"Matar", Neptzeus

26.09.2013 09:58

 

 

Durante toda la noche el calor pegajoso de la habitación inundó sus pulmones y su piel. Su respiración dificultosa le hacía revolverse en un sudor incesante que recorría todo su cuerpo.
Una ligera sábana le cubría en una vieja cama de madera instalada en el cuartucho de la pensión en la que se había hospedado.
Le había costado mucho conciliar el primer sueño. Pero ahora sumergido por Morfeo en las alas de la inconciencia, tuvo tiempo de recrear sus más temibles pesadillas.
Las huellas de sangre que conducían al cuarto de baño, le hizo temer lo peor.
Durante todo el día las voces se habían hecho con su voluntad y como un desafortunado ex – fumador, el mono de matar estaba en sus venas.
Le hubiese gustado arrancarse el cerebro y así poner en el olvido y vomitar el terrible mecanismo que hacía que las voces se arremolinaran más y más como un badajo incesante golpeando una campana que hacía que sus neuronas se revolviesen en un ictus de corto-circuito.
La sangre del cuarto de baño: en los azulejos, en la cortina, en el suelo; pero no había nadie, el cuerpo del que provenía esa sangre había desaparecido.
Sin embargo el rostro de una adolescente rondaba sus pensamientos, y tenía la certeza de que algo terrible, monstruoso había vuelto a suceder.
Giró varias veces sobre sí mismo en la pequeña cama que hacía que su cuerpo fuese aún más enorme de lo que ya era de por sí mismo. Unos gritos, llantos, un forcejeo, le volvían a acosar en su sueño que para entonces ya era muy dificultoso. Se despertó de un sobresalto e intentó recordar si había vuelto a matar. Intentó entender que le decía el sueño. Por qué toda aquella sangre en un cuartucho de baño.
Se levantó para intentar tomar aliento y se dirigió al wáter. Un espejo en la pared le recordó en el rostro una profunda cicatriz y una juventud aún adolescente.
Intentar suicidarse no servía de nada, llamar a la policía era algo impensable. Matar era su único aliento, su manera de sobrevivir a las voces; pero sabía que tarde o temprano todo acabaría. ¿Por qué no hacerlo ya?
Volvió a mirarse en el espejo, volvió a recordar su cicatriz, la de hoy, la nueva.
Volvió a su pequeña cama para un cuerpo tan descomunal e intentó dormir.
Le pidió nuevamente a Dios por los muertos de su desesperación y supo que pronto cometería una nueva locura.