"Vuelo de escape", Nadharán

27.08.2013 12:55

Explota la imaginación en mis sueños. Vuelan los humanos con disfraz de ave por una noche púrpura, entre los edificios grises mal iluminados de una ciudad

que parece abandonada se pierden o se esconden, huyen de algo negro que va tras ellos, es una nube negra demoníaca que sabemos pero no sabemos. Ese es

el final.

Hay recuerdos de una fiesta elegante, en un gran salón se lucen los invitados en vestidos largos blancos y negros. De pronto comienzan las transformaciones

que mucho se parecen a las películas, presintiendo un ataque. Aventura, acción, personas que poco a poco no son personas, un beso y el cambio, uno que

se da de pronto y la vida que llevas desaparece y se vuelve otra.

Alto, el cielo que anochece que todavía se ve el poco amarillo de sol que se hunde en el fondo y se asoma el azul desde el otro fondo, obscuro como eso

que me observa detrás de ese farol titiliante. Huyo, pero no soy yo, soy quien me persigue, soy una criatura nocturna sedienta de sangre y llena de odio,

mi capacidad de volar me permite sacarle ventaja a mi presa, es colorida, azul y naranja, no se parece al cielo opaco, es brillante y puedo encontrarla

fácilmente. Entre las nubes nos juntamos todos los alados, corremos tras de ellos, porque son dos. Un beso.

Tenemos labios, somos personas, escondidos en un rincón del techo de un edificio alto y abandonado. Él me dice, pero soy yo quien digo, que huya, que lo

deje ahí, es una frase típica. Yo le tomo el rostro con mis manos, porque ahora tengo manos, y lo beso y él, que también soy yo, me responde el beso, “Debemos

salvarlos” pero ahora soy una tercera persona que escucha y no entiende. ¿Salvar a quién? Lo recuerdo de pronto y dejo a los enamorados acorralados por

los seres alados para encontrar una reunión debajo de los edificios, es todo tan borroso que no comprendo las palabras que dicen alrededor de una mesa

personas que no son personas y que son todas yo. Voy de atrás para adelante y es difícil recordar el sueño sentado en la oficina tecleando en el ordenador

datos al programa, mientras revolotean frente a mis ojos imágenes vividas, pero no por mí, no realmente.

Una taza de café, apenas doy un sorbo y se alejan asustados los pájaros con labios de mi sueño, nunca los volveré a ver, nunca sabré si escaparon o si salvaron

a quien querían salvar. Desde este lado, me despido de ellos que sí son libres, estoy atado a un orden de leyes físicas y temporales, de figuras preformadas

y de ideas que tienen continuación y consecuencia. Maldigo al café que los espanta y quiero ir con ellos que vuelan, que se pierden en la luz filtrada

por las nubes de este día lluvioso.

¿Escaparé de toda esta realidad opresiva e imponente del café caliente de la mañana o me llevarán de su lado las malvadas criaturas negras de alas que veo

asomarse detrás de las nubes, si me arrojo de este edificio gris mal iluminado? Por no estar sentado en la oficina tecleando en el ordenador datos al programa,

abro la ventana y me parece que vale la pena intentarlo.