"Sirena", Madison Alexander

15.07.2013 17:03

Había salido a tierra firme en búsqueda de un amor y encontró calvario y desazón. Se infatuó del príncipe equivocado, de aquellos príncipes color sombra que se tildan de azul. Miles de lágrimas lloró encrespando el mar del cual provenía. Sin remedio se frustró y su corazón comandó retornar al océano para perder su tristeza infinita en la lejanía. Inundó sus pies con el agua salada y la luna le dio la bienvenida:

-Princesa del mar y de las derivas, aquí tu alma encontrará el olvido, el deseo y la alegría.

Ella se quitó las ropas que cubrían su alma herida y saltó a las heladas aguas, mientras sus piernas se convertían en una aleta con escamas multicolor, como los del arcoíris que brilla en lo alto del manto estelar al cesar la lluvia. Nadó por las corrientes hasta llegar a su ciudad de hielo bajo el agua, justo debajo de la inmensa capa antártica. Su llanto dimitió al admirar las estelas de burbujas que los peces dejaban en su camino, rodeándola, dándole la bienvenida. Era la princesa más querida, la más amada y la más venerada. Los tritones, las algas, las ballenas, guardianas del balance, y los leones marinos, danzaban plenos y felices al derredor. La reina Calipso, su madre, abrió los brazos y la recibió llenándola de calidez. Su mundo era totalmente distinto al de los humanos que tanto la lastimaron. Ahí nadie conocía de maldad, la pobreza o el pesar. Todo era vasto, reluciente y maravilloso. El ciclo de la vida transcurría sin problemas. Cada quien sabía su posición y su hora de muerte, y se entregaba a ella con gusto y aceptación. No existían clases sociales ni las barreras fronterizas. Las corrientes manchaban a sus ritmos y fluían sin impedimentos. Sayrin, la princesa, miró a su madre, quien le regaló un beso en la frente.

-Mi querida niña de mirada templada, ¿qué no ves que ellos no saben que tú eras demasiado divina para su tierra árida y ufana?

-Pero madre, yo amaba al príncipe más de lo que el hielo ama al frío, y me siento devastada, profundamente lastimada, con corazón lleno de hastío.

-Eso no importa porque ya te encuentras con los tuyos y tu reino será la salvación para tu corazón y tu alma, tan libre, fuerte y hermosa como los campos de corales rodeados de vida, de paz y de calma.

-¿Y cómo hago para que mi ser se desprenda de su presencia, cuando todo me dicta que no podré continuar, que estoy devastada, que ya nada es normal con su ausencia?

-No te angusties y mejor mira lo que tienes alrededor. Aquí todo es luz, todo es alegría y te pertenece, tu vida volverá a llenarse, mi amor.

Y así es como termina esta historia de la sirena que pisó la tierra creyendo que era mejor que el mar que adoraba, y se dio cuenta de que lo que se tiene y se aprecia, vale más que una vida de anhelos y desaciertos en una llanura abrasada.