Otra realidad

27.10.2014 17:28

Como la mayoría de ustedes ya saben, aunque muchos, se nieguen a admitirlo, existen otras dimensiones o realidades que, evidentemente, la mayoría de nosotros somos incapaces de percibir. Sin embargo, muchos son los testimonios de personas que han visto esos otros universos, o al menos, han visto seres que desde el otro lado, consiguieron cruzar a este.

 

Ustedes les conocerán con el nombre de fantasmas, demonios, e incluso, dependiendo de su apariencia, como gnomos o hadas. En definitiva, son muchos los tipos habitantes que nos han visitado, y la falta de cohesión, ha desvirtuado los testimonios de los afortunados testigos de estos encuentros.

 

Se tiende a desprestigiar sus relatos, no solo por ser inverosímiles, sino también por falta de uniformidad en las criaturas descritas. Pero acaso, si alienígenas visitaran nuestro planeta y describiera cada uno de ellos un animal de nuestra fauna, ¿no pensarían lo mismo de ellos? La torpeza del ser humano, no tiene límites, y renuncia al conocimiento de tan valiosa información bajo el pretexto de ser fiel al criterio de la razón. Pero, ¿acaso no iba contra la razón pensar que la tierra giraba alrededor del sol y no justo al contrario? En nuestros días, la ciencia, se ha convertido en la nueva Inquisición. Estigmatiza a personas que no piensan según su doctrina, y pienso, que en este punto, no pueden dejar de estar de acuerdo conmigo. ¿Cuánta gente ha guardado silencio para no ser acusado de "hereje científico"? Sin esos prejuicios, el número de testimonios sobre contactos con universos paralelos se vería incrementado exponencialmente. Y, por tanto, las investigaciones que trabajan en este campo, habrían avanzado mucho más rápidamente de lo que lo han hecho.

 

Aunque no haya hecho mención hasta ahora a ello, como habrán podido ya imaginar, investigo los contactos con otras realidades. Vulgarmente, esta ciencia, ha recibido nombres tales como espiritismo u ocultismo, sin embargo, yo me referiré a ella como dimensionismo. Ya que los anteriores, me parecen, no solo vejatorios sino también, erróneos a todas luces.

 

Mis investigaciones, en realidad, ya se encuentran en un estado muy avanzado. He sido capaz de aclarar el origen del fenómeno. Que, para ser breve en mi exposición, haré una analogía entre las diferentes dimensiones y el funcionamiento de la televisión. Cada uno de estos mundos paralelos, equivaldría a una cadena de televisión. Todas emitirían simultáneamente, pero el espectador, solo podría ver una de ellas en cada momento. En el caso del ser humano, está programado para poder captar solamente nuestra realidad. Pero, entonces, ¿qué ocurre con los videntes y espiritistas? Siguiendo la analogía, estas personas, poseen en su cerebro un mando a distancia que les permite cambiar de canal.

 

Sin embargo, la realidad suele tener más inconvenientes que la teoría. Comprobé con desesperación que la práctica totalidad de los espiritistas que se prestaron a mis experimentos, eran simples charlatanes, y las escasas excepciones, no eran capaces de controlar su don. Me creía perdido en esta búsqueda de lo increíble, hasta que finalmente, mi suerte cambio.

 

Cierto día, me encontraba visitando mi buen amigo, el doctor Martín, en su consulta, cuando algo llamó mi atención. Casi no podía creerlo, pero efectivamente, tenía ante mis ojos la posible solución al problema que me ocupaba. Encima de su mesa, entre sus papeles, estaban los resultados de un encefalograma de uno de sus pacientes. A simple vista, parecía igual a los demás que tenía sobre la mesa, pero observándolo detenidamente, podía apreciarse que las frecuencias de las ondas cerebrales de aquel individuo no eran normales. Aquel paciente tenía una frecuencia por debajo de lo normal. Me abalance sobre la mesa y cogí aquel informe.

 

-¿Quién es este paciente? - dije con voz ansiosa. -¿Qué tiene de especial?

 

El doctor Martín, quedó sorprendido, mirándome fijamente durante unos segundos. - ¿A qué te refieres? No tiene nada de especial, se trata de un caso de sonambulismo, simplemente eso.

 

-¿Quieres decir, que su única dolencia, es ser sonámbulo? ¿Tan solo eso? – mi voz se llegó a quebrar al pronunciar la última palabra, mi grado de excitación iba en aumento.

 

-Sí, sí, tan solo padece de sonambulismo. ¿Qué te ocurre? ¿Te encuentras bien? – su voz sonaba preocupada.

 

Al oír su respuesta, finalmente me desplome en una silla mientras murmuraba palabras inconexas que ni siquiera puedo recordar.

 

Cuando me tranquilicé, convine con el doctor Martín que me enviaría a todos los pacientes que padecieran de sonambulismo a mi laboratorio, para hacerles unas pruebas. Tras una veintena de pacientes, los resultados fueron exactamente los esperados. Las ondas cerebrales de los pacientes, cambiaban al entrar en la fase de sueño en la que se convertían en sonámbulos. Siguiendo la analogía anteriormente descrita, cambiaban de canal. Visitaban otras realidades que más adelante intentaban describirme, no sin esfuerzo, ya que el cerebro no está preparado para retener información de frecuencias ajenas a las normales. Pero aun así, obtuve valiosísima información.

 

El paso siguiente, y lógico, fue construir un dispositivo que hiciera cambiar las frecuencias de proceso del cerebro humano. Todo este trabajo me llevó meses, pero finalmente estaba convencido de que el inductor de frecuencias cerebrales funcionaba perfectamente. Había llegado el momento de probarlo.

 

Estaba sentado en mi sillón, jugueteando nerviosamente con mis llaves, cuando finalmente sonó el timbre. Me levanté de un salto y casi corrí hasta la puerta. Abrí sin preguntar quien llamaba. Dejé la puerta entreabierta y me quedé escuchando los pasos que subían por la escalera. Sinceramente, nunca había sido consciente del número de escalones hasta aquella tarde. Finalmente, vi aparecer al doctor Martín al torcer el rellano.

 

-Querido amigo! – exclamé con gran entusiasmo. Inmediatamente, me percaté de que quizá mi entusiasmo fuera desmedido, más teniendo en cuenta, que el doctor Martín no era todavía conocedor del tema que nos ocupaba. Simplemente, le había pedido que me echara una mano en un proyecto en el que estaba trabajando.

 

-Hola, ¿Qué tal? ¿Te encuentras bien? Te noto muy alterado. – me respondió con voz cordial.

 

-Sí, sí, es solo que he estado trabajando mucho últimamente. Pero pasa, y te lo contaré todo. – hice un ademán con el brazo indicándole que pasara. El doctor Martín ya había llegado al final de la escalera en aquel momento.

 

Nos serví un whisky que tenía reservado para alguna ocasión especial, y le di una copa al doctor. Se quedó mirando la copa largo tiempo y luego dio un buen trago.

 

-El proyecto que te traes entre manos, debe ser muy importante. Esta botella de whisky llevaba muchos años en la estantería, cogiendo polvo. – Rió al terminar la frase, echó otro trago y añadió – Sea lo que sea, me alegro, probar este whisky hará que valga la pena. – Volvió a reír, esta vez con una estruendosa carcajada.

 

- En realidad eso espero. Si tenemos éxito con este experimento, puede reportarme incluso un premio Nobel. Verás – me eché hacia delante en el sillón antes de continuar mi exposición. -Creo que he conseguido fabricar una máquina para poder ver mundos paralelos al nuestro, pero para probarla, necesito tu ayuda. – Esta vez adopté un tono más serio de lo habitual al desvelarle mi propósito al doctor Martín. Debía ser consciente de la seriedad del experimento.

 

-¡Cielos! ¡Eso que me cuentas es increíble! Pues puedes contar con mi colaboración, evidentemente. Pero dime, ¿para qué necesitas mi ayuda? – También su tono se volvió serio, además dejaba entrever una evidente curiosidad.

 

-Necesito que me coloques los electrodos y que controles la máquina mientras yo esté en trance, por llamarlo de algún modo. La máquina está programada para interferir en mis ondas cerebrales durante media hora, y durante ese tiempo deberás monitorizar mis constantes vitales. – Le expliqué someramente. Dados sus conocimientos médicos, no requería de explicaciones más detalladas. Asintió con la cabeza un par de veces mientras le explicaba su cometido. – ¡Estupendo! Pongámonos en marcha pues. – Me incorporé de mi sillón dando un salto.

 

Una vez hubimos comprobado todo el equipo, llegó el gran momento. El doctor Martín, encendió la máquina. Al principio, me produjo un punzante dolor de cabeza. Mi visión se volvió borrosa, lo cual agudizaba más si cabe el dolor, así que, finalmente cerré los ojos. Tras un par de minutos, el dolor desapareció. Respiré aliviado, aunque, por otra parte, quizá la máquina hubiera dejado de funcionar. Así que decidí abrir los ojos.

 

Todo a mí alrededor había cambiado, me encontraba en medio de un bosque, en plena noche. A primera vista, era un bosque como cualquier otro que yo hubiera visitado. Eché a andar en cualquier dirección, estaba completamente perdido y no importaba mucho qué camino tomar. Tras unos cinco minutos de paseo, llegué al final del bosque. Delante de mí, apareció una granja. Y justo en el centro, podía distinguirse una casa iluminada con antorchas. Decidí acercarme con sigilo a la casa, andando medio en cuchillas a lo largo de la valla del ganado. Cuando pasé cerca de una de las reses, que me daba la espalda, debió de oírme, entonces, dio media vuelta y comenzó a gruñir. No sabría decir exactamente que era aquel animal. En cierto modo, recordaba a una vaca. Pero evidentemente su cabeza no tenía nada que ver. Carecía de cuernos, y su cara era ancha y plana. La nariz, se asemejaba más a la de un cerdo, y de su boca sobresalían dos imponentes colmillos que terminaban de dar al conjunto, un aspecto feroz y sobrecogedor.

 

Entonces oí unos pasos acercándose. Me di la vuelta y me encontré frente a frente con una especie de trol. Su presencia era imponente, debía medir aproximadamente dos metros y medio de altura. Su espalda era ancha y sus enormes brazos, amenazaban con golpearme mientras gritaba en una lengua, que yo no era capaz de comprender. Mientras lo contemplaba, pensaba en que todos aquellos mitos eran ciertos, que yo había sido capaz de construir un camino para visitar aquel mundo, que para la mayoría de la gente, era de fantasía. Me encontraba ante aquel ser, y en lugar de sentir miedo, me estaba regodeando de mi éxito. Sin embargo, el primer golpe que lanzó el trol sobre mí, me devolvió a la realidad. Comencé a sangrar abundantemente por la nariz y salí volando igual que una hoja al ser empujada por el viento. Aquel trol tenía una fuerza inusitada. Sin duda, yo no era rival para aquella bestia. Solo la astucia me haría salir vivo de aquel encuentro.

 

Me quedé tendido en el suelo, inmóvil, esperando a que el trol se acercara. Había localizado un trozo de madera bastante afilado cerca de mí. El trol, se quedó junto a mí por unos segundos, inmóvil, como estudiándome. Quizá nunca hubiera visto a un ser humano. Mientras lo hacía, visualicé mi próximo movimiento, el cual, definiría la suerte de aquel singular combate.

 

De un salto, avancé los dos metros que me separaban de aquel leño, que haría las veces de estaca. El trol sorprendido, tardó en reaccionar un segundo. Aquella duda, fue su perdición. Clavé la estaca por encima de su estómago. Inmediatamente, cayó tendido al suelo, gritando de dolor.

 

Comencé a correr, sin destino alguno, incluso creo que el nerviosismo, me llevó a correr en círculos. Todo aquello, se estaba convirtiendo en una pesadilla. Después de todo, tal vez, no había sido tan buena idea cruzar a este lado. Finalmente, me senté debajo de un gran árbol, con la espalda apoyada en su tronco. Intenté calmarme y pensar con más claridad. Caí en la cuenta de que el experimento, había sido programado con una duración de media hora, y si no me fallaban los cálculos, debían faltar unos diez minutos para que finalizara. Por tanto, me acomodé mejor junto al árbol, y decidí esperar pacientemente a que transcurriera el tiempo.

 

Por fin, comencé a sentir otra vez aquel dolor punzante en la cabeza. Como la primera vez, cerré los ojos e intente relajarme hasta que desapareciera. La espera, se hacía eterna, pero al menos, podía abandonar aquella pesadilla, al menos, por esta noche. En mi próxima expedición, estaría más preparado, una vez que ya conocía lo que me esperaba.

 

El dolor de cabeza desapareció. Estaba preparado para volver a nuestra realidad. Este sábado, daría una gran fiesta, al fin y al cabo, el experimento había sido todo un éxito.

 

-¡¡Martín!! ¡¡No lo vas a creer!! ¡¡Ha sido increíble!! – le grité a mi amigo al tiempo que abría los ojos.

 

Quedé desolado, la habitación, parecía haber sido víctima de un saqueo. Había material de laboratorio esparcido por todas partes, entonces fue cuando encontré al doctor Martín tumbado en el suelo, boca arriba y con unas tijeras clavadas por encima de su estómago.

 

No pude contener mis lágrimas. Aquel experimento, se había convertido en una tragedia. Una tragedia que nunca podría olvidar y de la que, sabía, nunca podría volver a recuperarme. Tras pensarlo tan solo unos segundos. Comencé a escribir esta nota, donde dejo constancia de todo lo sucedido hasta llegar a esta fatídica tarde, y a través de la cual, no pretendo pedir perdón, ni ser perdonado. Sé perfectamente, que mis acciones no lo merecen, y yo mismo, tampoco seré capaz de perdonarme. Así que he decidido aplicarme la peor condena que se puede aplicar a un ser humano. Cuando termine de escribir esta nota. Volveré a conectarme a la máquina, pero esta vez por tiempo indefinido. Y viviré lo que me reste de vida, atrapado en aquel mundo de horror, hasta que alguno de los peligros que acechan tras la falsa paz de los sueños acabe con mi vida.