"Camión a las cinco", Discípulo de Delfos

01.10.2013 18:53

 

 

 

(Obra en un solo acto)

 

Se ven dos bancos bastante separados, medio rotos ambos. Algunas personas sentadas y otras de pie. Detrás de un viejo mostrador, una empleada dormitando. Entra un hombre alto y delgado, de unos cincuenta años, y se acerca a la empleada.

 

Forastero: ¿A qué hora sale guagua?

Empleada: (Mirándolo de arriba abajo) Coño. ¿De dónde habrá salido un ruso a esta hora? Mire, compañero, tabaris, ¿de qué guagua usted habla?

Forastero: Yo voy Cabaiguán.

Empleada: (Se rasca la cabeza) Así que Cabaiguán. Pues fíjese que no hay guagua.

Forastero: Pero a mí decir que por la mediodía…

Empleada: Vaya. Parece que ustedes los rusos siguen leyendo periódicos viejos. Hace un mes que esa guagua no sale, compadre. ¿Usted no se ha enterado cómo están los precios del petróleo?

Forastero: (Mirando desconcertado) Entonces, ¿qué puede hacer yo?

Empleada: Bueno. Dígame una cosa. ¿Ustedes los rusos no tienen dinero para turistaxi? Porque si sigue insistiendo en salir por esta terminal se va a podrir aquí, se lo aseguro.

Forastero: Vamos aclarando. Primera, no ser ruso. Yo sueco y mi nombre Olsen. Segunda, yo tener euros pero querer conocer como viaje por terminal. Por eso ser aquí y no interesar turistaxi. ¿Cuándo salir guagua por Cabaiguán? Yo tener euros pero querer conocer como viaje por terminal. Por eso ser aquí y no interesar turistaxi. ¿Cuándo salir guagua por Cabaiguán?

Empleada: Usted sí que es insistente. Pues bien, si es lo que usted quiere, allá usted. Primero: guagua no hay. El camello se rompió hace una semana y la pieza no aparece ni en los centros espirituales. Como usted es sueco a lo mejor cree que sabe lo que es un camello. ¡Pero qué va! Ni siquiera se lo imagina. Segundo: Desde hace tres días está viniendo un camioncito con capacidad para treinta y cinco pasajeros, pero que siempre monta ochenta o noventa. Por esa parte no se preocupe, que el chofer por cinco pesos es capaz de llevarlo hasta en las piernas. Ese sale como a las cinco más o menos.

Forastero: ¿Qué querer decir más o menos?

Empleada: ¿Cómo que qué quiero decir? Eso mismo, mijito. ¡Qué va a ser! Que quien dice a las cinco, dice a las cinco y pico o a las seis. En realidad siempre es más bien más que menos. Pero así es como se dice.

Forastero: (Mira el reloj) Once veinte. Bueno, ¿por cuál ventanillo poder sacar ticket para camioncita?

Empleada: Así qué tique para camioncito. ¡Qué bonito! Mire, Orson, si de verdad se quiere ir en el camión de las cinco vaya pidiendo el último, porque aquí hace ratón y queso que se monta en los carros por la colita. ¿Entendió?

(La empleada sale por una puerta lateral)

Forastero: (se dirige a un pasajero sentado) Hola. Mi nombre Olsen. Ser sueco y querer saber dónde pedir último.

Pasajero sentado: Oiga, no me diga que usted no sabe dónde se pide el último. ¿De qué pueblo es usted? Aquí hasta el gato sabe que si está en la cola del pan tiene que pedir el último para el pan. Y si esto es una terminal tiene que ser en la cola de la guagua, o del camión para ser más exacto. ¡Me va a decir que tampoco sabe que el último se pide, pero casi nunca aparece! ¿Y que muchas veces no hay un último sino varios últimos? ¿Por casualidad usted nunca hizo una cola cuando por la libreta de productos industriales todo era por casillas y cupones, como la casilla ocho que si cogías calzoncillos no tenías derecho a pañuelo? O te limpiabas los mocos o te tapabas el culo. Yo creo que usted tiene edad para acordarse de esas cosas. Aunque, mirándolo bien, usted tiene tremenda cara de dirigente, así que seguro no ha tenido necesidad de hacer colas, como la mayoría de los que estamos aquí. Claro, debí imaginarlo. Por eso mismo no sabe cómo son las cosas en las terminales. Porque ustedes siempre andan en esos carritos con chofer que los llevan a los hoteles con sus queridas y no tienen que pagar ni la gasolina.

Forastero: Nada de eso. Yo ser extranjero. Yo no cubano.

Pasajero sentado: Extranjero. Así que extranjero. No me haga reír. Qué extranjero va a venir a meterse en esta cochinada, cuando son los dueños de los hoteles y de las playas y de todos esos lugares que a nosotros hasta hace poco no nos dejaban entrar para no contaminarnos, aunque hay quien dice que para no contaminarlos a ellos. A menos que fuera un extranjero loco. Aunque, mirándolo bien, usted si parece extranjero. ¿Cuándo le dieron de alta? ¿O es que se fugó del sanatorio?

Forastero: Señor, por favor. Yo sólo querer llegar por Cabaiguán.

Pasajero sentado: De verdad que está loco. Pero bueno, si lo que quiere saber es cómo se puede montar en el camioncito de Cabaiguán, no se preocupe. Se lo voy a explicar bien clarito para que me entienda. Lo voy a ayudar. Pedir el último no es más que preguntar quién es la última persona que llegó de los que están esperando en la cola. Pero ni se imagine que la cola es una fila de esas que uno ve en las películas, donde todos van muy organizados uno detrás de otro como si fueran niños entrando al aula. ¡NO! Aquí es otra cosa. Bueno, si se queda más tiempo ya verá como aquí todo es otra cosa. Le pregunto: ¿usted ve alguna fila en este lugar? ¿Nota organización por alguna parte? ¿No? Pues ya va a empezar a entender lo que es una cola. Se pide el último con una pregunta que puede ser, por ejemplo: ¿Quién es la última persona para la cola de Cabaiguán? O simplemente oiga como yo lo digo: ¿Ültimo Cabaiguán?

Pasajero sentado: (Señala a otro pasajero que tiene la mano levantada en señal de respuesta) Bueno, ya sabe donde va. Ahora si quiere pregúntele detrás de quién va él, por si acaso, no sea que el que le dio el último se cuele y usted se quede botado.

(El forastero se sienta y abre una revista)

Pasajera recién llegada: ¿El último para Cabaiguán? ¿Último para Cabaiguán?

(PAUSA)

Caballeros. ¿Aquí no hay último? Pues si no hay último yo soy el uno. Para que lo sepan.

Un señor mayor: No me diga. Y yo que estoy aquí desde las nueve de la mañana. ¿Me va a decir que estoy pintado en la pared?

Mujer con niño en brazos: A mí los demás no me importan. Pero delante de mí si que no se mete ni mi abuela.

Señora de mediana edad: Mire, señora, yo creo que el último es el americano ese que está allí sentado. Pero háblele despacio porque me parece que no entiende muy bien el cubano.

Pasajera recién llegada: (hablando pausado) Oiga – ¿usted – es – el – último?

(Olsen se encoge de hombros, como si no entendiera la pregunta)

Pasajera recién llegada: (apoyándose con algún lenguaje de señas) ¿usted – es – el – último?

Forastero: ¿Qué querer decir yo ser último? Yo no saber. Yo ir Cabaiguán en camioncita de cinco. Estar en terminal desde once veinte. Último, yo creer, ser señor aquel enfrente.

Pasajera recién llegada: (dirigiéndose al hombre que le señalara Olsen) ¡Así que usted es el último!

Pasajero interpelado: ¿Quién dijo eso, mi tía? Ya yo hace mucho rato que di el último. Mire, pregúntele al gallego ese que está ahí enfrente. (Señala a Olsen)

(Entran la empleada y el administrador)

Empleada: (a Olsen) Mire, señor, usted va detrás de aquel señor que está enfrente y, por tanto, es el último, así que esta señora va detrás de usted…

Administrador: (interrumpiendo) Un momento, señores. ¿Pero qué es esto? ¿No les da vergüenza? ¿Qué imagen estamos dando de nuestra realidad? Parece mentira que ustedes no sepan que un extranjero no tiene que hacer cola. Mira, Estela, cuando llegue el camión lo montas que éste va primero que el uno.

Forastero: (puesto de pie) Yo agradecer, señor. Pero no poder aceptar. Para mí ser importante viajar sin privilegios. Yo hacer cola. (se sienta de nuevo y abre su revista)

(Salen la empleada y el administrador) (Segundos después entra la empleada)

Empleada: Arriba, de uno en fondo que voy a repartir los números.

El primero de la cola: Conmigo vienen cuatro.

Un pasajero, desde fuera de la cola: Compañera, yo soy impedido físico.

Empleada: Bueno, recuerden que en cada carro es solamente un impedido físico y una embarazada. Si hay más y quieren irse en éste tienen que hacer la cola.

Un pasajero en medio de la cola: No empujen, señores, que ya hace bastante calor.

(Después de repartir los tickets, sale la empleada y entra por otra puerta, mientras se anuncia la salida del camión a Cabaiguán)

Empleada: Que suba el uno, el dos, el tres...

(Breve pausa)

Empleada: Échense para atrás que esto es por números. El quince...

Otro pasajero: ¿Pero cómo el quince si ya han montado como cuarenta? Esto es un descaro.

Empleada: Caballeros, ¿qué pasa, alguien piensa que esto es un hotel cinco estrellas? Recuerden que estamos en una Terminal de ómnibus. El que no esté conforme que alquile un turistaxi.

 

TELÓN