"Vagabundo de la soledad", Bibliotecaria de la vida

16.05.2014 12:16

 

Tengo todo y no tengo nada, tengo mis ideas y nada en posesión
más lo tengo todo porque vivo en sociedad rodeada de gente
pero desdeño la compañía del dolor y me encierro en mi interior
porque el ser humano me ha lacerado con su indiferencia
guerras, golpes, abusos, actos carentes de sapiencia.

Porque la carestía del que no tiene nada poco importa al empresario
el carnicero juega con la vida del débil, lo tasajea y lo vente por pedido,
el consumidor adquiere carne de dolor, sangre de expiración.
El proxeneta se gana el pan con un cuerpo ajeno de mujer
y con niños y niñas, vicios no comenzados ayer.

Y eso me irrita, que nadie vea más allá de su propio egoísmo
quien tiene hijos en vez de trabajo los usa para ganar dinero
son sus alcancías, los explota y se cree su dueño por ser su padre
una vez, alguien dijo que no se podía comparar adoptar y engendrar
porque un bebé se tiene con amor y el otro se adquiere por elección.

Pero, ¿de dónde se saca el valor de un ser humano, de su cuna?
porque esos mendigos que piden limosna son fruto del vientre materno
y quien adopta lo hace porque su cuerpo no puede procrear naturalmente.
Nadie es bueno y malo por tener una familia, lo sé porque carezco de ella,
tampoco tengo patria porque el ondear de un lábaro no me calienta el alma
porque vaya donde vaya soy una sombra, porque nadie aquí ni allá me nota.

Sé hablar pero no lo hago en voz alta, mis ideas danzan siempre en la cabeza
más no las comparto porque lastimo la burbuja donde duerme el ser vivo
no hablo con ellos de guerras, sangre, explotación, discriminación ni violencia
aunque todos estemos hasta el cuello de estos problemas día a día y noche a noche.
Pero los ignoran para no angustiarse y a mí me dicen fracasado, negativo, cobarde
por exiliarme a posta del mundo si es que no puedo ayudarlo desde adentro.

Vago por aquí y por allá, tengo casa física más no mental,
lloro en silencio ante el dolor de las presas de la impunidad
del huérfano que se va dormir sin cenar y que cuando despierte
solo podrá desayunar en la calle del frío viento matinal
y sin espabilar, de una noche con su cuerpo por cobija
presa de su amo que lo explota cuando tiene la oportunidad.

Veo la cara del animal de la calle, presa del hambre y la indiferencia
el que no pidió nacer y nació, el que deseaba amor y no lo encontró
abandonado a su suerte, víctima del egoísmo de un humano sin corazón.
Mira a su hermano encadenado a la azotea y lo envidia por tener un techo
sin saber que éste añora la libertad de en la calle no cargar fierro en el cuello.

Veo a las mujeres mayores trabajar arduamente aún cuando no tienen fuerza
venden dulces que nadie quiere, riegan flores que se marchitan, cigarros que matan,
no pueden hacer más porque nadie las mantiene, remiendan su ropa para protegerse
y tras ver en su rostro las arrugas del dolor solo decimos “al menos soy joven”.
Pero esa ilusión es engañosa, mañana estaremos ahí encorvados y enjutos
cambiando lo que sea por monedas, por medicinas, por comida, nada de lujos.

El hombre minusválido que pide limosna, que exhibe su pierna amputada
es blanco de miradas llenas de morbo y lástima pero no se hace nada
porque al dar una moneda un día calmas el hambre por un minuto
y veinticuatro horas después te preguntas por qué sigue pidiendo más.
Un minúsculo acto de bondad y pareciera que somos ángeles piadosos
siempre olvidando que el mendigar es un acto bochornoso.

La cara del niño anémico que va a la escuela sin probar bocado
pero es prioridad estudiar, llenarse la mente de ideas y la panza de aire.
Porque el éxito es el alimento de los soberbios, aunque vacía tengan el alma
el niño es el sueño del padre, a través de ellos proyectan lo que no hicieron
sus triunfos se los atribuyen si merecerlos, sus fracasos dignos de ser olvidados.

Todo eso me hizo partir una vez y no volver a ser como era
el coraje que me causa la indiferencia y las injusticias del diario
me vaciaron el corazón de sentimientos amables por mis hermanos
en cada cara veo un enemigo y en cada casa una vida lastimera
no comparto sus anhelos, ni sus metas, no coincido con sus vidas
porque mis oídos están cansados del habla cargada de mentiras.

Soy errante, hablo poco y en ocasiones bastante,
no soy consistente en mi discurso y no tengo un punto
solo aprovecho para explicar por qué me veo como desertor
de quien de forma hueca, se obstina por ser triunfador.
La más grande virtud es la bondad la empatía y la justicia,
cuando hayan estos temas sobre la mesa acudiré con prisa.

Y finalmente he de emerger de la tierra estéril donde me he refugiado  
confiando de nuevo en el ser humano que haya ya reflexionado,
porque mis sufrimientos son los tuyos también y lo has notado
pero en ocasiones te es más fácil girar el rostro al otro lado.
Sé que lloras por lo mismo que yo y desde tu trinchera
te amotinas para empezar juntos una nueva era.