"Vena plautina", L.D.B.

30.09.2013 11:16

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Nota:

Como yo no opto al premio, síolo participo para compartir, dejad que os haga sonreír JODIENDITO a dos personas reales...

La coordinadora de ASOCIDE CATALUNYA y la que para mí es la mejor intérprete de lengua de signos del mundo mundial.

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SALA DE REUNIONES DEL CREC DE LA ONCE.

ROSA, LAUREYNE, JOANA

ROSA: (Con diligencia). Lo cual significa, dadas las circunstancias, que deberás...

LAUREYNE: (A Joana). Por Pólux, esta mujer se cree que estamos en campaña e intenta convencerme de... algo.

ROSA: (Interrumpiéndose). ¿Dices algo?

LAUREYNE: (Con inocencia). No, por Cástor, sigue, que si no, por Júpiter, no vas a terminar de darme la lata.

ROSA: (Mirando a Joana sin saber qué cara poner). ¿Oyes lo que me está diciendo?

JOANA: Soy intérprete, no sorda.

ROSA: Pues sí, pero, ¿lo has oído bien?

JOANA: Perfectamente.

ROSA: ¿Y qué me ha dicho, por favor?

JOANA: Por favor, Rosa, ¿es que la sorda eres tú? Creía que era ella.

ROSA: (Suspirando). Sí, pero, ¿es que le estoy dando la lata?

JOANA: Lo que le estás dando es el mayor de los disgustos, a juzgar por su expresión.

ROSA: (Con una leve sonrisa). ¿Tú crees? Casi estoy segura que no me está prestando la menor atención.

JOANA: Pues yo te aseguro, por Pólux...

ROSA: (Sorprendida). ¿Por Pólux?

JOANA: Sí, por Pólux o por Cástor o por el Dios que quieras...

ROSA: Pues, por Cástor, que yo no voy a hablar de los Dioses...

JOANA: Pues, por Cástor, que ya lo has hecho.

ROSA: (Atónita). ¡Apolo, sálvame! ¿De verdad lo he hecho?

JOANA: Sí, y lo sigues haciendo.

ROSA: (Desviando la conversación). Bueno, ¿qué es lo que me tienes que asegurar, por Júpiter?

JOANA: Pues, por Júpiter, si así lo deseas, yo te aseguro que se lo estoy interpretando tal como tú lo vas... diciendo.

ROSA: (Mirándola expectante). ¿Por qué te has detenido por un instante?

JOANA: (Señalando a Laureyne con un gesto de la cabeza). Porque creo que para ella está resultando esto un... discurso.

ROSA: (Volviendo a la realidad). ¡Oh, por todos los Dioses inmortales!

JOANA: (Con rapidez). Y por todas las Diosas...

ROSA: Sí, eso también. Pero, dime, por favor, ¿es que le has interpretado esto también?

JOANA: (Ruborizándose). ¿No debía hacerlo?

ROSA: No. Es que... (Se detiene y mira a Laureyne). ¿Y qué estará pensando ahora de mí, por Cástor, Joana? Creía que... Me había olvidado de...

LAUREYNE: (Aparte). Tengo una idea. (Interviniendo). Por Hércules, que vosotras os merecéis la horca.

ROSA: ¡Ay de mí! ¿Ahora quiere llevarme a la horca?

JOANA: Ay de ti no, ay de las dos...

LAUREYNE: O a que os crucifiquen.

JOANA: (A Laureyne). Eso mejor a ti... te deberían dejar hacérmelo.

ROSA: Eso es más doloroso. Prefiero, por Cástor, la horca.

LAUREYNE: Pues ve y que te cuelguen.

ROSA: (Atemorizada). ¿Habla en serio?

JOANA: No sé, pero yo, por Pólux, ni voy a dejar que me crucifiquen, ni que me cuelguen, ni que me lleven a la horca... o sea que...

LAUREYNE: O mejor necesitaríais que os atara de los pies en una cuádriga de caballos y los hiciera galopar...

ROSA: (Asustada). ¿Oyes cómo desvaría? ¿Qué locura le atormenta?

JOANA: No lo sé, pero sería mejor que siguieras con tu charla... antes de que pase de los juramentos a la práctica.

LAUREYNE: (Sin hacerles caso). O, tal vez, deberían ser sus espaldas quienes recibieran una lluvia de azotes...

ROSA: ¡Ay, pobre de mí! Creo que mejor le doy la cara, no sea, por Cástor, que tenga un garrote escondido.

JOANA: (A Laureyne). Te estás volviendo, por Júpiter, muy sádica de repente y, la verdad, yo no tengo demasiado de masoquista, bien lo sabe Venus...

LAUREYNE: (La mira a los ojos). ¿Venus? ¿Esa Diosa escurridiza? ¿La que sólo provoca inundaciones en su propio monte? Por Hércules, te juro que...

JOANA: (Roja). Por favor, Rosa, no sé qué intenciones lleva, pero, por Cástor, háblale de algo...

ROSA: (Intrigada). Déjala seguir.

LAUREYNE: ... acabaré con ella.

ROSA: (Santiguándose). ¡Por Cástor! ¿Está retando a la Diosa del Amor y de la Belleza?

JOANA: Yo no sé qué está haciendo, pero tal vez tiene razón en lo que dice de las inundaciones que provoca Venus...

ROSA: (Interesadísima). ¿Dónde queda el monte de Venus?

JOANA: (Apocada). Supongo que en el Olimpo, ¿no?

ROSA: (Decepcionada). ¿En el Olimpo? Entonces no podré visitarlo jamás.

LAUREYNE: (Con picardía). ¿Quieres, por Hércules, que te lleve al Olimpo a conocer a Venus y su monte?

JOANA: (Le da una colleja). Cállate, anda...

ROSA: (Mirándola estupefacta). Pero, ¿es que también le has interpretado eso?

JOANA: (Con una sonrisa). Me pagas para que interprete... ¿no?

LAUREYNE: (Hablando con la supuesta Diosa). Tú, Venus, locura insaciable, cuando vuelva a estar contigo...

ROSA: (Atónita). Creo, Joana, por todos los Dioses, que está retando terriblemente a la Diosa y nos va a caer una buena desgracia pues, si no la respeta, si no le ofrece sus honores y servicios, Venus no le será propicia...

JOANA: Tal vez se lo es demasiado...

ROSA: (Esperanzada). ¿Tú crees? ¡Oh, Dioses inmortales, os lo suplico, no le hagáis caso a esta niña! Pero, dime, Joana, por favor... ¿estás segura que Venus no se va a molestar con ella?

LAUREYNE: (Con una mueca). Que se moleste y me reclame, si quiere.

ROSA: (A Joana). ¿No puedes dejar de interpretarle? Te juro, por Pólux, que vas a cobrar lo mismo.

JOANA: Es imposible. Creo que Venus le está siendo demasiado propicia, pues, la verdad sea dicha, no puedo detenerme.

ROSA: (Exasperada). ¡Pero es que injuria!

LAUREYNE: (A pleno pulmón). ¡Venus! ¿Quieres que vayamos al Olimpo? Puedo nadar contigo en el manantial de tu monte y...

JOANA: (Sonrojadísima). Rosa, por favor, háblale de algo...

ROSA: (Sorprendida). ¿Te da pudor lo divino?

JOANA: No, si estoy roja por el calor.

ROSA: (Asintiendo). Realmente aquí hace un calor infernal. ¿No estoy roja yo también?

JOANA: Un poco.

ROSA: (Satisfecha). Lo sabía.

LAUREYNE: Y yo sé que quiero comerme a Venus a besos...

ROSA: (Alterándose otra vez). ¡Ay, pobre de nosotras! ¡Primero la reta y ahora... quiere liarse con ella! Venus, Venus... ¡no le hagas caso, por favor!

JOANA: Me temo que la Diosa Venus le hace demasiado...

ROSA: ¡Pues estamos perdidas!

JOANA: Completamente estoy... de acuerdo contigo.

LAUREYNE: Hey, ¿por qué no acabáis ya y me dejáis perderme en la locura que me inspira Venus?

Rosa y JOANA: (A la vez). ¡Por favor!

JOANA: Rosa, por lo que más quieras, sigue dándole la lata.

ROSA: ¿La lata? ¿Qué lata?

JOANA: La que ella mencionaba hace un rato.

ROSA: (Mirando a su alrededor). Creo, por Pólux, que si aquí había una lata... Venus se la ha llevado.

LAUREYNE: (Sin hacerles caso). Voy a llevar a estas cortesanas al pretor...

ROSA: (Boquiabierta). ¿De qué cortesanas está hablando?

JOANA: Pues, como no esté desvariando otra vez, creo que se refiere a nosotras.

ROSA: ¿A nosotras?

JOANA: Sí, a ti y a mí

LAUREYNE: Pues, por Hércules, que se merecen una buena golpiza, pero, ¿dónde estarán mis esclavas? Necesito que vengan a deshacerme de este par de pesadas. (Llamando a gritos a las supuestas esclavas). ¡Rudolfina! ¡Filomena!

ROSA: (Estupefacta). ¿Filomena? ¿Rudolfina?

JOANA: Ni me preguntes, Rosa, por Cástor, que yo tampoco lo sé.

ROSA: Y, dime, por favor, Joana, si lo supieras, ¿me lo aclararías?

JOANA: Y con mucho gusto querría yo saberlo... para decírtelo a ti.

LAUREYNE: (A las supuestas esclavas). ¡Venid de una vez, malvadas! ¿No veis que están torturando a vuestra ama? Me tienen bien agarrada por los pies con grilletes de acero...

ROSA: (Mirando al cielo). ¡Santa Esperanza, te lo suplico, sálvame! (A Joana). Pero, Joana, por favor, ¿de qué habla?

JOANA: De que tiene dos esclavas y dos... cortesanas.

ROSA: Eso lo he entendido muy bien, pero, ¿dónde están?

JOANA: (Señala a Rosa). Aquí hay una. (Se señala a ella). Y aquí está la otra.

ROSA: ¿Yo soy su es...? ¡Imposible! Ha dicho Filomena y Rudolfina...

JOANA: No, Rosa, ésas son las esclavas.. nosotras somos las p... cortesanas.

ROSA: (Santiguándose de nuevo). ¡Por Cástor! ¿Hablas en serio?

JOANA: Tan en serio como que yo... estoy segura.

LAUREYNE: (Aparte). A estas dos se las voy a hacer pasar yo verdes. Ahora voy a imitar la costumbre tan cursi de Plauto cuando habla con las cortesanas. (A Rosa). Rosecita mía, pichoncito mío, bomboncito mío, cariñito mío...

ROSA: (Horrorizada). ¡Ay de mí!

LAUREYNE: (Aparte). Tendré que meter algo de mi cosecha, pues desgastaré las palabras plautinas. (A Rosa). Corazoncito mío, niñita de mis ojitos...

ROSA: (A Joana). ¡Por favor, deténla!

JOANA: (Abrumadísima). ¿Y cómo?

LAUREYNE: (Aparte). Más... todavía más. Esperad y veréis... ¿Qué os habéis creído? (A Rosa). Escucha, estrellita mía, nubecita mía, solecito mío, lunita mía...

JOANA: (A Rosa). ¿Eres suya?

ROSA: Por Cástor, que no es así. Pero, Joana, dime, por favor, ¿qué es lo que habéis tomado en el bar para que se haya trastornado así?

JOANA: A mí... ni me preguntes.

LAUREYNE: (Aparte). Esperad, esperad... que no acaba aquí la cosa. (A Rosa). Dulcecito mío, hoy fui a un burdel y...

ROSA: (A Joana). ¡Pobre de mí! ¿Es que te ha llevado a un burdel?

JOANA: Ojalá... pudiera matarla ahora mismo.

LAUREYNE: (Sin hacerles caso). Había una meretriz más hermosa, tesorito mío... y... (Aparte). Ojalá reventéis las dos de vergüenza.

JOANA: (A Laureyne). Y... eso no nos importa.

LAUREYNE: (Aparte). A esta perra de mujer le voy a dar yo sabroso hueso que, por Hércules, cuando quiera hacerse con él... se lo quitaré de delante. (A Joana). ¿Por qué me importunas? Tú estuviste conmigo en el burdel y tú sabes que aquella divinidad era Venus en persona...

JOANA: (Con la boca abierta). ¿Que yo... qué, grandísima loca?

LAUREYNE: (Aparte). Locas os voy a volver yo a vosotras, condenadas, que me tenéis hace dos horas con un rollo interminable. (A Joana). ¿Lo niegas?

JOANA: Por favor, Laureyne, dime, ¿estás bien de la cabeza? Hemos estado en una cafetería, no en un burdel.

LAUREYNE: (Aparte). Ahora las enfrento yo. (A Rosa). Rosecita mía, amorcito mío... ¿no es cierto que apestamos a perfume ésta (Señala a Joana y seguidamente se señala a ella). y yo? Pues todo se debe al aroma que había en el burdel...

ROSA: (A Joana). ¿Debo creerla?

JOANA: ¿Y tú qué crees? Claro que no, por Pólux. Ha perdido el juicio de repente.

LAUREYNE: (Aparte). El juicio os voy a hacer perder yo... a vosotras. (A Rosa). Encanto de mujercita, linda y hermosa Rosecita, ¿no es cierto que en un burdel se bebe vino añejo?

ROSA: (Secándose el sudor de la frente). Dile, por favor, Joana, que yo no he estado jamás en un burdel ni ganas.

JOANA: (A Laureyne). Ni Rosa ha estado en un sitio semejante... ni yo tampoco.

LAUREYNE: (Aparte). ¿Qué tal si ahora las hago temblar un poco? (Fingiendo un diálogo con la Diosa Venus). ¿Cómo? ¿Eres tú, Venus, la que me está susurrando?

JOANA: (Con una sonrisa involuntaria). Sobre todo susurrando.

ROSA: (Mirando temerosa a su alrededor). No te rías, Joana, por favor, pues puede estar aquí Venus.

JOANA: De que esté aquí... no lo dudo y, por Pólux, bastante inquieta.

ROSA: (Santiguándose). ¡No quieran los Dioses que esté furiosa y nos caiga una desgracia!

JOANA: A mí me gustaría...

ROSA: ¿Qué?

JOANA: ... que estuviera más tranquila.

LAUREYNE: (Aparte). ¡Vamos, imaginación! Debemos ridiculizarlas a las dos... ¡Se merecen un buen escarmiento después de toda la lata que me han dado! (A la supuesta Venus). ¿Qué dices, Venus? ¿De verdad quieres que las haga mías? Pero, Venus...

ROSA: (Mirando hacia todas partes buscando una salida). Joana, Joana... escúchame, por Pólux, esta mujer nos va a violar.

JOANA: (Aguantando la risa). Sí, y yo quisiera... que dejara de decir barbaridades.

LAUREYNE: (Aparte). Aquí ya empieza a arder la cosa. ¡Cómo tiemblan las dos! Me estoy consumiendo de la risa... Seguiré fingiendo. (A Venus). ¿Y con quién debo empezar, Venus?

ROSA: Ay... ¡qué miedo! Si realmente está hablando con Venus, Joana, te lo juro yo por el Dios que quieras, estamos perdidas... ¡tan fuerte es el poder de la Diosa!

JOANA: Yo quisiera...

ROSA: (Temblando). ¿Qué?

JOANA: ... que se calle de una puta vez.

LAUREYNE: (Aparte). La que está peor es Rosa. Bien, pues a por ella vamos... (A la supuesta Diosa). Sí, Venus... empezaré por ella.

ROSA: (Con un hilo de voz). ¿Quién es ella?

LAUREYNE: (Aparte). Se va a desmayar. Seguiré, pues, hasta que me dejen marchar. ¡Esto es la gerra de las Galias! (A Venus). Sí, Venus, pero... ¿crees que Rosa estará preparada para tanto?

ROSA: (Apoyándose contra la pared). ¡Ay de mí!

JOANA: (Mirándola). ¿Te sientes bien?

ROSA: No, creo, por Cástor, que saldré a tomar aire. Me estoy muriendo aquí dentro.

LAUREYNE: (Aparte). No quiero que se vaya ella, sino que me dejen marchar a mí. (A Venus). Ahora empiezo, Venus, pues tus instrucciones son órdenes para mí... Quiero decir, tus deseos deben ser cumplidos siempre al pie de la letra...

ROSA: (Palidísima). ¿Crees que habla en serio?

JOANA: (Dudando). No lo sé, pero...

LAUREYNE: (Aparte). Bien, ahora haré ademán de acercarme a ella. Supongo que Joana me detendrá. (Dando un paso hacia Rosa). Perdicita mía, conejito mío, ardillita mía, habichuela mía...

JOANA: (Atrayéndola contra sí). ¿Dónde vas?

LAUREYNE: (Aparte). Lo sabía. (A Joana). ¿Por qué no te cuelgas? Deja de importunarme.

ROSA: (Suplicante). ¡Sí, por favor, Joana, no la dejes acercarse a mí! ¡Me tiembla todo, pobre de mí! ¡Estoy perdida! ¡Es tan difícil detener a alguien que se cree que está haciendo lo que un Dios o una Diosa le pide!

LAUREYNE: (Aparte). ¡Mira cómo tiebla este pollito! Le seguiré metiendo el miedo en el cuerpo y sumiré a Joana en una confusión total. (A joana). Por favor, déjame acercarme a ella. No será la primera vez.

JOANA: (Boquiabierta). ¿No será... qué?

ROSA: (Desesperada). ¡Oh, por Júpiter Supremo, Joana, no te lo creas!

LAUREYNE: (Intentando soltarse). Pues que ya estuve con ella otras veces.

JOANA: (Soltándola). Eso no lo sabía yo.

ROSA: (Horrorizada). ¡Mercurio, sálvame! (A Joana). Por favor, profesora mía...

JOANA: (La mira). ¿Profesora mía? ¿Es que ahora tú también vas a empezar como ella?

ROSA: El miedo me hace decir barbaridades, pero, por favor, sujétala... (Viendo a Laureyne acercarse a ella). ¡Sujétala, que sus ojos destellan de... no sé yo de qué!

LAUREYNE: (Dando un paso más). ¡Tus deseos son órdenes para mí, Venus!

JOANA: (Cogiéndola de nuevo). ¡Espera!

LAUREYNE: (Aparte). ¡Bravo! Pero, ¿estas viejas perras no me van a dejar marchar? ¡Serán malvadas! (A Joana). Suéltame.

JOANA: No quiero... eso.

LAUREYNE: (Aparte). Hablaré con Apolo, a ver si así también ella siente el miedo y me deja marcharme. (Al Dios Apolo). ¡Oh, Apolo! ¿Qué me estás pidiendo? ¿Que descuartice a Joana?

JOANA: (De piedra). ¿A mí?

ROSA: (Asustada). ¿A ti?

LAUREYNE: (Aparte). Rápido. O digo una barbaridad bien grande o de aquí no me iré. (Al Dios Apolo). ¡Estoy recibiendo tu energía y tu fuerza! Ahora mismo la derribaré de un solo puñetazo... ¡Vaya, si le voy a dar tremenda zurra! ¡Ya siento mis músculos endurecerse! ¡Qué ganas de dar golpes, Apolo!

JOANA: (Soltándola). ¡No es necesario! (A Rosa). ¡Qué fuertes se le están poniendo los brazos! Es mejor que nos alejemos de ella... mientras sienta esta locura.

ROSA: (Corriendo hacia la puerta). ¡Tienes razón!

JOANA: ¿A dónde vas?

ROSA: ¡A salvar mi pellejo y tú harías bien de hacer lo mismo si te aprecias lo suficiente! (Sale).

LAUREYNE: (Suspirando). ¿Ya se marchó? Sí, parece que ya se fue...

JOANA: (Sorprendida por el cambio de tono). ¿Acaso has hecho teatro para ahuyentarla?

LAUREYNE: (Sonríe). Sí, y para hacerte huir también a ti, de ser posible.

JOANA: (Le da una colleja). Le has metido el miedo en el cuerpo y a mí también. Casi salgo corriendo y te quedas sin mí...

LAUREYNE: ¿Sin ti? Ni que te tuviera.

JOANA: Bueno, ya me has entendido. Que un poco más y te quedas sin intérprete. Pero, Laureyne, por favor, ¿qué finalidad tenías?

LAUREYNE: (Con ironía). Vencer al enemigo político... Demasiado discurso me dio que ya temí que me fuera a hacer dormir con ella para seguir contándome todo ese rollo... (Cambia de tono). Bueno, ¿vamos a... tomar algo?