"Los Smörnernieff", AmRe

07.10.2013 11:02

 

 

La casa de los Smörnernieff estaba al final de la calle. Ésta, impedía que la ciudad siga creciendo. Como se ha dicho, estaba al final de la calle realmente, no era mentira, parecía un “callejón sin salida”. Alrededor, por un lado, todo es verde con una abundante naturaleza que les relaja la vista. Para el otro lado, la burguesa clase media, solo casas y asfalto.

Todo el pueblo se quejaba, por un lado, que esa casa les interrumpía la vista, no podían disfrutar del paisaje que había detrás de ella. Y por otro lado, porque los Smörnernieff eran unos ermitaños, que se negaban al progreso. Siendo que ellos llegaron ilegalmente de Alemania aun así y todo Francia les abrió las puertas y ellos ni son capaces de podar el césped o de pintar esas enmohecidas paredes.

El pueblo se reunió, a escondidas de los Smörnernieff, para resolver “la situación” de esa sucia y abandonada casa que desprestigiaba a todo el pueblo. Además de su mala ubicación, no se conocían a los habitantes, más de aquella vez que ingresaron, no salían a trabajar, a hacer compras, los hijos no iban a estudiar, era un completo misterio esa familia.

La mañana siguiente a la reunión, todos se despertaron y levantaron temprano por los ruidos molestos de las maquinarias y desayunaron con la noticia que la casa no se encontraba más en su ubicación ¡La casa ya no estaba! La sacaron de cuajo como cual árbol molesta en el camino.

La policía, no permitía que la gente se acercase a husmear. La hija del alcalde, arqueóloga e investigadora, recién había llegado de visita al pueblo, Al ver que estaba la calle atestada de gente, autos patrulleros, camiones bomberos, medios de comunicación, un verdadero amontonamiento alrededor de la casa de los Smörnernieff, esa que de niña siempre le intrigó. Se acercó a ver que sucedía y se encontró con que la casa no se encontraba más. Eso despertó, aún más su interés, podría verla por dentro sin tener que interactuar con los Smörnernieff.

Se acercó, quiso entrar pero le restringieron el acceso. Entonces utilizó toda la influencia que poseía y dijo, casi a gritos, “¡¿Sabes quien soy yo?! La hija de Moliere. Así que, si querés seguir conservando tu empleo más te vale que me dejes entrar”.

Por lo que, pudo acceder a la casa sin ningún contratiempo más (En realidad bajo al sótano, lo único que se conservaba de la casa, en el sitio original). Empezó a inspeccionar y le dijeron que no busque tanto, que no iba a encontrar nada, ya se habían realizado las requisas muy temprano y no encontraron nada, nada más que unos viejos canastos de ropa sucia… ¿Una biblioteca? ¿Una biblioteca aquí abajo? Dijo y preguntó para sí misma. Era una falsa biblioteca, los libros eran viejas cajas de cartón, algunas forradas de bellos apelmazados papeles. De inmediato, quitó todas las cajas y cajitas y corrió la pequeña biblioteca, detrás de ella se encontró con el horror.

Por el estado de descomposición de los cuerpos, hacia más de 10 años que se encontraba la familia completa, con las tiesas e inánimes piernas colgando y suspendidos de deficientes pero efectivas horcas caseras. Por esas épocas recuerda que se decía que la peste y la malaria había llegado al pueblo, que coincidía con la llegada de ellos. Pero fue muy breve.