"Shacmo"

30.12.2014 11:03

Hacía varios meses que Warren soñaba con una joven rubia, de ojos azules y cuerpo casi perfecto. No se cruzaban palabra alguna durante estos encuentros oníricos, pero había algo en aquella mirada.

Jhon Warren: médico genetista se recibió en la Universidad de Massachussets. De elevada estatura, corpulento y mirada penetrante, piel blanca y pelo castaño, ojos pardos en un rostro inquisidor que más parecía agente de Scootlan-Yard que otra cosa.

El viejo reloj de pared del comedor daba cinco campanadas, ya el doctor estaba listo para partir hacia el aeropuerto donde abordaría el Boeing para viajar a Menphis, Estado de Tennessee.

Las hojas del otoño se arremolinaban con el viento, y una música se oía entre el follaje del ciprés.

El avión despegó a las 8:40 AM para descender en Menphis aquella mañana 15 de noviembre de 2012. Del aeropuerto a la Universidad en taxi a esa hora ,20 minutos.

Allí daría una conferencia sobre clonación a un grupo de recién graduados en la especialidad.

Warren llevaba 15 minutos tratando de tomar un taxi sin ninguna suerte.

Un claxon a su espalda lo hizo volverse. Una mano de mujer y un rostro sonriente lo llamaban.

-¡Apúrese doctor Warren! O llegará tarde a su conferencia.

Asombrado subió al auto sin saber aún quién era la mujer que lo trataba tan familiarmente.

¿Cómo sabe mi nombre y profesión?- le preguntó.

Ella respondió encogiéndose de hombros.

Warren fijó su mirada en la mujer con la que tanto había soñado, ahora de carne y huesos.

Un profundo silencio se instaló entre ambos, al fin fue roto por el doctor al notar que el auto se detenía frente a la vivienda 665+1.

-¿Dónde estamos?

-En mi casa.

-Pero yo…

- Lo invito a tomar un café.

- Sus alumnos pueden esperar.

Dudó un instante si entrar o no en aquella casa gótica.

La rubia lo llevó hasta un pequeño salón, con la promesa de regresar enseguida se internó en la casa. Él se sentó en un butacón, amplio y oscuro, en el que su cuerpo se hundió como en un agujero. Volvió desnuda con una bombonera de plata en la mano.

-Si no te importa – dijo ella- traje una jalea de café, e inmediatamente comenzó a untársela por todo el cuerpo. Pruébala, es buena.

El doctor Warren recorrió con su lengua todo el cuerpo en un éxtasis indescriptible.

 

 

Él se había vestido después de un baño. Ella completamente desnuda le sonreía desde su lecho.

Como si adivinase su pensamiento le dijo:

-No me pondré ropa hasta que te vayas, pero antes te haré una advertencia: si me oyes silbar cayendo la noche- dijo con voz seca.

Warren tuvo la sensación de que esta no era la misma mujer que horas antes le diera tanto placer. El rostro se le alargaba.

-Sal por la puerta del fondo antes de que llegue el otro.

Jhon Warren preguntó con voz temblorosa.

-¿Quién es el otro…? Y ella respondió.

-El otro es el otro.

Un violento empujón lo hizo correr hasta el fondo de la casa para volver al instante.

-La puerta está tapiada- dijo en el colmo de la desesperación, pues ella ya no estaba sola. Ahora era una Shacmo que quemaba con sus silbidos las cortinas y muebles de la casa.

-¿Tapiada?, claro que tapiada.