"Manolito y sus cascabelitos", El abuelito de Heidi

06.10.2013 20:50

La escenificación se desarrolla en el salón del teatro erótico de Barcelona, en uno de los intermedios de los posados eróticos, para que la gente se eche unas risas y libere su estrés de manera más o menos libertina.

El escenario consta del interior de un piso (principalmente el comedor y un baño muy blanco), y el descansillo de la escalera.

El protagonista es el sex-symbol del salón erótico, Manolito, un muchacho musculoso, muy bien dotado, guapo a rabiar, pero que para esta uniescena sale disfrazado de mozo pueblerino, de unos 18 años, con gomina a lo flequillo para delante, gorra bien encajada, pantalones de pana, y unas gafas de los años 60. La otra protagonista es la sexi woman del año, pero en este caso disfrazada de hada madrina, con un corpiño blanco y rojo que deja entrever toda su escultural figura, y sobre todo el canalillo y la mitad de los pezones (la otra mitad y el tanga de cuero a imaginación del público).

(Aparece Manolito en escena. Había esperado el mejor momento, cuando llega la noche y todo duerme, para traspasar el umbral de lo conocido y dirigirse hacia la puerta del baño, la puerta que le llevaría al honor y la gloria. En el interior reina un silencio sepulcral, roto tan solo por la respiración de su cuerpo, un excitado cuerpo pecaminoso).

Manolito: Hoy es el día, (dándole vueltas a la gorra nervioso), de hoy no pasa de que me haga un hombrecito, hecho y derecho, como decía mi abuelo, con pelos en el pecho.

Se va dirigiendo poco a poco a la taza del water, mientras va sacando una foto de su querida vecinita del quinto, una joven rubia de cabellos sedosos sin cuerpo de atleta, vamos lo que familiarmente se conoce como, todo culo y todo tetas, y como decía su padre, se percató de que aquello no eran pechos, eran tetazas.

Una extenuante lucha se desarrolla en su interior, pero había tomado ya una determinación, su hada madrina estaba equivocada, esta sería su noche, la tan ansiada noche de un primerizo. Faltaba lo más importante de los prolegómenos, una sensual música ambiente que acompañara el ritmo de su muñeca, así que haciendo caso de los sabios consejos de su abuelo (gran sabio su abuelo, y mejor jugador, campeón del Teto y la Piragua), se había hecho unas pulseras y un collar de cascabelitos.

Manolito se dirige hacia la taza, el blanco trono, con los calzones a la altura más baja de sus piernas (enseñando al público su durito culito), con la foto de la vecinita, puestas las pulseras y el collar de cascabelitos.

Finalmente Manolito se sienta en la taza al revés, ofreciendo al público la rabadilla de su culete, y se intuye que comienza a tocarse, con ligeros aspavientos, y empieza el primer recital de su vida, con su tótem de la fertilidad de protagonista.

Entonces, entre una densa bruma, aparece la espectacular figura del hada madrina.

Hada madrina: Manolito, Manolito, recuerda lo que siempre te he dicho, “Si a la zambomba das, ciego te quedarás “. Ostia!, que estás haciendo Manolito. Ehhhhh! (grita el hada sexi), eso que tienes entre las manos es… es… un Gran Palo, un Paaalo, un peazo de Paaalo . Joder con el Palito de Manolito.

 

Pero Manolito ya no está por la labor de escuchar al hada madrina; su cuerpo a mitad del recital, goza, y acaba siendo una auténtica explosión de sentimientos encontrados, una invasión de hormonas reprimidas que, con un último y eléctrico espasmo, dan paso a la más dulce relajación jamás experimentada. Gotas de sudor impregnan su cuerpo. Se echa hacia atrás moviendo el cuello, sonidos de cascabelitos y gemidos por igual inundan la escena. Dando un último suspiro y henchido de gozo, abre sus ojos; había sido una experiencia homérica.

(Un fuerte grito resuena en el ambiente; de pronto las luces se atenúan de manera que la escena expresa que Manolito no puede ver, pero los espectadores de la sala pueden seguir vislumbrando entre sombras la escena).

Manolito: ¡Ahhhhhhh!, no veo, (cierra los ojos y vuelve a abrirlos), no puedo ver nada.

(Se levanta, su cuerpo tiembla).

Manolito: El hada, el hada tenía más razón que un santo, el Señor me ha castigado por toqueteos pecaminosos. Tengo que salir, tengo que buscar ayuda.

(Manolito avanza despacio, con los pantalones por los tobillos, las manos y la minga por delante)

Nota: Al ser un espectáculo solo erótico, la luz se ha bajado de tal manera que la minga se puede intuir (28 cm, ¡vamos! para NO intuirla), pero no puede verse realmente.

Hada: Ya te lo decía yo que… ¡joder Manolito! El palote sigue sin bajarse; vamos a tener que poner remedio antes que al Señor le coja envidia, ehhh… digo, antes de que se enfade más.

El hada madrina saca un pequeño látigo de cuero y va persiguiendo a Manolito por la estancia dándole pequeños azotes en las nalgas, cosa que hace que Manolito se ponga aún mas “calentito”, el hada no tiene más remedio que dejar de azotarle.

(Con el esfuerzo, al hada se le salen los pechotes, aunque no se pueden llegar a ver, sí que se pueden llegar a intuir. Sale huyendo avergonzada).

Palpando Manolito va abriéndose paso hacia el comedor, va notando las sillas, la mesa, los dientes de la abuela, el anillo vibrador del abuelo, el sofá, el…)

(Un lastimero y a la vez placentero gemido seguido de un largo aullido inunda en ese momento la escena)

( La escena muestra como Manolito, palpando, palpando, se ha acercado más de la cuenta a Didi, el perrito de la familia, de manera que lo ha pillado despistado, y vamos, no hay otra manera de definirlo, acaban de perder ambos la virginidad, el perrito acaba de ser empalado sin alevosía pero con nocturnidad ).

(En esta escena, surge la figura del extra; el perrito empalado realmente, aunque el público no se pueda dar cuenta, es de peluche, al ser envestido cae delante del sofá, en un ángulo muerto para los espectadores, entonces en ese momento de debajo del sofá sale el Didi verdadero, un perrito enseñado para este tipo de uniescenas; la escena pasa con mucha rapidez y nadie en el público nota el cambio).

Nota: No al maltrato animal.

(El perrito Didi sale huyendo y se acerca a los espectadores más cercanos, y abre los ojos como platos).

Didi: Guau… guau… guau

(que traducido a nuestro idioma nos está diciendo que cree que acaba de ser violado por el fantasma de Scooby doo).

(De repente se oyen pisadas en la escalera, pisadas que van aumentando su sonido, que muestran que alguien sube).

Manolito: Estoy salvado, siento pisadas, vienen directas hacia aquí, siento un tintineo de llaves, voces, es… es… mi abuelo, mi héroe, mi salvador, mi… siento también a mi vecinita, mi musa, mi sexi girl…

(Manolito se pone nervioso, porque su vecinita lo va a ver en ese estado; se van sintiendo las llaves más cerca, cada vez más cerca; las llaves abren la puerta y…)

Manolito: No puede ser, ese sonido no es de mi puerta, es la puerta del costado, la puerta de mi vecinita. Que mala suerte tengo, esta es una de “las noches de bacanal desenfrenada en casa ajena del abuelo”.

(Aunque Manolito no sabía bien que significaba, sabía que era un secreto entre ellos que nunca debía ser contado).

(Se oye cómo se cierra la puerta de la vecinita).

Manolito: ¡No!, no me queda esperanza, pero, no puede ser, tengo que ser fuerte y buscar la salida, he de salir a buscar los brazos de mi abuelo que me protejan ante tanta penumbra.

(Se va dirigiendo hacia la puerta de la entrada principal del piso, la puerta de su salvación, desnudo en cuerpo y alma, para expiar sus pecados; un cuerpo depravado y sucio, sobre todo después del encuentro sexual con su mascota).

Caminando a tientas llega al fondo del comedor, a la derecha está la tan ansiada puerta, justo detrás de las cortinas…

Manolito: No quiero que mi abuelo me vea así, aun me acuerdo cuando mi abuela me bañaba de pequeño en la tina, y me frotaba con la esponja mientras susurraba al abuelo: los pitos limpios saben mejor, huelen a deseo y… ¡que recuerdos!, mi abuelo siempre acababa corriendo y gritando a los cuatro puntos cardinales: ¡Esta noche aaaa jugarrrr!.

(Así que aprovechando su paso por las cortinas, Manolito le pega cuatro refregadas a la minga para lustrarla).

Manolito: He llegado, he llegado a la puerta; pero no puedo salir y que me vea mi vecinita así, he de taparme.

(Manolito se acuerda de que al lado de la puerta hay un perchero, y comienza a palpar hasta que encuentra la boina del abuelo)

Manolito: Que suerte tengo, el abuelo no se la ha llevado hoy.

(Manolito se coloca la boina en la minga aún palote, y pensando en la gran cabeza que tiene el abuelo, realmente algo tapará).

Había llegado a su destino, grandes lagrimones recorren su mejillas, agarra el pomo decidido a abrir la puerta, cuando nota que…

Manolito: Nooo, no puede ser, la puerta está cerrada con llave, es el final, el Señor…

(Manolito maldice su suerte cuando… regresa la luz, solo había sido eso, se había ido la luz en el edificio por unos minutos, unos eternos minutos).

(Manolito queda ahora de frente al público, con la boina tapándole su tótem; vemos su cara feliz, más que feliz, su cara resplandeciente, y su mirada dirigida de soslayo hacia el trono blanco que había dejado atrás…)

Manolito: Esto no se lo creen en el pueblo, he de celebrarlo.

( Y se va dirigiendo hacia su blanca taza favorita, mientras Didi le dedica una mirada más que golosilla; pero esta vez se pone pulseras de cascabelitos también en los tobillos, para que la música ambiente suene en estéreo… ya se siente todo un veterano…).