Ha vuelto a por mí

aterrorizada! ¡Junto a mí, en el autobús de la universidad, viaja una anciana que es idéntica a mi bisabuela! Incluso tiene la misma voz y... y...

¡y me ha llamado "querida" con el mismo tono!

Nadie me creerá. Era tan niña cuando sucedió todo...

Al morir una tía de mi madre, deslapidaron el nicho de mi bisabuela Encarnación. Yo estaba allí, jugando con una pelota, y al ver que sacaban aquella caja larga y negra, creyendo, tal vez, que contenía juguetes viejos, como el baúl de la abuela, me acerqué a curiosear.

Mi hermana mayor no me vio, así que permitió abrir el sarcófago. Cuando el ataúd fue abierto, todos dieron un paso atrás. Yo me acerqué más, segura de que

la sorpresa era un montón de regalos para mí.

Lo que vi fue una anciana vestida con unas faldas negras y un delantal de flores. También la blusa era floreada, con su toquilla negra de lana. Llevaba leotardos

negros sujetos con una liga de goma justo por debajo de la rodilla y unas apargatas también oscuras. Mi bisabuela tenía los ojos abiertos y miraba con enfado a los sepulteros y a mi hermana.

Al divisarme a mí, sin embargo, su semblante se relajó y ella sonrió. Su moño gris estaba muy bien hecho y no se le había caído ni una horquilla. Recuerdo que las conté y había ocho. Yo también sonreí y me arrimé a la caja. Me parecía una broma muy divertida y estaba dispuesta a esconderme yo también.

Ahí fue cuando entreabrió los labios para susurrar aquel escalofriante "Querida" que tanto me ha asustado hace un momento y el que me ha hecho recordar lo que sucedió hace 18 años, cuando yo contaba apenas con 4.

Entonces mi hermana me vio y me agarró a tiempo. La anciana ya me ofrecía su huesuda mano para ayudarme a introducirme en su escondrijo.

-¡¡¡¡¡No, Lucy!!!!!

Nuestra antepasada, que llevaba más de 50 años enterrada, frunció el ceño y la agarró de la muñeca, pegó un fuerte tirón y la hizo caer dentro del féretro. Luego la tapa cayó de golpe, apaciguando los gritos de mi hermana Luciana.

Cuando los sepulteros, histéricos, lograron abrir de nuevo el ataúd, mi bisabuela habíase convertido en polvo y mi hermana yacía muerta en su lugar, congestionado el rostro en una mueca de pánico y dolor y con las entrañas seccionadas.

Yo quedé traumatizada y fui internada en un psiquiátrico infantil hastaque, poco a poco, olvidé todo, incluyendo a mi hermana Lucila, como yo la llamaba, quien me había abandonado a los 4 años para irse a una mejor vida, según me contaba la enfermera Cristiana.

Sólo hasta hoy, bajo esos ojos grises, tras ese moño de ocho horquillas, esa toca de lana, esa camisa floreada... hasta la talega roja de la cintura, que ahora le veo... todo... todo apunta a que mi bisabuela ha vuelto para llevarme con ella, ya que hace años mi hermana dio su vida por la mía.

LUCY