"Perrito Sin Nombre", Ariel

26.11.2013 12:03

 

En la casa de la esquina, luego de varios meses de espera, nacieron cuatro perritos, cada uno más bonito que el otro. Sus dueños decidieron ponerles nombre, y luego regalarlos a sus amigos más cercanos.

El primero fue llamado Manchita, porque tenía una graciosa pinta blanca en la panza amarillenta. Al segundo le nombraron Capitán Botas, porque cada pata estaba teñida de un color distinto: negro, marrón, blanco, y carmelita muy claro. Llamaron al tercero Pirata, porque tenía un ojo todo negro. El cuarto cachorro era un perrito normal. No tenía manchas, ni boticas de pelo, ni un ojo particular. Era un cachorro como cualquier otro. Por eso, los dueños decidieron no ponerle un nombre.

Manchita fue a vivir con unos señores muy ricos en una ciudad muy cara. A Capitán Botas se lo llevó una ancianita que se sentía sola. Pirata tuvo la suerte de ser comprado por un capitán de un barco famoso.

Pero nadie quiso a aquel Perrito Sin Nombre. Por eso, Perrito sin Nombre siempre estaba triste y no había aprendido ni siquiera a ladrar así: jau, jau, jau, que es la forma en que todos los perritos saben decir “te quiero”. Su mamá le decía que tuviera paciencia, pues algún día iba a llegar una persona que de verdad le encontraría un nombre: uno que fuera solo para él. Fue entonces que pasó por la casa de la esquina, de casualidad, una niña rubia y pecosa que buscaba un amigo. Perrito Sin Nombre la vio, y como se sentía tan solitario le movió la cola. La niña –que se llamaba Irene- le sonrió de vuelta.

  • Me llamo Irene –dijo-, ¿y tú?
  • Yo no tengo un nombre- ladró el Perrito por primera vez en su vida.
  • Bueno, eso tenemos que resolverlo. A ver… a ver… te llamaré Cariñito, porque eres el perro más lindo y más dulce de todo el mundo.

Irene cargó a Cariñito entre los brazos y se lo llevó a su casa.

  • Ahora sí soy feliz –ladró el antiguo Perrito sin Nombre como despedida, mientras movía la cola al compás de la risa de Irene.

2 de junio de 2013