"Cosa de niños", Lamia

26.09.2013 09:56

 

 

Cosas de niños
Agarrado a la manta, se tapa la boca. Se tapa los ojos.
A lo lejos, en esos cuarenta centímetros cuadrados, se van delineando en el silencio unos pasos. Toc, toc, tacón, punta, paso.
La habitación es tan negra que podría desaparecer sin darse nadie cuenta. La noche despedaza a bocados las paredes. Sin piedad. Está hambrienta.
Teo se tapa la nariz, se tapa las manos. En el corredor veintidós fantasmas de otro siglo se abren paso a zancadas. Pero: “No, quizás sea un gato. No, quizás sea un ratón”.
Suspirando pensamientos (magnolias, palomitas de maíz, zapatos verdes) ahoga Teo su llanto, que se desbordaría como una cascada con solo apretar los ojos.
En la undécima ovejita de pata rota, una mano fría y blanca, sin carne, se posa en su rostro. Calavera. Aliento de serpiente.
No era un gato.
Tampoco era un ratón.
A la mañana siguiente, veintidós tazas de café se agolpaban en la cocina.