"Literalmente", ITX

24.09.2013 09:55

 

Le acariciaba la cara y le besaba. Le despeinaba el pelo y paseaba mi lengua por su mejilla. Respiré su olor hasta tal punto que corría por mis venas. Acariciaba su cuerpo. Mordía su cuello. Lamía su sangre. Volvía a hundir en su pecho mi cuchillo, una vez más. Y otra. Y mil más. Y volvía a besarle. A acariciarle. Y paseaba mi lengua por el filo del metal. Sentía crujir bajo mí sus huesos. Clavaba en él mis uñas. Cortaba su piel. Y yo sonreía, manchada hasta el alma de su sangre. Y reía, de placer, de felicidad, mientras él yacía tumbado y me miraba con ojos vacíos. Yo le decía palabras bonitas al oído, y él casi lloraba de amor. Le juraba que le amaba y él casi me sonreía, mientras su sangre pura y roja corría por las sábanas, tiñendo de granate nuestro lecho de lujuria y noches de amor y canciones tristes. Y yo le cortaba el cuello. Y su sonrisa se desvanecía mientras empapaba de salpicaduras rojas mi camisón blanco. Pero él no moría. Sólo jugaba a quererme a mi manera. Para siempre. Y yo renacía en cada aterradora y gélida mirada, en cada intento frustrado de articular palabra, en la manera en que la sangre resbalaba por las comisuras de sus labios mientras trataba de hablar, pues yo sé que sólo quería decirme cuánto me amaba. Y ponía mi dedo sobre su boca, y volvía a besarle, como nadie, como nunca, mientras encharcaba mis huesos vaciando en mí su vida. Que más me daba que el corazón no latiera. Yo sabía que él seguía jugando conmigo. Queriéndome tan intensamente. Que no iba a abandonarme sólo por estar casi decapitado. Porque yo sabía que cuando él me decía “por ti pierdo la cabeza”, era literalmente.