Las tres vidas de Angélica

- Entiéndeme, Laurey... Yo lo sé. Estaba viendo aquella película de los años 60, de guerra y de tanques, y a una de las protagonistas la torturan hasta

la muerte. Y cuando levanté la mirada y la clavé en sus ojos... me di cuenta de que era yo. Yo en otra vida...

- Pero, Angélica, piensa... tú veías una película, no era la persona real sino una actriz.

- Sí, ya lo sé, y casualmente la actriz al terminar su papel empezó a ahogarse sin motivo, allí mismo... Lo he investigado todo. Lo sé todo. Ella, Jéssica

se llamaba, murió envenenada... Y yo sé que era yo... igual que la chica a la que torturaron. Era una historia real. Tuve que sufrir mucho y pasar mucho

miedo...

- Y eso te traumatizó.

- Sí. Oigo voces y veo cosas... estallidos luminosos de bombas que explotan a mi alrededor, por ejemplo. O huelo a café rancio...

- Deberías intentar olvidarte del pasado, fueras tú o no.

- No puedo, no lo entiendes... me llegan recuerdos de esas dos vidas pasadas... y me voy a volver loca. A veces siento el miedo de la primera mujer, cuyo

nombre era Shaklane. Otras es la sensación que Jéssica tenía durante los ensayos y la filmación de que alguien la observaba. Y lo peor de todo es que vivo

esperando mi muerte de esta tercera vida, preguntándome cómo será esta vez, si una fui torturada y en la otra ingerí veneno. Ya ni duermo, sintiendo que

me observan, oyendo pasos que se acercan a la puerta y que allí se detienen, esperando.., esperando a que los invite a pasar. Estoy muy nerviosa, cada día

sé mi final más cerca y temo el modo como pueda acabar esta vez.

- Debes salir de ésta, Angélica. No habrá tal final trágico.

- Yo sé que sí.

- Tú te has metido en la piel de una revolucionaria y de una actriz y crees que son dos de tus vidas pasadas.

- No lo creo, estoy completamente segura. Me vi en aquellos ojos. Además, te digo que tengo recuerdos y sensaciones que no me pertenecen. Al menos, no

pertenecen ni a este cuerpo ni a esta vida... y, a veces, tampoco a esta época, país y cultura. Y es mejor que te vayas. Mi verdugo está avanzando. Se

aproxima y no quiero que me encuentre acompañada.

- Pero...

- Vete ahora mismo y sálvate. No lo detendrá nadie. Lo siento, lo oigo y lo huelo, casi puedo palparlo en el aire.

En contra de mi voluntad y creyéndola en uno de sus constantes delirios que se sucedían desde que se había reconocido en los ojos de Jéssica, aquella actriz

que interpretó el papel de Shaklane, salí de la habitación. Y justo cuando cerraba la puerta, un grito escalofriante me hioo abrirla de un empujón con

el tiempo justo de ver cómo caía Angélic en un charco hecho por su propia sangre, abierta en canal y con el corazón latiéndole en la mano izquierda.

Latidos que se fueron apagando mientras una sombra negra con manchas rojas se disolvía en la nada, dejando tras de sí un penetrante olor a azufre y a órganos

húmedos y calientes.

Angélica tenía razón: nadie lo hubiera podido detener y el Diablo había hecho su tercera visita a aquel alma torturada por las diferentes injusticias que

había soportado durante sus tres breves existencias.

"De acuerdo, pero eso no significa necesariamente que tengas que morir otra vez a manos de criminales. Puedes hacerlo apaciblemente cuando tengas casi cien

años", pensé con amarga ironía.