"Tengo derecho a mi fiesta", Bob Esponja

10.04.2014 10:52

Me llamo Rubén y trabajo en el Ikea de San Sebastián de los Reyes ¡Qué bien!, pensaran ustedes, ¡IKEA!, una empresa moderna, seria, competente, que seguro no acusa los efectos de la crisis. ¡Menuda bicoca!

Pues no, para mí de bicoca nada. Y no me malinterpreten, no me voy a quejar aquí ni de la Empresa, ni del trabajo que desempeño, ni de mis compañeros. No. Yo de lo que me quejo es de que  a causa de trabajar donde trabajo, cuando estoy de vacaciones no puedo desconectar.

Caras de perplejidad, lo intuyo. ¿Qué dice este tío?, se preguntarán. Pues digo lo que digo, y aún lo repito: que cuando estoy de vacaciones no puedo desconectar del trabajo porque el universo Ikea lo impregna todo.

Así ocurre que cuando llegó a ese hotelito con encanto o a esa casa rural, ahí, en el saloncito, nada más entrar ¡toma! La primera en la frente: el sillón Ektorp en Brunflo rojo, Lingherm marrón claro o benkligne blanco. Y lo peor no es eso ¡qué va! Lo peor son mis acompañantes que al ver aquello los muy cachondos parecen alegrarse y me dicen risueños, ¡mira, del Ikea!  Y yo me pregunto: ¿le doy un codazo yo a mi amigo Rober que trabaja de mecánico en la Renault cada vez que veo un Laguna? Pues no. Pues eso.

Y luego está esa gente que al enterarse que trabajas en el Ikea te abordan para que les aconsejes sobre textil, iluminación o complementos. Y menos mal que con el tiempo voy aprendiendo y rápidamente les remito a la página web. Pero aun así siempre esta esa señora que dice no entender ni papa de ordenadores y que insiste en saber si la mesilla Aspelund blanca que hay en su cuarto la hay en otro color  y con qué tipo de cómoda la podría combinar. Se debe pensar la buena señora que yo estoy de vacaciones  solo para que ella redecore su casa. Nos ha jodido Mayo con las flores...Y porque soy un tío educado (requisito imprescindible para superar el proceso de selección) pero una cosa os digo, cualquier día voy a coger lo primero que tenga a mano (seguramente una silla  Inglof ) y la cosa va a acabar como el rosario de la Aurora.

Ahora, para mí el peor momento del día es el desayuno. Van bajando todos y lo primero que hacen es buscarme con la mirada. Yo intento encogerme en mi silla Bertil  como para evitar ese comentario, que inevitablemente llega a mis oídos: ¡Joder macho qué mal he dormido! Son esas almohadas del Ikea, que no me hago a ellas. No sé si me ha tocado la de dormir de lado, de espalda o bocabajo, pero tengo el cuello.... Y el colchón, ¿lo has mirado? El tuyo no lo sé pero el mío fijo que era de los chungos. ¿A qué sí? Y el que ha dormido mal porque ha dormido mal y el que ha dormido bien porque quiere que le dé la referencia de ese colchón tan estupendo. Y yo ahí agarrado a mi taza Dinera (9,99 € la unidad) y aguantando marea,  que hasta que  no les mando a todos a tomar por culo no paran. Y encima luego dicen que tengo muy mal despertar. Hay que joderse.... mal despertar.

Y no hay sitio donde esconderse. Si salgo afuera me espera la tumbona Äplarö, o la hamaca Hallö. Es como una pesadilla, de verdad, y esos nombres, que un día voy a acabar mordiéndome la lengua. Y sí, ya sé, ya sé, hay otros sitios, hoteles con muebles de diseño, o  tradicional...pero no es fácil dar con ellos y a veces superan mi presupuesto. Además tampoco es cuestión de preguntar al hacer la reserva donde compran el mobiliario. Pensarían entonces  que estoy “pallá”. Y de eso nada, lo que pasa es que ya no puedo estar más harto.

Por eso, porque yo también tengo derecho a mi fiesta he decidido una cosa: mis próximas vacaciones no me iré a sitio alguno y  las pasaré en el Ikea de “Sanse”. Llegaré prontito  en  la mañana y tranquilamente me tomaré un café, o dos, (te puedes tomar los que quieras aunque solo pagues el primero) Luego deambularé por toda la exposición, me sentaré aquí o allí, comeré el menú noruego ese de albóndigas o salmón y a la tarde otro cafecito, y varias visitas por las distintas secciones. A última hora solo me quedará hacer un poco de footing por el almacén y a las diez cuando cierren me iré a casa mientras el ruido de los aviones al despegar retumba sobre mi cabeza. ¿A  dónde  demonios irán?