan solo quiero saber que estás ahí y que me estás escuchando.

Aunque no consigas oírme intenta entenderme, intenta sentirme.

No cierres tus sentidos a mis gritos de silencio.

 

Qué fue de mí

Qué del universo que creé

Qué del universo que fui

 

Podría decirse que soy una bola de energía pero en realidad lo que soy es un pensamiento flotante, un universo virtual en busca de una nueva ubicación material, de una ubicación palpable desde la que poder realizarme, desde donde manifestarme como el universo que soy y que supongo que siempre he sido.

Más luces blancas cegadoras me rodean, están por todas partes. Son como bolas de fuego en continuo movimiento, entrechocándose unas con otras con fuertes impactos de los que resultan la fusión de dos o más de ellas o la ruptura, con aparición de otras nuevas de diversos tamaños y animadas de las mismas inquietudes. Me doy cuenta de que soy una de ellas y acabo de estrellarme y fusionarme con otras tres. Los pensamientos se vuelven confusos por un momento, pero enseguida actuamos al unísono como una energía única en busca de choques con energías nuevas. Esto es la locura que no parece que terminará jamás. Es una auténtica fiesta, un precioso castillo de fuegos artificiales explotando una y otra vez. La energía fluye y refluye, va y viene como en un latido y todo hace prever que muy pronto se formará un acúmulo de energía suficiente para poder ubicarse en una nueva forma física.

Las nuevas bolas de energía ya están listas para reubicarse. Ahora lo harán con mayor o menor tino, sin poder elegir realmente sus preferencias, aunque a estas alturas la pérdida de personalidad definida es total y podríamos decir que son espíritus vírgenes en busca de hogar.