A pesar de escribir prácticamente de todo, lo que a mí más me gusta es la prosa con mucho diálogo o, directamente, escenas y uniescenas teatrales y guión cinematográfico.

MONÓLOGO DEDICADO A T.M. PLAUTO

CIUDAD DE GENAVONA, ANTE LAS CASAS DEL VIEJO SAFARINO Y DEL JOVEN CALICLES

SUCULENTUS: (Saliendo de la casa del viejo Safarino, hablando con el viejo que queda dentro). ¡Sí, amo! Lo he entendido todo. Esta noche tendrás las minas sin falta. (Solo). ¡Está más claro que el agua! Ese viejo o le traigo el oro o me deja sin espalda. ¿Y ahora qué puedo hacer, si a mi viejo amo Safarino se le ha metido la idea de comprar la amiga de nuestro joven vecino Calicles? Le he dicho centenares de veces que esa cortesana cuesta cuarenta minas de oro y no le importa... mientras yo las consiga. Mi pobre ama estiró la pata la semana pasada y lo único que se le ocurre al viejo es robarle la amiga a su vecino... ¡Ay, pobre de mí! ¿Cómo voy a conseguir esas cuarenta minas de oro? ¡Maldito bribón! ¡Un mal rayo lo parta! Y es que el joven Calicles está tan enamorado de Turina, la esclava del lenón Caliote... ¡que, Venus todapoderosa, siento cómo me pican las espaldas que, como no consiga esas minas esta misma noche, me van a acariciar con varas de olmo! Pero estoy perdiendo el tiempo aquí hablando solo como un tonto, compadeciéndome de un vecino que me importa un bledo... porque me ha jurado ese gran loco de mi amo, el viejo Safarino, que como esta noche no tenga las cuarenta minas de oro me va a colgar de los pies para darme una buena zurra cuando el que se la merece es el propio viejo. ¡Qué mísero es! Estoy seguro que tiene un puñado de minas así como talentos de plata, lo que pasa es que quiere darme una buena paliza y deshacerse de una vez de este esclavo suyo al que considera un estorbo para sus amores. Pues bien sabido es que mi venerable amo es uno de los que se gastan la fortuna que tiene en los burdeles, comiendo, bebiendo y pasando noches con las cortesanas más meretrices de toda la ciudad de Genavona, pero, ¿y a mí qué me importa que se perfume como un joven y derroche y derroche... con tal que no me llene la espalda de latigazos? ¡Pero estoy perdido, completamente perdido! ¿Cómo voy a conseguir cuarenta minas de oro, si ya ni los usureros se fían de uno? ¡Menos aún de un esclavo! Y lo que son los banqueros, ¡todos los dioses los confundan!, lo que les das a ellos para que te guarden... ¡no lo ves más! Y es que hoy en día, yo creo, más valdría buscarse una joven con buena lote, aunque se convierta en una insoportable matrona, antes que mandar a un esclavo a buscarte la vida... ¡La vida, cuando ya la tienes servida! Porque ese asquerosísimo viejo Safarino, como ya dije, tiene minas de oro y talentos de plata, lo que le pasa es que es un tacaño y, por añadidura, quiere deshacerse de mí. ¡Ah, por Hércules! Aún me retumban sus palabras en los oídos... "Si esta noche no me traes las cuarenta minas, te colgaré de los pies y te daré una buena azotina y, por si esto te parece poco, grandísimo granuja, te llevaré al molino para que trabajes día y noche, así que consígueme a mi amiga y te daré la libertad". ¡La libertad! ¿Acaso cree que me voy a tragar que me hará su liberto? Lo mejor sería echarme la capa sobre la cabeza, huir y dejarlo bien plantado... ¡pero no, no soy un cobarde! Debo idear algo mejor... Sí, tengo cabeza para eso... Vamos, Suculentus, dale su merecido a tu amo... Es un gusano de pelo blanco que no respeta ni la muerte de su esposa... ¡Ah, mi ama!... Ésa sí era una buena mujer, pero ese apestoso amo mío la hizo una desgraciada. ¡Suculentus, venga a tu ama! ¡Dale su merecido a ese canalla! ¡Estoy decidido! Voy a rebelarme contra Safarino y para ello recurriré al joven Calicles, a quien pondré sobre aviso... Pero, ¿qué hago esperando todavía? ¡No puedo perder ni un segundo más! ¡Suculentus, date prisa, date prisa! ¡Vamos, pescaderas que vendéis el pescado podrido en los foros, carniceros que sólo las tetillas de cerda que vendéis son comestibles, perfumistas que empujáis a los viejos a bañarse con vuestros asquerosísimos perfumes para gustar a sus amigas... todos, todos los que estéis por medio, apartaos, pues puedo derribaos en mi carrera! ¡Vamos, Suculentus, empuja, da codazos, adelanta... y llega hasta el pretor, sólo para asegurarte de que todavía existe y que hará justicia con tu amo! ¡Estoy decidido! Turina será para Calicles y las cuarenta minas se las voy a sacar yo al mismísimo viejo Safarino. ¡Estoy más que decidido!

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