"Cuidado con ese carterista"

30.12.2014 10:56

De viaje para Australia, en el aeropuerto de Barajas un individuo tambaleante se aferró a un bolsillo de la chaqueta de Alfredo. Al principio creyó que se trataba de un beodo, pero al notar que había espuma en su boca comprendió lo que pasaba.

En fracciones de segundos, con los ojos desorbitados el hombre rodó a sus pies. Los médicos del aeropuerto diagnosticaron muerte súbita.

Agentes del orden le hicieron a Alfredo varias preguntas de rutina mientras los paramédicos retiraban el cadáver.

No había pasado mucho tiempo cuando se le acercó un viejo conocido, un buscavidas de esos que desaparecen y aparecen cuando menos se le espera. Luego de los saludos le preguntó por su familia.

_Bien, todos bien gracias a Dios. Solo yo padezco de males.

_ ¿Cómo así?

_Acabo de perder una joya muy valiosa.

_ ¿Qué sucedió? _ le preguntó incrédulo.

_Hace seis años hice un viaje de negocios a Egipto, tuve la suerte de salvar a una niña que se ahogaba en la piscina del hotel. La chica resultó ser hija de un emir poseedor de muchas riquezas, y negocios en medio mundo. El emir, agradecido, me agasajó de tal manera que las ganancias obtenidas por mí resultaban ridículas ante sus dádivas. Entre ellas, el diamante.

«Perteneció al rey Dervas_ dijo _ uno de los más poderosos del Islam. Fue el adorno del turbante real, cayó en las Cruzadas luchando valientemente contra los cristianos. La cabeza del rey quedó destrozada, también el turbante, pero la piedra resplandecía en el polvo. Fue rescatada por un sarraceno que a pesar de sus heridas, logró escapar a Turquía donde murió días después. La joya estuvo perdida un año, un joven copto la halló entre los escombros de la casa donde murió el persa. Por distintas razones pasó de mano en mano y de generación en generación durante cuatro siglos y medio. En un viaje que hice a Marruecos se la compré a un príncipe arruinado por el precio de veinte millones de euros. Es suya. ¡Cuídela!»

_Hace aproximadamente una hora, alguien sustrajo la joya del bolsillo de mi sobretodo en este mismo aeropuerto. Desesperado al notar la pérdida miré todas las caras. Nadie me pareció carterista, solo uno que estuvo a mi lado unos instantes, pero acababa de morir de un ataque al corazón. La policía no encontró nada en el registro al occiso.

La piedra estaba envuelta en un paño de seda verde. Todos los años, para el 15 de junio recibo una invitación unida a un cheque para asistir al cumpleaños de la niña en cualquier país del mundo; este año cumplirá doce, siempre llevo la piedra, se la muestro a ella y también al padre ¿Qué explicación puedo darles esta vez?

Por los altavoces de la terminal aérea anunciaron el vuelo 3775 que despegaría a las 3 y 40 pm hora de Madrid, con destino a Sidney. Faltaban veinte minutos.

Alfredo se despidió del afligido personaje, no sin antes desearle la recuperación de su tesoro.

Australia: en el trayecto del aeropuerto a Sidney, Alfredo pensaba en el extraño suceso de Barajas mientras disfrutaba del paisaje. Árboles botella, canguros, grupos de nativos con sus mortíferas cerbatanas…

De vez en cuando el ómnibus se detenía para que cruzara algún ornitorrinco retrasado del resto de la familia.

Esta inmensa isla devenida continente, posee plantas y animales exóticos tan distantes, como si el tiempo se hubiese detenido aquí.

Es digno de admiración y elogio, cómo los australianos protegen la flora y fauna de su país.

Reiniciaban la marcha cuando el último fósil viviente se había alejado.

Es Sidney ciudad inmensa y comercial. Se veían por todas partes vendedores de refrescos y helados, pues en esta época del año el calor es insoportable.

El ómnibus se detuvo en el Distrito Central. El joven se dirigió al hotel más cercano. Al entrar en la habitación, ya los empleados habían subido el equipaje. Urgía darse una ducha. Se despojó de la chaqueta y al lanzarla sobre una butaca algo cayó al piso. Un paño de seda verde comenzó a desenvolverse lentamente, dejando a la vista, un cuerpo esférico, brillante.