"Soñando contigo", Vexy Prentiss

17.12.2013 09:38

Amor mío:

Anoche, mientras dormía, pude sentir la pálida caricia de unos labios rozando mi boca, y sí; en ese momento supe que tú habías regresado para apoderarte nuevamente de cada rincón de mis pensamientos. ¿Sabes?  Ese dulce roce me recordó el primer momento en que te vi, hace ya tanto tiempo. En esa época, yo no me sentía como un ser humano. El dolor del pasado me había reducido a un borroso recuerdo de mi antiguo ser, ese que todavía creía en la existencia de bondad dentro de cada ser humano. Más que a vivir, me dedicaba a desperdiciar mis días en la búsqueda, de un paraíso, real o artificial, que me hiciera sentir por primera vez el calor del hogar que nunca tuve.

Creí que jamás hallaría un rayo de luz creado especialmente para mí, y entonces, la gracia del destino quiso que me topara con dos bellos relámpagos azules, que al instante impactaron en mi corazón. No parecías haber salido de una película de Hollywood, ¿y a quién le importaba? Dentro de tus ojos pude ver mucha dulzura, pero también un poco de esa melancolía que guardan todos los espíritus sensibles. Entonces, supe que después de haber caminado por el desierto, finalmente había encontrado un hogar entre tus brazos.

 Gracias a ti pude conocer esa embriagadora alegría que otorga el contradecir a los demás, y me pude olvidar por un momento de la pesada carga de remordimientos que venían destrozando mi espalda desde hace tiempo.

Sí, discutí contigo en varias ocasiones. Sin detenernos a pensarlo, dejamos que los demonios de los demás se metieran dentro de nuestras mentes,  sembrando dudas sobre la pureza de nuestros sentimientos.

Esas horas fueron negras, pero bien valieron la pena a cambio de todas nuestras aventuras. Sin buscar justificación alguna, simplemente tomaba tu mano, y como una niña pequeña, dejaba que tú me guiaras hacia nuevos universos; distantes planetas de luz donde nadie juzgaba  los sentimientos de los demás.

No me arrepiento de todo lo que viví contigo, aunque hay una cosa que sí me duele. Sé que  en su momento debí de haber  cruzado medio mundo hasta encontrarme de nuevo tus ojos azules en cualquier  calle europea, sellando para siempre con un beso nuestro pacto de amor. Pero tú sabes que fui una cobarde, y dejé que los prejuicios de los demás me encerraran en una helada prisión, lejos del calor de tu cuerpo.

Sé que esa es mi condena, pero no pierdo la esperanza de escapar un día, y que seas tú, y no tu recuerdo, el que recorra mi cuerpo en esas largas noches sin luna.

Mientras tanto…seguiré soñando contigo. ¿Qué otro camino me queda?

Con toneladas de besos hacia el cielo

La que siempre te tendrá en sus pensamientos.