"Y sin embargo, amigos", Marimer

30.08.2013 22:46

Teatro (Un acto)

Salón moderno, de estilo minimalista: una chaisse-longue de piel blanca, dos amplias butacas en tonos marrones y una mesa baja del mismo color al pie de las mismas. Luces indirectas iluminan esa parte de la estancia.

María entra y se encuentra con Alberto y Raquel arrellanados en el sofá. Se dirige hacia el matrimonio.

María. -Hola, veo que seguís siendo puntuales.

Raquel. -La verdad es que me ha sorprendido esta extraña invitación por lo inusual, máxime cuando hace apenas cuatro días cenamos juntos los cuatro.

Alberto. (dirigiéndose a María) -¿Sabes a qué viene ésta estupidez?

María. -Sé lo mismo que vosotros. Como sabéis, Carlos regresa hoy de Londres por lo que tampoco entiendo su mensaje concertando esta cita.

Alberto. -Es una novedad que nos cite mediante un SMS. Carlos y sus extravagancias.

Raquel. (justificando a Carlos) Le sería más cómodo y rápido que por teléfono.

Alberto. (mirando a Raquel) -Lo que no entiendo es por qué nos envía mensajes por separado. Siempre que hemos quedado ha sido a través de uno de nosotros.

María. -Quizás sea para asegurarse de que lo recibís.

María ofrece unas bebidas que va sirviendo. El reloj de pared marca las 19,15. Se oye abrir la puerta de entrada, apareciendo un desconcertado Carlos que mira inquisitivamente a Raquel. Ésta, alarmada, desvía la mirada.

María. -Hola, querido ¿qué tal el viaje?

Carlos. -¿Pasa algo? ¿Qué hacéis aquí?

Alberto. -¿Cómo que qué hacemos aquí? ¡Mejor, explícanoslo tú!

Raquel. (pálida, llega a balbucir) -Tu mensaje… tu cita.

Carlos. -¿Qué mensaje? ¿De qué cita estás hablando?

María. -¡Oh, sí! Hemos recibido tus SMS citándonos aquí.

Carlos. (totalmente asustado) -¿SMS? ¡Me dejé el móvil en casa!

Alberto. -Pero ¿Qué broma es ésta? Entonces ¿Quién ha enviado esos mensajes?

Raquel lanza una mirada de odio a María que no pasa desapercibida para Carlos ni Alberto.

Alberto. (con la cara demudada se levanta de su asiento) -Creo que empiezo a claro. María, gracias por tu astucia.

Alberto. (se dirige a la puerta y, volviéndose hacia Raquel) -Te ruego trates de retrasar tu regreso a casa. Dame tiempo para recoger mis cosas.

Raquel. (corriendo hacia él) -No, por favor, espera: no es lo que imaginas.

Sale tras él.

Carlos. (dirigiéndose a María) -¿Cómo has podido hacer algo así? No te conozco.

María. -Hace meses que notaba algo raro entre Raquel y tú aunque nunca podría haber imaginado que tuvierais un “affaire”. Hoy, vuestras caras de sorpresa han confirmado mis sospechas.

Carlos, contrito, se acerca a María tratando de abrazarla:

María. -Déjame; no te acerques. Ahora soy yo quien tiene que decirte algo: Alberto y yo hace tiempo que nos sentimos atraídos el uno hacia el otro pero no queríamos haceros daño. Gracias a tu móvil todo ha sido más fácil de lo que esperaba. Adiós, Carlos.

María sale del salón. Carlos se queda sólo, hundido en una de las butacas. Las luces se van apagando.

TELÓN