"Quién da más", K. Dáver

10.01.2014 16:48

 

 

Los he citado para esta reunión porque, como ustedes conocen, se acerca la Jornada del Educador. Sospecho que muchos papás ya andan pensando: ¿qué le regalaré a la profesora guía este año? Les confieso que me oprime el alma ver a los alumnos entrar a la escuela el 22 de diciembre con regalos de todo tipo, escogidos, comprados, envueltos y empaquetados en sus casas por ustedes según su libre albedrío, lo que trae como consecuencia que los muchachos, inocentemente, comparen el grado de calidad, tamaño y costo de sus agasajos. Ese triste espectáculo pasará a la historia, y no precisamente la que yo imparto a sus hijos.

Me explico: el pasado año el 52,77 % del colectivo, o sea, 19 estudiantes, se aparecieron con jabones de tocador. Eso, por un lado, tuvo sus ventajas, porque todavía el Día de las Madres me estaba bañando con alguno, pero por otra parte me vi afectada en un rubro que casi no tuvieron en cuenta: el champú, porque el pomito de 330 mililitros que me obsequiaron no me llegó ni al Día de los Enamorados.

Algo parecido sucedió con la sábana camera que me compró una mamá, pues es de las que venden sin su respectivo juego de fundas. Resultado: no combina con ninguna de las que poseo, y me las veo negras para lograr un ambiente agradable para el imprescindible horario de sueño.

Culmino con otro caso paradigmático: los perfumes. ¡Ya estoy hasta aquí del Pétalo!, el de la caja con florecitas que vale tres cincuenta… ¡no se me acaba ni aunque mi perra de vez en cuando coja lo suyo! ¡Nada menos que el 16,11 % de los estudiantes se asomaron con uno, existiendo más de una veintena de fragancias de producción nacional en nuestras tiendas!

¡Señores, hay que organizarse! Para eso entre ustedes hay dos dirigentes del Poder Popular, un presidente de cooperativa, tres administradores y dos federadas destacadas. No estaría de más —y cuenten de parte mía con toda la información que se requiera— elaborar un estudio de mi demanda interna, poniendo especial énfasis en la planificación financiera de ciertos productos que requiero este año, léase pintura de uñas, blúmeres (color entero, por favor), un par de sandalias de suela de corcho, un tinte caoba claro (en Ultra hay) y una botella de salsa de soya, a ver si en Navidad le preparo un pollo a la barbacoa a mi marido.

La última reunión que convoqué fue la de la compra de los dos ventiladores para el aula —eso fue hace siete meses… ya hay uno que ni gira—. Por eso no recuerdo bien el rostro del papá que me regaló el televisor, pero me veo precisada a comentarle, con muchísima pena, que me salió más malo… vaya, que ahora se le fastidió el tubo de pantalla, y no sé si él tendría la delicadeza de conseguirme otro, quién mejor… Otro tubo digo, ¡sería incapaz de exigirle un nuevo aparato!

Hablé de planificación, una categoría consustancial a nuestro modelo económico que por no aplicarse como se debió en los países de Europa del Este trajo aparejado que se derrumbara aquello y que a partir de entonces me agregaran dos horas más de clase semanales para explicar el porqué. Pero no es a la planificación mayorista a la que me referí ahorita, sino a la que se nos impone hacer en nuestros hogares. ¿Cómo idearla organizadamente? Eso lo resuelven ustedes, previo análisis con los padres del grupo de al lado, con quienes me reuniré mañana. Pero háganlo ya, para que no los coja el finalismo cubano. Las proporciones y cantidades apropiadas es decisión vuestra, en modo alguno piensen que los estoy presionando.

¡Ah, lo olvidaba! Debo darles una excelente noticia: ¡mi hija tiene dos meses de embarazo y ya está en función de reunir la canastilla! Todavía no se sabe si es hembra o macho, pero eso es lo de menos, porque los cochecitos son unisex. Eso sí, nada de comprármelo caro… tampoco barato, que es para mi nieto.

A ver, ¿qué dice aquella mamá del fondo?… ¿Cómo que me va a mandar con su hijo el día 22 una junta para que me cierre bien la tapa de los sesos? ¿Qué le pasa a esta?… ¡Déjenla, déjenla que se vaya!… Caballero, ¡el tacto y la educación que yo he insuflado a este encuentro y miren a esa mujer con qué perreta se baja!… La verdad es que no sé a qué vino; fíjense que en la jornada del pasado año lo único que me regaló fue un libro con un título espantoso: Ética y pedagogía… a mí, que poca falta me hace, pues llevo más de dos décadas de graduada.