"Los Nubelinos y el valor del perdón", Almática

30.08.2013 22:38

Esa tarde, el cielo ocultaba su esplendor, vestido de nubes grises llenas del agua bendita de Dios. Parecía triste aquel ocaso, donde no pasaba ni un rayito de luz del alba que cada tarde se adornaba de sus múltiples colores.

Es allí, más allá de esas nubes, que viven los traviesos nubelinos. Ellos son seres de luz, que cuidan la naturaleza, sembrando valores en el corazón de todos lo que necesitan de ella. Habitan en las nubes más altas en grupos de siete, en sus casitas de plata y bajo el cuidado de una Nana y un Sabio que los educa con amor.

Dos de ellos, la nubelina Gris y el nubelino Pregón, les tocó vigilar la salida del ocaso. Fue en ese momento que se percataron, que un grupo de pescadores forcejaban con una gran Tortuga de Mar. Ella se había acercado a la costa, para dejar sus huevos en la orilla de la playa, pero la atraparon y el más joven de ellos, la golpeaba en su cabeza sin piedad.

La nubelina Gris al ser tan pesimista, comenzó a llorar sin parar, cargando a las nubes de su llanto. Pregón sin perder tiempo, decidió buscar al resto de sus amigos, pero en el camino se encontró a la nubelina Coquis peleando con el nubelino Soñador. Él le había escondido una lagartija en su bolso mágico para asustarla, y se enojó tanto, que en la discusión le retiró su amistad. El nubelino Bombis escuchó a Pregón tratando de pasar la alarma, y los reunió a todos. Así llegaron: Hipy la roquera, con sus muñequeras de poder; Chispas la temperamental, con sus lacitos de rayos de luz; Genius el de las grandes ideas; Coquis, con sus polvos mágicos; y Soñador, el travieso aventurero controlador del viento.

Todos se fueron saltando entre las nubes al lugar, donde Gris los esperaba. Genius estudió las distintas posibilidades para rescatar a la gran tortuga de mar. Lo primero que se le ocurrió fue distraer a los hombres con una gran tormenta, para que la lancha perdiera estabilidad. Lo segundo, era romper la red que la mantenía atrapada, y para lograrlo, necesitaban acercar a Chispas a la Tortuga, cargándola con la energía de todos.

Gris se encargó de las nubes de carga, y Pregón utilizó su cámara mágica para atrapar varios rayos, provocando una fuerte tempestad. Por otra parte, Bombi amarró su cuerda mágica a una nube blanca y la atravesó por las nubes grises. Allí se sujetó con fuerza y le pidió a Genios que se deslizara primero y se enganchara a él. La idea era hacer una línea de poder para llevar a Chispas al final de la cuerda, para recargar de energía los rayos de sus lacitos y liberar a la tortuga.

Así, uno a uno se fue agregando. Hipy se deslizó después de Genios, luego Coquis para que se agarrara a ella, pero al llamar a Soñador, ella se negó a darle la mano. Bombi le explicó que necesitaba a Soñador sujetando a Chispas. Después de todo, él era el más hábil para controlar la fuerza del viento, por lo que a regañadientes accedió, y así se formó la gran cadena de poder.

Al unir la energía de todos, ella la convirtió en un fuerte rayo de luz que lanzó hacia la red, liberando a la gran tortuga. No obstante, fue tanta la energía que se desprendió, que Soñador al no estar fuertemente sujetado a Coquis, lamentablemente se soltó, cayendo con Chispas al vacío. Sin embargo, la gran tortuga se había liberado y los salvó, llevándolos a la orilla, sobre una gran roca. Desde allí, vieron a la embarcación voltearse y a los pescadores nadar hacia la orilla, excepto uno de ellos; el joven que la había maltratado y luchaba por su vida.

La Tortuga los miraba con rencor, sintiendo que la naturaleza hacía justicia por ella. No obstante, los nubelinos son seres de luz, llenos de amor, y su misión es sembrar de valores sus corazones. Así que miraron con firmeza a la tortuga y la irradiaron de su luz.

La gran tortuga al sentir su poder, sin importar su herida, se volteó y regresó al mar. Se sumergió y logró encontrar al joven pescador, llevándolo a la orilla de la playa. El padre corrió y tomó a su hijo, abrazándolo con fuerza. Sin embargo, el resto de los hombres aprovechando la situación, la lograron atrapar, pero el hombre agradecido se los impidió.

Los hombres se marcharon, dejando a la gran tortuga mal herida. Luego, con la fuerza de una madre, abrió los nidos y dejó sus huevos arropados con la arena. Al terminar, casi sin fuerza se arrastró hasta perderse en la inmensidad del mar.

En lo alto de la roca, Soñador y Chispas abrazados con fuerza, estaban confundidos entre la tristeza y la alegría. Después de todo, una madre se iba, y unos pequeños en sus huevos se quedaban dormidos y protegidos bajo la arena de la playa. Por otra parte, al no poder volar, debían esperar con paciencia los primeros rayos de luz de la mañana, para regresar. Ellos sabían, que arriba esperaban preocupados sus amigos en la casita de plata, especialmente una nubelina que se sentía culpable por haber permitido que el rencor dominara su corazón.

Al amanecer, llegaron los primeros rayos de sol. Chispas se encontraba débil, pero Soñador la tomó de la mano y se dejó llevar por la brisa, así ella logró atrapar uno de los rayos de luz que los regresó a las nubes altas.

Al subir, todos los nubelinos se llenaron de alegría, especialmente Coquis, que abrazó con fuerza a su amigo Soñador, borrando toda sombra de rencor. Su Nana lloraba de alegría, al ver a todos sus pequeños reunidos y felices. ¡De pronto! Todo se estremeció, Sabio Nubelino, su gran orientador, tocando con fuerza su bastón mágico, llamó su atención.

El Sabio, en su charla de ese día les explicó, que habían aprendido un nuevo valor; el perdón. Un sentimiento capaz de borrar el más profundo rencor del corazón, necesario para ser feliz. Por lo tanto, decretó un cielo vestido de fiesta, donde todos los nubelinos jugarían y comerían golosinas, con los colores del más hermoso arco iris pintado con las gotas de lluvia y la luz de su amor.