“¿Quieres jugar conmigo?”, Arthur D.

17.10.2014 10:51

Odiaba trabajar hasta tarde. Era siempre la última en salir y nunca se quejaba. Pero parte del desprecio de trabajar tarde era porque, secretamente, el quinto piso del hotel le resultaba tenebroso. La duela falsa rechinaba, las oxidadas bisagras de las puertas rechinaban, las sillas ejecutivas de cuero gastado rechinaban. Tan solo con saber lo que las otras personas que trabajaron ahí habían visto...

Mientras avanzaba por el angosto pasillo del quinto piso pobremente iluminado, recordó lo que le habían dicho la semana pasada sobre risas infantiles que venían del área de producción, pasos como si niños jugaran en el pasillo y algo o alguien tocando las puertas de todo el piso ejecutivo.

Ivone continuó caminando hasta una puerta de aluminio y cristal, que dividía la sección de huéspedes del despacho de la empresa. Insertó su llave y la giró sin problema. Un detector electrónico anunció su llegada con dos cortos "beps".

“Cuando llegué a media noche, juraría que vi cruzar a alguien de un lado a otro del pasillo. Saludé pensando que pudiera ser algún compañero pero nadie me contestó. Y cuando seguí trabajando una hora después escuché claramente una risa que venía de la otra habitación, fui, abrí la puerta y no había nada. Ni siquiera una rata para echarle la culpa. Así que mejor agarré mis cosas y salí de ahí.” – recordó Ivone que le había contado Carlos hace unos días.

La anécdota le dio un escalofrío que recorrió su espalda. Sospechosa de no estar sola, saludó al aire - ¿hola? – con un volumen casi inaudible, excepto para la niña.

Nadie contestó. Y eso la alivió un poco.

Siguió caminando por el pasillo, cruzó la sala de espera, dio vuelta en la tercera puerta la izquierda del pasillo, empujó la puerta de cristal ahumado y entró al cuarto acondicionado como oficina. Encendió la luz, dejó su bolso en la mesa a lado de unas tarjetas de presentación que leían “Clara Ivone Dorén - Copywriter” y se sentó en su silla ejecutiva. Se reclinó por un instante mientras soltaba un suspiro antes de decidirse por fin a encender la computadora. Presionó el botón de encendido pero la máquina dictó que no era buena idea arrancar, Ivone no se percató de la niña debajo de su escritorio. Ivone levantó una ceja y decidió aventurarse debajo del escritorio para identificar el problema. Vio que el cable de alimentación estaba desconectado, nada más. – Debió ser la señora de la limpieza al pasar la escoba - pensó. Al reconectar el cable, la computadora regresó a la vida con un suave zumbido.

Y entonces escuchó pasos. Tres pasos.

Lo primero que vino a su mente era ¿quién podría ser? Pero luego el terror se adueñó de ella cuando lo obvio superó a la lógica. ¿Cómo es que solo escuchó tres pasos y cómo era posible que el control electrónico de la puerta no sonara al abrirse? Era la única entrada.

Giró la cabeza hacia la puerta y vio una borrosa y pequeña silueta humana detrás del cristal ahumado de la puerta. Un zumbido en forma de miedo paralizante le llegó al cerebro, se mareó un poco ante el asombro y el terror.

La luz parpadeó y luego no había nada.

La niña es real, - pensó - acabo de verla.

Sus pensamientos llegaban a ella en cámara lenta mientras trataba de recobrar el control de su cuerpo. Y cuando finalmente pudo moverse, agarró su bolso y precavidamente abrió la puerta para salir. Se asomó para verificar que no hubiera nadie. El pasillo seguía oscuro, indiferente de lo que estaba a punto de ocurrir.

Ivone salió de la habitación y caminó temerosa por el pasillo, llegó al lobby sin dejar de mirar por encima del hombro. Giró la perilla de la puerta. Al abrirla sonó el "beep-beep" electrónico. El pasillo frente a ella le parecía aún más oscuro y largo que cuando llegó. Al final un pequeño numerito rojo marcaba que el elevador seguía estacionado en el quinto piso y que solo tenía que llegar hasta ahí, presionar un botón y salir.

La pequeña luz al final del túnel, pensó.

Ivone caminó despacio, apoyando las manos en la pared. Aceleró sus pasos a como se acercaba a las metálicas puertas del elevador, esta vez, sin atreverse a mirar atrás.

beep-beep

Giró la cabeza repentinamente con el corazón en la boca y un nudo en la garganta solo para darse cuenta que nadie había abierto esa puerta, y que nada estaba detrás de ella.

Pero escuchó una risueña risa infantil.

A este punto Ivone corrió los metros restantes hasta el elevador y al detenerse de golpe contra las puertas metálicas del elevador comenzó frenéticamente a presionar el botón como si esto acelerara el proceso de apertura. Las puertas se movían lentamente, iluminando poco a poco el pasillo, asesinando la oscuridad temporalmente. Ivone entró desesperadamente y sin esperar un instante presionó el botón para cerrar las puertas. Estas obedecieron y al cerrarse sintió que los pasos, las risas, los sonidos electrónicos de puertas al no abrirse habían quedado atrás. Presionó el botón con la letra “L”, que estaba más gastado que todos los demás. Ivone sintió el movimiento y comenzó a bajar. El tablero electrónico marcaba los pisos desde el 5.

Piso 4. Ivone se miró en los espejos del ascensor y se dio cuenta que tenía el rímel hasta las mejillas. No se percató en ningún momento que ya estaba llorando.

Piso 3. Buscó en su bolso un pañuelo y se lo llevó a la cara para limpiarse el rostro.

Piso 2. Mientras trataba de limpiarse las lágrimas negras las luces parpadearon un par de veces, Ivone dejó de respirar por un momento.

Piso 1. Paralizada por la expectativa, Ivone giró los ojos hacia arriba, hacia las luces para asegurarse que no fallaran o parpadearan de nuevo. –Dios, que no parpadeen – rezó Ivone en silencio.

Lobby. Las puertas del elevador se abrieron por fin acompañado del conocido “ping” que anuncia su llegada. Ivone sonrió.

Pero la sonrisa se transformó en espanto mientras Ivone miraba a través del umbral del ascensor. Dio un par de pasos hacia atrás hasta que su espalda tocó la esquina y se deslizó hasta sentarse. Se acurrucó con los brazos alrededor de las rodillas. Como cuando un niño intenta sofocar un llanto, toma aire y falla completamente.

El oscuro pasillo frente a ella era del Piso 5.

Con los ojos cerrados fuertemente, ella buscaba el valor para tratar de salir de ahí. Intentó obtener fuerzas para, al menos durante un instante, ponerse de pie y bajar (o escapar) por las escaleras. Ya no quería usar el elevador.

El ruido de algo cayendo a la falsa duela de madera en el pasillo la sobresaltó. Un plumón rodó por el suelo hacia ella hasta perder inercia.

La curiosidad venció al miedo e Ivone abrió los ojos. La luz del elevador era lo suficientemente intensa como para hacer visible el plumón, rojo como la sangre. Ella lo reconoció. Era uno de esos plumones de agua que se usan para pizarrón blanco. Esos plumones están en su oficina.

Con mucho esfuerzo Ivone se puso de pie, dispuesta a ignorar el plumón rojo, dar la vuelta para escapar por las escaleras. Las puertas del elevador se cerraron y con ello, la luz que ofrecía un pequeño confort desapareció. Un súbito terror envolvió a Ivone cuando todo a su alrededor quedó en completa oscuridad. Estiraba sus brazos al frente intentando localizar el barandal de las escaleras y usarlos de guías para descender. La oscuridad era casi tangible. No era tanto la falta de luz, sino la presencia de esta oscuridad extraña lo que la paralizaba de miedo.

Pero encontró el barandal, y sin detenerse un momento comenzó a bajar uno a uno los escalones completamente a ciegas. Es una escalera de caracol amplia. El barandal es de madera gruesa, sin adornos y barnizada. Ivone contaba cada piso. Sentía que cada piso se hacía más oscuro. Ni siquiera las ventanas mostraban el más mínimo destello de la noche.

La lalala la lalala.

La voz de la niña la detuvo en seco antes de poner pie en el primer piso. Las lágrimas de terror se deslizaban en el rostro de Ivone, esta vez, hasta el mentón. Si pudiera verse, su rostro sería sólo un vestigio de mujer.

Ji ji ji.

Y más risas. Parecía venir justo debajo de ella. Frente a ella. Atrás. Ivone solo quería salir de ahí. Y siguió bajando.

Ivone perdió la cuenta de cuántos pisos había bajado ya. Algo no estaba bien, pensó ella. Debió de llegar al lobby hacía 2 pisos ya. El miedo, acompañado de paranoia y esa terrible oscuridad la llevó a comprobar por medio del elevador en qué piso estaba. A tientas encontró la pared y se fue moviendo hasta tocar una superficie fría. Buscó el botón del elevador y este abrió sus puertas. La luz blanca la cegó por un momento en lo que sus ojos se adaptaban al repentino exceso de luz. El indicador del elevador marcaba 5.

- no no nononono – repitió Ivone tratando de entender qué pasaba. Preguntándose por qué a ella. Sus labios le temblaban, sintió que no podía sostenerse más y cayó sentada en con un golpe seco frente a las puertas abiertas del elevador, dándole la espalda a la oscuridad. Su silueta proyectaba una sombra que se alargaba a través del pasillo hasta donde tocaba la luz.

Se soltó a llorar en silencio y desconsolada. Por miedo, de no poder salir, de no saber qué estaba pasando. De los 3 años que había tenido que trabajar de noche, nunca había visto, ni sentido que algo estuviera mal. Lloró por no entender.

Algo le llamó su atención.

A un costado de ella el plumón rojo seguía inerte, pero estaba sobre una hoja de papel blanca. Tenía algo escrito.

Levantó el plumón, y después la hoja de papel para verla mejor con la luz proveniente del elevador.

qiErEs juEgar comigo ? ?    ?

Estaba escrito en plumón rojo. Con faltas de ortografía. Parecía escrito por un niño.

Ivone arrugó el papel en forma de bola y lo aventó hacia la oscuridad del pasillo. La bolita de papel rodó fuera de su vista.

- ¡NO! ¡No quiero jugar contigo! ¡Déjame en paz! – le reclamó a la oscuridad.

La bolita de papel arrugado le cayó en la cabeza.

Ivone torció la boca en un reflejo de terror y sorpresa. Poco a poco levantó la mirada hasta el techo. Ella la miraba.

Una niña de vestido azul estaba de pie en el techo, ignorando las leyes de la gravedad. Su cabello largo caía hacia arriba. La niña levantó la mirada también. Sus ojos eran negros y su piel pálida. La niña esbozó una sonrisa y sin abrir la boca dijo en una voz con un temible eco espectral - ¿Quieres juegar comigo? –

La niña comenzó a llorar un líquido negro y espeso que escurrió hacia arriba, cruzando por sus cejas y convergiendo en su frente. La sonrisa se hizo más amplia. Abrió la boca en un gesto tétrico y espantoso como si fuera a decir algo, pero no tenía lengua. El líquido viscoso goteó encima de Ivone y las gotas le cayeron en la mejilla mientras ella aún miraba al techo, mezclándose con su rímel, sus lágrimas y su miedo.

- Si… está bien… - dijo Ivone con una voz quebrada, bañada en resignación – voy a jugar contigo.

- Quieres juegar comigo – repitió la niña, pero ya no era una pregunta.

Ping sonó el elevador. Ivone se sobresaltó por el suave sonido y regresó la mirada al elevador. Las puertas intentaron cerrarse pero su bolso detuvo las puertas y volvieron a abrirse. Ivone regresó la mirada al techo y ya no había nada.

El pasillo comenzó a iluminarse muy poco a poco. Pasó de ser una oscuridad completa a una iluminación tenue. Podía ver el pasillo, la puerta de cristal al fondo, podía ver las escaleras.

Ping las puertas intentaron cerrarse sin éxito de nuevo.

Ivone se puso de pie aún muy nerviosa, pálida, abatida y completamente exhausta. Sentía un gran peso en la espalda. Pero de alguna forma sabía que lo que sea que había estado acechándola, ya no estaba. Así que movió su bolso de las puertas y entró al elevador.

Su mirada se fijó en el indicador del piso. 5.

4.

3.

2.

1.

L

Las puertas se abrieron y pudo ver la recepción, y detrás de la recepción, el restaurante. Ivone estaba completamente en shock, no sonrió ni hizo ninguna mueca. Salió del hotel a pasos agigantados y sin detenerse. Ni siquiera escuchó a la recepcionista preguntándole si estaba bien.

 

EPILOGO

Mientras se secaba el cabello con la toalla, encendió la televisión. No le importaba lo que estuvieran pasando, solo quería escuchar ruido, algo que matara el silencio. Se dispuso a acostarse y se durmió muy rápido, con la lámpara encendida y la televisión en una película de acción.

La superficie de la cama se hundió a un lado de Ivone por la presencia invisible de algo que parecía ser una niña.