"Wonderland 2.0", Marcel

01.10.2013 18:50

 

 

Personajes:

Leydi.

El hijo de Leydi, el niño más erudito de la tierra. Tiene seis años, pero no ha aprendido a caminar.

El Conejo.

 

Una habitación pequeña, de ventanas clausuradas. Por todo el suelo están desperdigadas virutas de polvo y aserrín. A la izquierda del espectador se encuentra una máquina de coser que emite un sonido insoportable. La máquina de coser funciona sola. No hay nadie sentado en ella. A la derecha del espectador, una mesa de disección cubierta de pedazos de carne y de botones. Leidy golpea la carne con un paraguas enorme, toma los botones y los mastica. La luz declina, cae sobre un niño de seis años que gatea frenéticamente de un lado a otro de la habitación. Sin parar nunca.

LEYDI. (Al niño.) ¿Ya hiciste la tarea?

NIÑO. Tengo dolor de cabeza, mamá.

LEYDI. Si te quedaras quieto, a lo mejor, digo yo, a lo mejor no te doliera la cabeza.

NIÑO. Si dejaras de picar esa carne, también a lo mejor…

LEYDI. No me respondas, carajo.

NIÑO. ¿Y mi derecho al libre albedrío?

Leydi levanta una mano y se acerca al niño, que de inmediato gatea hasta el otro lado de la habitación.

LEYDI. ¿No quieres que te cargue? ¿Estás bien en el suelo?

NIÑO. Me siento libre. (Chupándose un dedo, apenas se entiende lo que dice.) Es una lástima, mamá. Yo sé que te jodí la vida. Un niño. No esperado. Y además, con tantas cosas por decir, y sin poder callarse nunca.

LEYDI. Deja de hacerte el bárbaro conmigo.

NIÑO. (Se queda quieto por un momento, luego se acerca a la mesa de disección e intenta coger un pedazo de carne. Leydi se lo alcanza. El niño comienza a masticar la carne cruda.) Tengo hambre.

LEYDI. Si empiezas a comer ahora, te vas a hinchar como un sapo.

NIÑO. Ya me duelen las rodillas.

LEYDI. Ven acá. (Lo carga a duras penas. Agarra el paraguas con la mano libre y vuelve a golpear la carne. El sonido de la máquina de coser ahoga las voces.) Hay que estirar la carne para tener bistec toda la semana.

NIÑO. (Masticando.) Dame. (Trata de coger otro pedazo de carne. Leydi le golpea la mano con el paraguas.)

LEYDI. Te voy a poner en el piso.

NIÑO. Me duelen las rodillas. Tengo huesos de cristal.

LEYDI. Pues que se partan. (Lo suelta.)

El niño comienza a llorar con berridos. El sonido de la máquina de coser se mezcla con el llanto, y con el paraguas que golpea la carne, y con Leydi que canta “Veinte años”.

LEYDI. (Mirando al niño.) Si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar…

NIÑO. (Deja de llorar, cantando también.) Tú me quisieras lo mismo que veinte años atrás…

Se escuchan fanfarrias. El Danubio Azul. Carmina Burana. Finalmente, una canción de cuna disonante.

Una de las ventanas de la habitación se abre con estrépito. Las luces se apagan por un instante. Sólo queda una sobre la cabeza del hombre que está parado sobre la ventana. Tiene enormes orejas de conejo, un paraguas y un reloj en la mano. Es casi un anciano. Se da media vuelta, y enseña una colita rosada.

VIEJO. (Con un tono burlón.) Buenas tardes tengan todos.

LEYDI. Buenas tardes, viejo.

VIEJO. (Mira al reloj.) Huy, qué tarde se me ha hecho. Y eso que me esperan para cortar cabezas.

LEYDI. Mi viejo, aquí nadie espera a nadie.

VIEJO. (Baja de la ventana de un salto y toma una posición de dandy.) No, no, de verdad, a mí sí me esperan.

NIÑO. Viejo, ¿por qué te disfrazas de conejo?

VIEJO. Porque soy un conejo.

NIÑO. Mentira.

VIEJO. Tampoco tengo tiempo para andarme cambiando de piel. Nunca hay tiempo para nada.

LEYDI. Ni me lo digas. Nunca hay tiempo para nada.

VIEJO. (Vuelve a mirar al reloj.) En fin, en fin. ¿Aquí vive Leydi María Lamorú?

LEYDI. Ajá.

VIEJO. Me mandaron con un recado de afuera. Y cuando digo de afuera, digo (recalcando las palabras) DE- AFUERA. FAR AWAY LAND. De la otra dimensión. El más allá. Un poquito más lejos de lo que puedes imaginarte.

LEYDI. (Sin virarse, continúa machacando la carne.)¿Qué encargo?

VIEJO. Vengo a dar una vueltecita. Hace rato que no subía, ¿sabes? (Pausa.) Vengo con un regalito, ¿sabes? Me llevo al niño.

LEYDI. ¿Sí?

VIEJO. (Como disculpándose.) Como se acerca tu cumpleaños… como nunca lo quisiste… como siempre anda por ahí arrastrándose como un renacuajo sin cola… como no lo quieres… como siempre tiene hambre… (Pausa larga.) Siempre es un buen regalo llevarse a un indeseado. ¿Eh, eh, eh?

LEYDI. Mi hijo no sale con desconocidos.

El niño gatea hasta donde está la madre y la hala por la saya.

NIÑO. Por fissssssss…

LEYDI. La calle está muy mala. Estos viejos verdes… tan perversos.

VIEJO. (Consulta de nuevo el reloj.) Oye, ya se me hace tarde… (Cantando.) Perdón, perdón, se me hace tarde hoy… Me están esperando allá abajo para cortar cabezas. Soy una persona muy importante, la verdad, no es por…

LEYDI. (Interrumpiendo.) No te lo llevas.

VIEJO. (Mueve la colita.) ¿Cómo no vas a confiar en un tipo como yo?

LEYDI. No eres un tipo. Eres un conejo.

NIÑO. Bueno, mami, eso depende de la piel con que se vista. Por fisssssss….

VIEJO. (Hace un gesto de hastío.) Un regalo es un regalo.

LEYDI. (Lo apunta con el paraguas.)¿Quién te mandó?

VIEJO. Señora, los negocios son negocios, los regalos son los regalos… pero el silencio es el silencio.

LEYDI. Conejo de mierda.

Leydi comienza a correr detrás del viejo. El viejo da salticos. La máquina de coser chilla. El niño gatea hasta la mesa y se roba otro pedazo de carne. Comienza a masticarlo frenéticamente. El viejo consulta el reloj mientras da saltos de un lado a otro. Leydi escupe sobre el paraguas y se lo hunde al viejo en la cola. Un chorro de sangre empapa el suelo.

El viejo cae. Leydi lo apuñala una y otra vez con el paraguas.

VIEJO. (Con voz de melodrama.) Se me hace tarde… hoy… (Muere.)

Leydi se queda por un segundo muy quieta sobre el cadáver del viejo. Luego, lo arrastra por un pie hasta la mesa de disección. Lo sube con trabajo. Gime. El niño sigue masticando el trozo de carne.

LEYDI. (Al niño.) No te sigas comiendo el bistec. Después te empachas.

NIÑO. Tengo hambre.

LEYDI. Tú siempre tienes hambre. Dime algo nuevo.

NIÑO. (Muy lentamente, gatea de un lado a otro.) Nunca he comido conejo.

Oscuridad final.