"La tormenta en un vaso"

23.02.2015 12:05

-¡No es posible! – gritó el señor Lucius -. Subestimar a la humanidad por un puñado de dólares, creo es irreverente, malversador.

-¿Y qué hay que no tenga valor monetario? El chip nos dará libertad de movimientos, una nueva vida.

-Debemos de ser cabales. ¡Déjese de idilios!.

Sus palabras no estaban exentas de temor. Miró al señor Banks promotor del encuentro, con aire de enfado.

-¿Seguro?. ¿Usted está seguro, señor Lucius? Cuando le dijeron que el océano podía ser el punto de partida hacía nuevos, grandes y valiosos descubrimientos, mucho mejores de los que los antiguos corsarios localizaron en sus expediciones y saqueos. Cuando le dijeron que el hombre iba a ser capaz de deshacer la bruma con nuevos y novedosos métodos de navegación, gracias al invento de máquinas capaces de guiarnos sin problemas en la más absoluta de las cegueras, creyó iba a resultar imposible, a ser enigmática la forma de descifrar las coordenadas necesarias que nos dieran vía libre en este mundo regido por lo que llamamos equilibrio natural, perdido hace años gracias al hombre. Deje de ser tan condescendiente y advierta la necesidad de mejora que le planteo. ¿Me entiende? No provoque que haya una tormenta en un vaso, y acabe ahogándose. Recuerde, usted pasó de ser filósofo a mentalista. Estudió en la universidad de Hourder, por cierto, con muy buena nota.

La atención de los otros dos asistentes se acentuó.

-Estamos desviándonos. ¿No cree? ¿Está seguro señor Banks? –Lucius se estremeció de estupor.

-¡Muy seguro!.

-¿Es posible cuanto cuenta?

-Desde luego.

Acababa de dejar sobre la mesa el pergamino pg704 modelo dream, desplegándolo en la amplia mesa de color nogal. Cogió las puntas con cuatro pisapapeles que simulaban efigies de deidades griegas y marcó con el dedo índice el centro del dibujo. Mantuvo la compostura estirándose de la americana negra con bordados dorados en las solapas, en un gesto conciliador mientras los miraba. Los rasgos de su cara se acentuaron, en un simple estallido de tensión controlado. Los demás permanecían con cierto escepticismo.

-Entonces. ¿Es viable?

El silencio se abatió en la sala.

-Que les parece. Les voy a llevar a un mar de sensaciones. ¿Las quieren? -. Sonrió levemente. La malicia de su pregunta hizo retroceder a los tres -. Soy empresario, ¿qué creen?

-¿A qué viene esto? – Inspiro Gulier con rotundidad elevando el puño para acabar por golpear la mesa.

-No ha de inquietarse, señor Gulier. Estas cosas son como son, y debe comprender, que por muchas vueltas que de, acabará por aceptar lo que vengo a proponerle.

-¿Para esto nos ha traído aquí?. Tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos.

-Creo que no. Deberían pensarlo. Les dejaré unos minutos, y luego si quieren habrá turno de preguntas. No desaprovechen lo que les muestro.

Las miradas de desconcierto se acuciaban a la medida de las explicaciones.

El señor Gulier inclinó la cabeza en un acto de desesperación. Lucius y Marens acabaron por sentarse en las mullidas butacas de piel de foca. Mantuvieron las distancias los unos de los otros, en la extensa mesa que ocupaba parte de la pequeña sala. Los ventanales orientados al norte, dejaban ver el mar. Gulier miró hacía el horizonte durante diez minutos interminables. Los otros dos estaban postrados en las mesas. Sus rostros llenos de incertidumbre eran la tónica de una situación descerebrada.

-¿Cómo lo llevan? El tiempo corre, y se pierde. Sus posiciones sociales deberían darles el privilegio de tomar decisiones más rotundas. Disfruten de este paseo por el apaciguado mar. Es una embarcación de lujo, a la altura de este encuentro. La moralidad de la ciencia les corroe.

A Lucius las palabras del señor Banks le parecieron un agrio ruido. Se estremeció en la butaca en un acto de afirmar cuanto iba a decirle, a pesar de ir en contra de su voluntad.

-Señor Banks, no debe preocuparse. Le agradezco su notable intención de mejora del chip. Sin problemas por mi parte – sonrió Lucius -. Estoy de acuerdo.

La silueta del señor Banks se mantuvo erguida con aires de satisfacción. Sus caídos hombros remontaron al pronunciar la palabra acuerdo. Viró un instante la cabeza dirigiéndose a los asistentes que no habían opinado.

-Los otros dos. ¿Qué opinan?

Gulier levantó la mirada que había depositado en el dibujo de la mesa, se reclinó en el asiento y por entre la comisura tensa de sus labios dejó escapar un ok.

-Muy bien. ¿Y el otro?

Marens tardó en contestar. Sus sobresalientes pómulos sonrojados por la tensión denotaban su poca clarificación en el asunto. Miró a los dos compañeros con aire de desenfado, pero con la incerteza de si sabían lo que hacían. Movieron levemente la cabeza arropándole.

-He superado muchas tormentas, y creo que esta tampoco va a tumbarme.

El señor Banks se mesó la barba, metió la mano en el bolsillo derecho de la americana de la cual extrajo unas gafas de montura negra, y acercándose a paso firme hacía la mesa sacó una carpeta de la bolsa que colgaba en el asiento, rotulada como "manual de instrucciones".

-Han hecho bien. Sabía que todo iba a ir sobre ruedas. Ustedes saben, que a partir de hoy el mundo hará historia, y serán recordados como los mejores hombres capaces de aminorar el sufrimiento de la humanidad.

Los ojos glaucos del señor Gulier se enrojecieron de furia. El señor Marens y Lucius más distantes, mostraron su frialdad repulsiva a las palabras que había dejado escapar con tanta ironía.

-No seamos aguafiestas. Estamos de celebración. Este chip – señaló el pergamino – es capaz de llevarte donde quieras. ¿O no están dispuestos a navegar?¿Se van a perder este privilegio? Serían bastante inocentes, y les aseguro – introdujo la mano en el bolsillo interior de la americana – encontrarán cosas tan interesantes como esta -. Les enseñó un par de fotografías de hermosos paisajes vírgenes -. Bonitos, ¿verdad?. El hombre necesita estímulos, ¡démoselos!. El mar sobre el que navegamos, se ha quedado pequeño. Hemos descubierto todas sus entrañas. Es tiempo de descubrir nuevos mundos, interminables. Un verdadero tesoro fuera del alcance de manos piratas. La superación personal que muchas técnicas quisieron enseñar en la antigüedad. Lugares que nunca antes hubiesen imaginado transgredir. Los psicólogos y psiquiatras se frotarán las manos. ¿Están dispuestos a navegar por su mar interior?. ¡Un nuevo tesoro! – dijo finalmente exaltado.

-Un nuevo mundo, por descubrir, al alcance de unos pocos. ¿Esa es la transgresión? – Marens apretó los dientes girándose hacía la ventana.

El señor Banks dejó escapar una carcajada profunda y hueca.

-Un simple pinchazo, y todo solucionado. Nos podemos ir de viaje donde queramos. A esos recónditos lugares, ocultos, vivos, marchitos, o aquellos que hemos soñado toda la vida. Penetraremos en el interior de la persona, abriremos su mente, desvelaremos sus entresijos y mostraremos sus sueños. Muchos los llaman el mar primigenio, donde remansa la esencia de la vida. Aquí comienza el viaje más insólito de todos los tiempos. Y la forma de atajar cualquier bruma que nos ciegue. ¿Quién no ha soñado alguna vez con la felicidad eterna?.

-Esto es disuadir la realidad. El curso normal de las cosas, no está del todo claro. ¿Habrá efectos por la manipulación? – Marens se levantó del asiento.

-Todo está bajo control.

-¿Seguro?

-Acuérdese que usted nació en un seno familiar precario.

-¿Qué tiene que ver?

-Su padre fue pescador durante todos sus años de existencia. Quiso lo mejor para usted. Pasó desgracias, el hambre le atizó en la frente, casi cae en la locura por no poder darle de comer, los peces escaseaban. El mar escupió la ira de los Dioses. Tuvo que buscarse la vida. ¿Y qué obtuvo?, la ruina. Tantos años de experiencia sumidos en un infortunio, por ocupar el lugar equivocado. Usted pasó a vivir a temprana edad con la familia que le llevó a lo más alto.

Su capacidad de persuasión le llevó a sentirse henchido, capaz de llevar el mundo en sus manos. Marens perplejo contuvo las lágrimas en sus pequeños ojos color ocre. Un mar de sentimientos se le arremolinó en las pupilas, a punto de provocar olas gigantescas.

-¿De dónde ha sacado usted esta historia? – inquirió.

-Los Tsunamis no son mi predilección. Debo decirle que de un amigo de su padre, se ofreció a probar el chip. Todo se sabe. No hay nada oculto. Las cosas pasan a ser historia, y esta queda grabada para siempre en nuestras neuronas.

-¡Nombre!- exigió.

-Es confidencial.

Marens se levantó de la silla, crispó los puños con virulencia esquivándolo ágilmente el señor Banks. Los otros dos se mantuvieron al margen, en una expresión facial contenida. En el rápido cruce de miradas afirmaron la unión de equipo. Todos a una, sin duda. Todos a una, leyeron en sus ojos por segunda vez. La unión es victoria.

-De algo tiene que servir los cursos de autodefensa. La insatisfacción de las personas tiene que ser combatida de la mejor manera. El mar de dudas a las que nos sometemos acabará siendo historia. ¡Las tormentas serán apaciguadas!. El mar volverá a ser calmo. Se podrá navegar sin problemas. En un solo vaso seremos capaces de controlarlo todo. Sabremos cuando viene una tormenta y como combatirla. Deben de acordarse de estas palabras, Dios proveerá…

-Dejémonos de historias. Marens, escucha lo que dice el señor Banks – le asintió Gulier.

-Escúchalo. Es lo mejor – apuró Lucius.

Pensativo durante unos segundos le afirmó a Lucius con las manos entrelazadas.

El señor Banks inspiró gratamente.

-Esto es lo que esperaba. Acuerdo. Un buen acuerdo. Veo que vamos por buen camino. Nos pondremos en marcha. ¿Alguien está dispuesto a probarlo para comprobar su eficacia?

-Yo – se adelantó Lucius.

-Eres valiente.

-Que menos. Probemos. Es cuestión de ver para creer…

Lucius giñó el ojo derecho a los dos compañeros ofreciéndose con una risa complaciente.

El señor Banks dio dos palmadas al aire, el pórtico del fondo de la sala (en la parte contraria a los ventanales) comenzó a abrirse. Un par de personas vestidas de inmaculado blanco entraron con un carrito en el que llevaban los utensilios necesarios para implantar el chip, junto a una camilla de hospital.

-A partir de hoy se erige el nuevo mundo. Lucius es todo tuyo.

Lucius se acercó a Marens y Gulier uniéndose en un fraternal abrazo. Le apretaron los puños en su espalda, mostrándole apoyo incondicional.

-Nos vemos dentro de un momento.

El señor Banks con sonrisa beatificadora les dio una palmada en la espalda en muestra de gratitud.

-Era ineludible este acuerdo.

-Sin duda – pronunció Gulier.

-Claro – susurró Marens.

-Puedes estirarte en la camilla. Relájate e inspira. Es solo un pequeño pinchazo. El chip se te incrustará bajo el cuero cabelludo, muy cerca del lóbulo frontal, para una mejor recepción de las ondas. Tendrás el privilegio de navegar siempre que quieras. Es tu mar. No será como el laberinto del Minotauro, o la caja de pandora. Aquí todo tiene solución. Ha llegado la era de la transgresión…

Sin apartar la mirada de Lucius ya tendido en la camilla, los otros dos compañeros en un movimiento sincronizado se desabrochaban el último botón de la camisa.

-No se sofoquen. Lucius es osado. Me gusta – le atusó el pelo - ¿quiere agua?. Puede beber un trago. Recuerde, el agua es vida. Únete a este fraternal abrazo y relájate. Lo que a partir de hoy descubras te va a hacer libre y mejor persona.

Lucius hizo el intento de no mostrar tensión en su faz. Se mordió el labio inferior en un gesto conciliador, no quería desatar su ira en este trance. Miró al señor Banks lamiéndose los labios con la punta de la lengua. Luego dirigió su mirada a los dos compañeros que lo observaban con tensión facial.

-¡Qué bonito gesto! – pronunció con ímpetu el señor Banks -. Nunca creí que hubiese tanta unión entre desconocidos. Es admirable como en medio de esta incertidumbre, respondéis uniformes, cabales y sinceros. Parece que el mundo se os escape de las manos y necesitéis dejar en calma vuestra alma intranquila. Esos ojos así lo dicen. Son un reflejo claro de vuestra inquietud -. Se hizo el silencio hasta que el chirriar de una de las alas del pórtico llamó la atención -. Esto son esas cosas inevitables, que suceden y debes dejarlas pasar. El silencio se rompe cuando menos lo esperas. Mejor que sea así. Sería una lástima que fuese por arrepentimiento. ¡Una verdadera lástima! ¿Algo que decir?.

Gulius balanceó la cabeza un par de veces. Marens se cruzó de brazos y emitiendo un quejido leve cerró los ojos.

-No es cuestión de amilanarse. Una experiencia nueva requiere de intensas sensaciones. Hay quien daría su vida por descubrirlas, y sentirse lleno en este mundo. No seáis insulsos, y debatáis lo imbatible. El mundo está hecho para los luchadores. ¿Porqué rendirse? – les dio la espalda observando el paisaje a través del ventanal.

Lucius tendido en la camilla era preparado para el gran momento. La tensión de su faz se fue relajando tras la preparación. En la cubeta había preparada: dos grandes jeringas llenas de un líquido blanquecino y espeso. Tres vendas empapadas en un producto volátil de fuerte olor, parecido al alcohol. Y dos vasos de agua, con una disolución de un veinte por ciento de sal en la que habían introducido el chip durante unos minutos.

-¿Nos podría explicar el proceso? Vemos lo laborioso que es tener el mundo en tus manos – dijo Marens.

-La ignorancia acaba por delimitar el mundo, los objetivos y por consiguiente la meta. Nadie sabe lo complicado que es llegar a este punto, y lo sencillo que acaba por ser llevarla a cabo. Un gesto igual al que deberíamos haber hecho los hombres con el mundo que nos rodea. Las cosas sencillas nos pueden llevar a las grandes, y no al revés. Aquí no valen patentes. El valor nos ha llevado a dar en la diana, el coraje, la insistencia, el deseo de zanjar el mal. Al fin y al cabo el mundo está hecho para los que saben sacar de él el mejor jugo – se metió la mano en el bolsillo del pantalón y extrajo un papel arrugado en el que había esbozado algunos garabatos. Lo puso encima de la mesa, pasó la mano por encima e intentó quitarle las máximas arrugas -. Esto es un indicio – indicó con el dedo índice -. Se le llama indicio a aquello que te da una pista de hacia dónde ir, que hacer y cómo. Fue el inicio de la verdad. Del camino hacia la cumbre – dijo solemne -. Un buen ejercicio que quizás deberíais hacer. De todas, y sin ánimo de quitaros importancia, cualquier simple y llano movimiento para averiguar mi fórmula, acabará coartada por mis secuaces. Ya se sabe, la astucia y el deseo de tener el mundo en tus manos, está muy extendido entre los soberbios. Yo soy como Dios, solo él tiene la verdad. Yo la mía. Solo yo. Y no quiero repartirla con nadie – frunció el ceño en una actitud defensiva.

Ninguno de los dos se amedrentó, ni siquiera pestañearon ante las palabras subidas de tono del señor Banks, que iba creciéndose a la medida de sus explicaciones. Se limitaron a atenderlas, en el intento de no sobrepasar el límite que les llevara de nuevo a una tensión innecesaria. Entre ellos el cruce de miradas no cesaba. Al fin y al cabo, no todo estaba perdido.

-Veo que es persona de pocas explicaciones cuando se las piden. Las primeras fueron lo extensas que quiso. Todo cambia al haber conseguido su objetivo. La ruleta ha dado en la diana – comentó Marens.

- Es inteligente. Me gusta la inteligencia. La admiro. La adoro. La quiero. Y esa cualidad tan notoria es esencial para su débil y fogosa mente que busca encontrarme. No quiero que se vaya de aquí sin entender, que por mucho que yo le explique, no hay mundo sin decisión. Creo que está bien definido el objetivo y el por qué de cuanto llevo entre manos. Sería explicar lo mismo otra vez, y no debemos perder el tiempo, porque es oro. Y está muy codiciado. ¿Entendido?

Lucius tendido intentó hacer un gesto que calmara la tensión.

-No se mueva por favor, vamos a proceder con la implantación del chip. Y es muy peligroso. Relájese y obedezca cuanto le digamos – dijo uno de los médicos -. Cierre los ojos e inspire. Notará un simple pinchazo.

-Ya es la hora – susurró Lucius.

-En breve el chip pasará a formar parte de su cuerpo. Notará frío. Al principio agradable. Para seguidamente… - se detuvo el doctor.

-¿Qué? – preguntó Lucius alterado.

El médico mantuvo el silencio apenas escasos tres segundos, que a Lucius le parecieron eternos.

-Notar que aun perteneciendo a este mundo podrá navegar a otros recónditos lugares sin mucho esfuerzo.

El aire contenido en sus pulmones lo echó a bocajarro.

-No se amedrente Lucius. Son muy buenos profesionales, no le van a dejar huella de su paso por este trance. Yo solo trabajo con gente como él. Capaz de llevar al punto álgido lo que se le proponga. No fue difícil encontrarlos. Sí convencerlos. Estoy muy orgulloso de su trabajo.

Los médicos buscaron la mejor zona de la cabeza, aplicaron alcohol y con la jeringa en mano procedieron. Lucius cerró los ojos, se agarró fuertemente a la camilla y conteniendo la respiración hizo por no estremecerse. Su vida era mucho más importante que cualquier otra cosa.

-Silencio. ¡Oh! Silencio. Cuánto he deseado esto desde hace años. Y pensar que hoy se emite una nueva página en este diario que creí iba a quedar vacío. Estoy muy emocionado por vuestra gratitud – dijo el señor Banks.

Lo metódico de la implantación hizo que Marens y Gulius permanecieran atentos a todo el proceso. Sin apartar la mirada, observaron cada movimiento de las manos de los médicos, que trataban a su paciente con cierta soltura, como si no hubiese sido el primero en ser inyectado.

-¿Algo que decir de su profesionalidad? – preguntó el señor Banks.

Ninguno de los dos respondió. Lo miraron de soslayo y siguieron el curso del proceso.

Mientras el primer médico le suministraba los utensilios, el segundo procedía a inyectarle la segunda geringa.

-¿Nota frío? – le preguntó conciso.

-Sí – contestó Lucius.

-A partir de ahora y sin que sirva de precedente, notará como si por dentro se helara su alma.

-¿Qué quiere decir con eso? – dijo Lucius.

-Es lo que le he explicado con anterioridad. Ese frío le inundará todo.

-Sí. ¿Pero qué tiene que ver el alma?

Los dos médicos se miraron sin pronunciar ninguna palabra. Tenían muy bien estudiado el proceso, y se limitaron a seguir. Lucius se mantuvo a la espera de una contestación que no llegó.

-No se preocupe, estamos terminando. Se ha portado muy bien. El mundo es suyo.

Marens y Gulius ojearon con intensidad cada una de las piezas que había colocado en la cubeta, hasta que Marens al ver un plaquita reluciente de apenas medio centímetro que brillaba en el fondo del vaso, quiso saber que era.

-¿Qué es eso? – preguntó Marens.

-Es la esencia – indicó el señor Banks.

-¿Esencia? – se cuestionaron los dos.

-No podemos introducirle el chip original. Acabaría loco. Esto es un sucedáneo a través del cual podremos trabajar para implantar el chip auténtico. Ahora es tiempo de volar y surcar los aires en busca de nuevos amaneceres. Señor Lucius, es un privilegiado en estas tierras. Le aseguro que a partir de hoy será un nuevo hombre – se inclinó hablándole a la altura de su faz -. No dude que será así. Los escépticos no tienen cabida en mi vida. En unos minutos podrá incorporarse. Se notará un poco desestabilizado. Quizás le dure un par de horas, o todo el día. Pero le aseguro que mañana se sentirá como nuevo. Y no habrá nadie en el mundo que pueda llegar tan alto. Ni tormenta que se tercie.

La imagen conmovedora de un principiante ante las puertas de lo desconocido dio paso al señor Banks a vanagloriarse de su logro. Lo había hecho desde el primer segundo del encuentro, menos iba a dejar pasar la oportunidad de henchirse sin límite. A fin de cuentas, su capacidad de persuasión le había llevado al lugar que hoy en día ocupaba, y era uno de los más admirados en el mundo de la tecnología. Con ellos había volcado esa parte provocativa, que apabullara a sus nuevas presas, y lo mantuvieran en lo más alto a costa de mentir, si fuera necesario.

Apenas entraba luz por los ventanales. Encendieron las más de dos mil bombillas ecológicas, la intensidad no evitó que cerraran los ojos por unos segundos.

-Llegó el final – dijo sonriente -. Hoy es un gran día. Maravilloso. Luminoso.

Lucius sabía que tenía que medrar en la situación, era la única forma de poder combatir en contra del señor Banks. El silencio desgarrador hizo que se le escapara un suspiro. La vida pendía de un delgado hilo en contra de sus valores.

-Tengo sed – dijo Lucius.

Bebió del vaso y observó llegar tupidas nubes. Estaba preparado para iniciar la batalla de conquista con una inmensa flota de navíos a través de los cuales cegar al enemigo. Tenía la teoría en sus manos. Solo era cuestión de llevarla a la práctica. Sus conocimientos sobre la mente le habían llevado a lo cierto. Nunca antes había visto tan perfecta la bruma. Una buena arma.

El oscuro abismo se abrió paso entre los grandes ventanales, e imágenes de sucesos pasados parecidas a rápidos fotogramas se le proyectaron en su mente. Sintió en su espalda la volatilidad de la vida. Las carcajadas del señor Banks retumbaban en la sala. Las miradas de conciliación de los tres acabaron por afirmar que la unión hace la fuerza.

Diez minutos más tarde, un suave aleteo alertó a todos. Lucius erguido dio tres pasos al frente, dirigiéndose al pórtico. Apoyó la mano derecha en la fría puerta y girándose se despidió del señor Banks. Susurró en sus adentro; "la libertad no se manipula", y veloz como un ave desapareció. Los dos acompañantes se miraron sorprendidos, mientras el señor Banks satisfecho por su obra miró al frente en gesto complaciente.

La duda sobre el fin estaba en el aire. La tormenta saltó el borde del vaso. El oleaje comenzó a llegar hasta sus pies. Sentir la humedad del mar, les hizo respirar. Al señor Banks bajar la mirada y comprobar que la baldosa que pisaba le había mojado la puntera de las botas de piel. Ya no había retroceso.