"Venganza eterna", Erato

31.10.2013 18:07

En una habitación, una mujer se cepilla el cabello, con ansiedad, sentada delante de una cómoda, frente a un espejo. En el lugar hay una cama con sábanas revueltas y una ventana que da al exterior, con unas cortinas entornadas que dejan entrar, apenas, la luz matinal, y una lejana figura del edificio de enfrente.

 

Mujer. (evidentemente alterada, aumentando la intensidad del cepillado, hablando en voz más alta que lo normal)- Es increíble lo enredado que tengo el pelo, ando tironeando el cepillo para que la cerda se libere de cada mecha, hago tanta fuerza que en cada tirón se me derrama una lágrima que me cosquillea los cachetes, la siento resbalar y después la enjugo con las comisuras de los labios mientras aprieto las muelas para tolerar otra cepillada. Parece estopa, o musgo, o un nudo de cables entremezclados de una instalación a punto de colapsar por la humedad. Bah, no me sorprende, siempre me pasa cuando… (hace una pausa y deja de cepillarse, en un gesto que pareciera humanizarla, para luego retomar con los movimientos del cepillo, esta vez mas lentos y con una expresión más meditada y una voz un poco más suave.): …Iba a decir cuando mato a Esteban. Pero no es tan así, en realidad me sucede cuando vivo una situación de tensión. Ayer fue de esas, tanto así que ni la crema de enjuague arregla esto; voy a probar con un peine fino.

(Hace un silencio y busca sobre la cómoda. Luego de unos segundos, y todavía buscando, retoma lo que decía, esta vez un poco dubitativa): Como decía, ayer coincidió el momento de nerviosismo con la muerte de Esteban. La semana pasada no fue así, lo pude asesinar sin sobresaltos, hubieran visto lo bien que tenía la cabellera, con los bucles intactos, voluminosos; consumé el hecho sin problemas, al igual que el lunes. (Vuelve a tomar el mismo cepillo y recomienza sus movimientos y su tono enérgico del principio): Pero ayer el muy turro alargó las cosas, con pavadas, es cierto, pero las alargó. Primero con esa estupidez de: “usted se confunde”. Hasta le temblaban las piernas al muy hijo de puta mientras gritaba su inocencia. Mirá si yo no lo voy a reconocer…, con todo lo que me hizo sufrir… Tengo en la cabeza guardado el identikit como en una computadora de un servicio de inteligencia. Esos bigotes, los labios marcados, la sonrisa de incisivos desparejos con la que arruinó mi vida. ¿Confundirme? Ojalá pudiera perder la imagen de semejante gusano, olvidarme aunque sea por un rato de esos rasgos malditos que al rememorarlos me lastiman como una rata inmunda que me camina y me mordisquea los ovarios. Él puede hacer lo que quiera para engañarme, como hace un mes, cuando se fue a vivir a esa villa mugrienta rodeado de chicos y de una mujer desmechada que tenía el pelo peor que yo ahora. Gritaban los idiotas cuando me le abalancé empuñando el cuchillo, querían seguir con la parodia.

No tiene forma de camuflarse, yo lo reconozco y lo reconoceré siempre. Con corbata, con overol; podría decir que lo huelo, que el odio me agudizó el olfato de la misma manera que los contratiempos me arruinan el pelo… (en voz más baja, como reconociendo que ha perdido la cordura): ….eso ya lo dije, parezco una loca repitiendo las cosas, pero lo de ayer todavía me tiene exaltada. Por un lado admito que es lógico, que Esteban nunca fue ningún tarado como para permitir que cada vida nueva que emprenda yo se la aniquile así porque sí, sin chistar, sin intentar asirse a alguna de sus tretas malvadas. Pero lo que pasó hace horas lo pinta de cuerpo entero, llegó a hablarme de sus hijos, de la mujer; se atrevió a decirme que jamás me había visto… (Hace un silencio breve y sigue hablando en voz baja, pero subiéndola paulatinamente): Qué increíble, con las cosas que pasamos juntos, mejor dicho, con las que me hizo pasar, y con las veces que lo he liquidado, para luego volver a encontrarlo como a esos hongos que surgen en los rincones… (subiendo la voz mas y más)… y cuando los limpiás se te pegotean en los dedos como se me engancha el cepillo con el que estoy luchando porque no sé donde carajo tengo el peine fino que es con lo único que podría solucionar este desastre… (Llega al máximo de voz y, pegando un tirón más fuerte con el cepillo, se silencia y se aquieta repentinamente unos instantes, mirándose fijamente al espejo. Luego retoma los movimientos y sigue hablando en voz un poco más baja): …Desastre comprensible, diré. Creo que recién ayer me di cuenta de lo que es capaz este tipo con tal de escaparse de mi escarmiento. Por un momento casi lo logra, me mostró fotos con su familia, y hasta documentos… (volviendo al tono enérgico):…Qué imbécil, cómo no me voy a dar cuenta de que es él. Si ya lo he matado quince o veinte veces. Tengo incorporado un radar en el cuerpo, percibo cada vez que revive, cada vez que lo tengo al alcance de la mano. Hoy mismo apenas termine con estos mechones rebeldes preparo lo de mañana. El atorrante resurge cada día más rápido; y yo, para no darle tregua, cada día estoy más afilada. (Hace un silencio sin dejar de cepillarse y retoma en tono más suave, de secreta perversión): Lo acabo de ver por la ventana entrando en la casa de la esquina. Llevaba un portafolios que parecía costoso… (sonriendo por primera vez)… lo único que falta es que se la dé de ejecutivo…

(Poniéndose seria de nuevo, pero sin levantar mucho la voz): …Ya dije, me estoy convirtiendo en una profesional, aunque todavía tengo cosas por aprender, ayer me di cuenta de eso, y mirá el pelo: impresentable. Pero mañana va ser otra cosa, apenas lo tenga frente a mí le pego dos balazos y listo, nada de charla, ni de excusas, ni de trucos. De otra forma no se puede, una no va a pasarse dos horas desenredándose el pelo cada vez que asesina a Esteban.

 

Telón