"Sobre los extraños", Pantera

26.09.2013 09:59

 

 

Hay un extraño en casa.
Un extraño que, por las noches, entra y lo revuelve todo. Toca, deja sus huellas en las mesas de las paredes, entre las musas del piano y de las sartenes, cuelga un póster de “Taxi driver” en color azul, imprime su presencia en los ladrillos rojos, fríos, ahogadas bocas entre el cemento.
Hay un extraño en casa que entra sin hacer ruido.
Mueve la llave, la gira, la baila, y accede al piso. Pisadas de manteca amarilla (o mantequilla).
Yo permanezco en cama con el cabello temblando de miedo.
Con el pijama. Sin querer moverme porque, precisamente, hay un extraño en casa.
Noto cómo su sombra barre todo el pasillo, cubriéndolo de suelas de zapatillas Nike blancas, oliéndole desde mis sábanas (¿té con hielo? ¿tabaco negro? Luego del cigarrillo, olor a pedales y a bicicleta).
No puedo salir de casa.
Hay un intruso que abre las alacenas y engulle sin tragar pedazos de pan.
Al día siguiente, observo mi casa violada, la cocina mutilada (sin brazos, sin vino).
La puerta, cerrada.
Esta noche volverá.
Le gusta esta comida, le gusta este cobijo contra la marea de la calle.
Está hecho de sueños al revés, de almohadas con hormigas y de muelas picadas. De manos con arañas. Lo escucho a través de las paredes y lo siento en la nuca, soplándome sutilmente mientras cocino una sopa fría.
Sufriré insomnio potencial agarrada al cabecero. El intruso ocupará la vida por la noche, meciéndose en el sofá, leyendo, comiendo pan.
Así convivimos ambos.
Ahora voy a barrer lo que ensució ayer.
Confío en que él haga lo mismo conmigo.