"Aventureros y tesoros", La Letra Ciega

02.09.2013 11:38

Tres increíbles prodigios fueron hallados por los aventureros en el fondo del tesoro, bajo las toneladas de monedas y gemas que carecían de valor al lado

de estos. El primero de los objetos era una espada gigantesca hecha de acero templado y con grabados artesanales. Según indicaban las runas de su empuñadura

perteneció al legendario gigante tirano Arzüm, el horribilus. El arma tenía un precio incalculable en oro dentro del mercado de los duendes coleccionistas

y un valor histórico aún mayor puesto que fue el yugo que oprimió a todos los pueblos durante milenios… Pero a los aventureros no les interesaba; eso no

era lo que andaban buscando por allí. El siguiente artefacto era aún más interesante y conocido por todas las comarcas del reino. Se trataba del “Transmutator”

de agua en oro líquido. No se sabía bien si funcionaba mediante ciencia o magia pero aquella máquina llena de tubos, vitrinas y fuelles fue diseñada por

el mismísimo mago Kieltran, el incognoscible. Con aquel chisme y un simple riachuelo se podía conseguir más riquezas de las que nadie a lo largo de la

historia ha conseguido reunir… Suficiente oro como para bañar un castillo, o un bosque, o una montaña tan alta como el Pico de los hombres-cuervo. Sin

embargo, los aventureros la desecharon sin darle más importancia que a un zapato viejo… No era lo que estaban buscando en aquella cueva mística. El tercer

y último elemento que encontraron sepultado entre las monedas, era el objeto más codiciado por todo ser vivo de cualquiera de las épocas… Por el que habían

muerto millones de hombres, elfos, enanos, orcos… Se dice que incluso razas anteriores se extinguieron en su empeño en vano por encontrarlo… El orbe de

las divinidades. Una esfera de cristal mágica; creada al comienzo de los tiempos por el mismísimo Arquitecto, con la característica espectacular de conceder

a quién la poseyera la vida eterna, el poder mágico infinito, el don de la omnipresencia y todo lo que pueda desear. De hecho, convertía inmediatamente

a su dueño en el dios más poderoso jamás imaginado. ¿Cómo habría llegado hasta allí? Los aventureros la admiraron con detenimiento planteando las posibilidades

ilimitadas que les proporcionaría aquel orbe… Pero lo desecharon como todo lo demás. Decepcionados con lo encontrado se sentaron sobre el oro a descansar,

exhaustos por el trabajo de mover tantas toneladas de riquezas. De pronto escucharon un pequeño ruido en la lejanía acompañado de un terrible temblor en

las paredes. A los pocos segundos otro sonido; claramente un rugido gutural de criatura de las cavernas. Se prepararon para el inminente ataque… Por una

de las puertas de la cámara asomó la inconfundible pezuña negra del ancestral dragón de mil cabezas, la bestia más terrible que había habitado aquellas

tierras. Los aventureros se miraron los unos a los otros mientras el adversario entraba en la sala escupiendo fuego, lava y hielo. Aquello sería inevitablemente

una batalla épica y peligrosa como pocas antes. Los aventureros, sin embargo, estaban contentos (muy contentos de hecho) mientras cargaban con sus espadas,