"Sorpresa", Carmesina

26.09.2013 10:00

 


En la penumbra de la calle atisbaba todos sus movimientos a través de la ventana. Corregía los exámenes que había realizado aquella mañana.

Su mano izquierda sostenía perezosa la frente mientras levantaba el flequillo rebelde. La derecha corregía, bolígrafo rojo en mano, con rapidez. Cuando tenía que girar la página, la mano izquierda, presurosa, abandonaba su función de reposa-ideas para ágilmente volver la hoja.

La miraba entre sueños, como si una especie de neblina difuminara su hermoso perfil de diosa, que se recortaba contra la pared del fondo del salón. El reloj de pared no cesaba de tocar la danza de las horas y ella no cejaba en su empeño de tener las notas para el día siguiente.

La había advertido, le había dicho que aquella noche era muy importante en sus vidas, pero ella, como las demás, no le había hecho caso. Con una dulce sonrisa en sus labios carnosos le había pedido que esperara al día siguiente que era viernes.

Del pantalón vaquero ajustado, sacó una llave, se acercó a la puerta, abrió y entró al vestíbulo.

Al oir el chirrido de la puerta, ella se levantó gozosa de la silla y, corriendo, se dirigió hasta la entrada. Añoraba fundirse en sus brazos y en su boca, descansar la cabeza sobre su hombro y compartir la añoranza que la había invadido durante todo el día. Vislumbró su figura, a través de la luz lunar que penetraba por la puerta aún abierta. Abrió la boca en una sonrisa franca y se abalanzó sobre él. Antes de llegar tropezó con algo que detuvo su carrera y fulminó su alegría.


Al día siguiente Amparo, la vecina, la encontró en el umbral de la casa, acurrucada en un charco de sangre.