"Lo que nadie te contó del paraiso", Laia

01.04.2014 12:20

Estaba Dios preparando el escenario, junto al árbol prohibido en el Jardín del Edén cuando se dio cuenta que necesitaba un escribano. Cogió una pluma de ave y la otorgó de vida y forma humana.-Tú darás fe de cuanto aquí veas-. El chico era igual que Adán pero tenía el miembro viril mucho más largo. -Quiero escenificar con ellos lo que podría pasarle si desobedecen mis órdenes; enseguida vuelvo voy a buscar una cosa.

 

Mientras tanto Adán y Eva, que estaban hablando con la serpiente, se acercaban al lugar donde iban a interpretar la secuencia.

 

- ¿Creéis que Dios me dará el papel principal? -preguntó la serpiente.

- Eres una bestia, y como tal, estás por debajo del hombre.- le dijo Adán.

- Tengo hambre Adán, ¿Y tú?

- Yo también Eva.

- ¿Por qué no cogéis una manzana, es más grande y os alimentará más?

- Dios no quiere; dejo bien claro que ese árbol estaba prohibido. ¿No os lo ha hecho saber a las bestias también?- dijo Eva algo molesta.

- Comeremos uva y buscaremos algo de beber para saciar nuestra sed mujer.

- Probad este líquido- ofreció la serpiente- he ido metiendo la uva en el hueco del árbol y lo he tapado muy bien para que se conserve más tiempo, me daba pena ver tanta uva tirada por el suelo, este ha sido el resultado.

 

Al cabo de un rato Dios aún no había aparecido y el estado de embriaguez de Adán y Eva era monumental. El escribano que se estaba percatando de todo prefirió no seguir escribiendo nada hasta que Dios regresará. Al ver que tardaba mucho decidió buscar soluciones a tal espectáculo.- Como esto siga así, se va armar la de Dios es Cristo, y yo, no quiero parte. Serpiente, ayúdame a colocarlos bien.-

 

Eva debía estar de pie y con una mano en alto por lo que le ataron una mano al árbol y la apoyaron en el tronco. La serpiente ayudaba desde el árbol y cada vez que se movía por las ramas caían manzanas y hojas al suelo, una de ellas fue a parar justo a la cara de Adán que se había quedado dormido con la boca abierta y al tener los dientes de arriba más sobresalientes, la manzana quedo encajada en la dentadura. A la serpiente se le salían los ojos de las órbitas al ver lo ocurrido. Adán ni se inmutó.

 

- No podemos dejar que Dios lo vea así. Yo me pondré en su puesto y él en el mío y tú le sujetas la mano como si estuviera escribiendo.

- Te olvidas de un pequeño gran detalle ¿no crees?- le insinuó la serpiente. –Toma esta hoja de parra y cúbrete, así Dios no se dará cuenta.

-Esta bien, eso haré. Y tú Eva, cuando Dios llegue y te pregunte, no digas nada, yo hablaré por ti. Con ese aliento lo tumbas ipso facto.

-¿Te noto algo distinto Adán? Será mi vist…-Eva vomitó antes de terminar la frase con la desgracia de que la mayor parte quedo adherida a su bello púbico.

-Escribano se te ha caído la hoja de parra hace un rato- espetó la serpiente. -Ponte otra y colócale una también a Eva, ya se lavará después. No nos da tiempo a más, oigo los pasos de Dios muy cerca.

 

Cuando Dios llegó con unas manzanas de plástico para el atrezzo y vio la escena montó en cólera:

-Habéis desobedecido. Habéis comido del fruto prohibido.

-No es lo que parece. Ha sido la serpiente que mientras me ayud…

 

Todo el mundo sabe como sigue la Versión Oficial de los hechos a los ojos de Dios y es la que perdura hasta nuestros días, no las intenciones.