"Al pobrecito marrano, alguien le mordió el trasero", Puerquito

21.09.2013 16:49

 

 

El pollo salió temprano, de su lindo gallinero y en esas vio que al marrano, alguien le mordió el trasero…

« ¡Ay, qué dolor!», dijo el chancho. «Ay, qué molestias tan machas… ¿Cuál de estos brutos del rancho me ha magullado las nachas?».

El pollo: Cochino, fue perro ajado quien te mascó las chuletas. Lo vi yo, desparpajado y feliz con sus jugarretas.

El perro: ¡Ah!, qué pollo mentiroso. ¡Ah!, qué pollo malandrín. Qué vergajo tan chismoso, desde el principio hasta el fin.

Yo estaba en el callejón mirando por el espejo. Fue ratón, el mordelón, que no se haga el pendejo.

Emergió de sus troneras con propósitos lesivos y al cerdo, en sus posaderas, le clavó los incisivos».

El ratón: Respéteme usted, dientudo, chandoso y rabipelado. Cuando el cerdito suertudo fue vilmente acribillado, yo estaba en el excusado con el culito cagado. Con el culito cagado porque comí mucho ají, con queso y plátano asado y un poco de ajonjolí. Lo puede afirmar el gato que al atraparme me olió...

«Este ratón hace rato saludes ya nos dejó, apestan todos sus restos a chiquero de lechona. Si me trago uno de ésos, me llevará la pelona. Mejor lo dejo en el piso pa’que coman los gusanos y me voy al cobertizo a morder a los marranos».

Fue minino, compa’e chancho, quien te afrijoló el bizcocho, porque, como tú bien sabes, al gato le encanta el cocho. El cocho y la longaniza, el jamón y el chicharrón, por eso en tu porqueriza, se escabulló el socarrón. Y, mientras tú dormitabas como un ángel inocente, el malandrín miau-miau te clavó en el rabo el diente.

El puerco: Que me traigan al felino ahora mismo a mi chiquero para colgarlo en un pino hasta que le duela el cuero.

El minino: Puerquito, no le hagas caso al embustero roedor, que es un latoso pelmazo, bochinchero y hablador. Te juro por mis bigotes y te encimo mi palabra… Quien te clavó los dientotes fue tu vecina, la cabra. La cabra que, cegatona, palpó tus nalgas grasosas, y creyendo que eran rosas, las mordisqueó, la glotona.

La cabra: Cegata soy, no lo niego, pero tengo buena ñata y diferencio el aroma de la flor al de la caca. Por eso nunca deambulo por el porcal del marrano, prefiero irme con el mulo al andurrial de mi hermano. Mi hermano que me contó lo que apreciaron sus ojos, cuando se fue a platicar con sus amigos gorgojos. Que fue el gárrula macaco, ese mono bullanguero, el que le estropeó al verraco su gordo y feo trasero.

El mono: No fui yo, macho cabrío, yo creo que fue el ternero, que muge con mucho brío y rumia con mucho esmero.

El Ternero: Rumio pasto, no manteca qué mico más chapucero. Fue la liebre chuchumeca quien mordisqueó ese trasero.

Y la liebre chuchumeca dice que fue el armadillo el que se atrevió a atacar el apestoso fondillo.

Y el armadillo, que el pato y el pato, que la tortuga y la tortuga, que el cuervo y el cuervo, que fue una oruga.

O el búho deschavetado, o el borrico tartamudo, o el gallito saraviado, o el arácnido peludo.

Un perico: ¿Qué me dice usted del loro y del sapo platanero y del rojo corocoro y del toro del potrero?

Una gallina: Y no hay que olvidar al penco que relincha en las mañanas, o al mismo chancho zopenco, o a sus hermanas marranas.

El perico: O todos al mismo tiempo un mordisquito le dieron de bandidos, de gañanes y mordieron y se fueron.

Un jabalí: Si ven por ahí a un gorrino llorando en el marranal, sobándose su culino y buscando al criminal que le magulló las nachas, no se vayan a espantar.

Con las orejitas gachas y cara de yo-no-fui, échenle a cualquiera el guante de los que andan por ahí. Digan que fue el elefante, o la hormiga colorada, o la chicharra cantante, o la babosa morada.

O una abuela chuchumeca que relincha en las mañanas, o mi prima que está mueca, o sus hermanas marranas.

O todos al mismo tiempo un mordisquito le dimos, de golosos, de bandidos… Y mordimos y nos fuimos.