El camino de la vida a la muerte y de la muerte a la vida

Publicada en la segunda versión de "Misterios para el sueño y susurros en la noche", antología de La Cesta de las Palabras

Editorial El Sastre de los Libros ~ Imprenta Hifer Artes Gráficas

BASADA EN UNA PESADILLA REAL

Me alegro de que aquella pesadilla terminara, aunque en su momento creí que jamás amanecería aquella eterna noche.

Desde un principio debió sorprenderme. No tenía sentido su lema de "El camino que lleva de la vida a la muerte y de la muerte a la vida". Sin embargo, por inquietante que fuera esa frase que ella había escrito en el suelo de uno de los corredores de la escuela, letra tras letra, como si fueran unas hormigas que caminaran en fila india, no dudé en aceptar dormir en su casa.

Pareció algo indecisa, cosa que también debió darme en qué pensar. Parecía, de hecho, preocupada... ¿Por mí? En aquel momento no lo sabía.

- Esto... -Murmuró- Tu hermano...

- No, mi hermano se queda aquí.

Ella suspiró. La idea de llevar con nosotras a Mark Antonny parecía alterarla en extremo, aunque no entendía el porqué. Después de aquella noche, por supuesto, comprendí todas sus inquietudes y preocupaciones.

- Va bene, ragazza. -Aceptó al fin.

La alta y esbelta italiana me hizo entrar en su pequeño hogar. También aquí debí sospechar algo, sintiéndola como un escudo protector. Se comportaba como una gata: era sigilosa y estaba constantemente al acecho.

Ni siquiera en aquel momento, en aquella oscuridad casi absoluta y con aquel silencio sepulcral, noté nada raro, pese a que la atmósfera estaba cargadísima.

Caminó sin decir una palabra, siempre delante de mí y sin hacer el menor ruido. La seguí prácticamente pegada a su espalda, con sus brazos a cada lado de mi cuerpo. Seguía protegiéndome, pero, ¿de qué?

Entramos en una habitación donde había dos camas. La del fondo se hallaba ocupada por una mujer mayor que estaba atada a la misma. Aquello fue lo primero que me sobresaltó, sobre todo al ver al lado de su cama, mirándose una a la otra, dos brujas de tamaño natural.

La señora, madre, posiblemente, de la italiana, giró la cabeza lentamente y clavó sus ojos en nosotras. Mi compañera no hizo el más mínimo gesto de compadecerse de ella y juntó la cama más cercana a la pared, alejándola lo máximo de la ocupada por... nunca supe quién era realmente.

- ¿Por qué está atada? -Le pregunté con lástima, aunque las dos brujas esculpidas inspiraban miedo, por lo que los dos sentimientos se habían hecho sitio en mí.

- Es mejor así, créeme.

Me contestó sin mirarme y me hizo señas para que me metiera en la cama. Yo ya estaba empezando a ponerme nerviosa pero obedecí. Ella dijo unas palabras en italiano dirigidas a la mujer y ésta volvió la cabeza hacia las brujas... y sonrió de un modo escalofriante.

Después de que mi compañera se metiera en la cama y me arropara con la sábana, no tardé en dormirme. Sin embargo, a eso de las cuatro de la madrugada, me desperté sobresaltada...

- ¡Noooooooooo! ¡Nooooooo! ¡Dejadme, dejadme!

Se oían gritos de dolor y terror. La mujer atada estaba siendo torturada y las brujas se reían a carcajadas... Pedía ayuda y yo no podía hacer nada porque estaba completamente aterrorizada y no podía mover ni un solo músculo.

Al principio creía que la italiana estaba torturando a aquella desgraciada, pero la joven estaba a mi lado y apretó su espalda contra mi pecho, empujándome hacia la pared. Ella parecía horrorizada, aunque después supe que esto sucedía cada noche y que apenas podía dormir unas horas.

- ¿Qué le pasa? -Conseguí hablar por fin- ¡Debemos ayudarla!

Ella no contestó, pero me apretó más contra la pared. Estaba preocupada por mí y no me dejaba ver qué era lo que sucedía. Aún así, logré asomarme por encima suya...

Las dos brujas habían girado el rostro y miraban a la víctima, mientras ésta gritaba y se retorcía sin poder defenderse... pero nadie la estaba tocando...

- Pero, ¿qué le pasa? -Urgí a la italiana completamente desesperada.

- Esto sucede cada noche...

Trató de impedirme seguir mirando, pero yo estaba completamente petrificada con medio cuerpo por encima de su hombro. La mujer seguía gritando... que le quitaran a alguien de encima... que se la quitaran... ¡Pero no tenía nada!

- ¿Por qué no la sueltas? -Le pregunté incapaz de soportarlo más tiempo.

- Correríamos peligro. Cuando se pone así, si está libre es capaz de matar...

Sus gritos eran desgarradores. Parecía presa del dolor y del pánico. Yo, por mi parte, quería levantarme y hacer algo...

- ¡Eh, tú, déjala! -Grité, sin saber bien a quién- ¡Déjala! ¿Me oyes? ¡Déjala!

Sentí una presencia que venía hacia mí, que alargaba un brazo... pero mi compañera me echó hacia atrás, haciendo que mi espalda quedara, por fin, contra la pared. Ella también tenía miedo...

Los alaridos continuaban. Helaban la sangre en las venas. Era espantoso oírlo...

- ¡Quítamela, quítamela, quítamela!

Yo temblaba. El terror invadía todo mi cuerpo. Entonces apremié a la italiana para que la soltara y me dijo que no, pues si lo hacía estábamos perdidas, como ya me había dicho antes. Yo no entendía por qué.

- Te lo voy a contar. -Me aseguró mientras apretaba su cuerpo contra el mío y el mío contra la pared- Ella era una de esas dos brujas esculpidas. La otra era su hermana. Hicieron muchas cosas malvadas y una de éstas fue torturar a una niña hasta la muerte. Es el espíritu de ésta quien la atormenta de este modo.

La sangre me subió a la cabeza y perdí el mundo de vista por unos segundos durante los cuales, como una película, pasó por mi mente la imagen de una chiquilla de siete años perseguida por una mujer desde que ésta le puso los ojos encima. La pequeña Celia había sido cambiada de escuela, pero la dama la siguió y se apoderó de ella para un sacrificio.

- Yo no le hago nada. -Me dijo la voz infantil- Sólo le hablo... porque sé que recordándole lo que me hizo la hago sufrir.

En aquel momento entendí qué quería decir Sheila con lo de "El camino que lleva de la vida a la muerte y de la muerte a la vida".