"La Tormenta", Arckangel

21.09.2013 16:58

 

 

Alberto Dimarzio se despertó con un grito agarrándose la pierna derecha. Durante unos instantes no supo exactamente donde se encontraba.

Luego la realidad se abrió paso en su mente y supo que estaba en Nueva España, una ciudad en el continente occidental del planeta Altair 4.

Ordenó verbalmente a la computadora que encienda las luces y la habitación se iluminó.

Malditas pesadillas, habían pasado treinta años y todavía soñaba con la guerra cada tanto. Miró la hora, eran las dos y media de la madrugada.

Se levanto despacio y observó por la ventana. Llovía copiosamente y todo estada desierto. Un aerodeslizador color azul paso raudo por la calle levantando gotitas de agua en el plastiasfalto mojado. Miró el cielo cubierto de nubes verdosas, un trueno sonó en la distancia. Otra maldita tormenta electromagnética se avecinaba.

Caminó hacia el living. Ahí estaba lo que el llamaba el “mata pesadillas”, una buena botella de whisky. Si tomaba lo suficiente lo noquearía y podía dormir sin malos sueños.

Caminó cojeando levemente hasta la otra habitación, agarró la botella que estaba en la mesa destapando el corcho con la boca. Lo escupió y tomó un largo trago.

El calor en el pecho lo hizo sentirse mejor, la realidad parecía volver a encajarse.

Encendió la holovisión y se sentó en el sofá sosteniendo la botella. Sus manos habían dejado de temblar y el dolor de la pierna derecha se redujo a un latido sordo.

No sabia si era porque se estaba volviendo alcohólico o porque nunca pudo quitarse el trauma de guerra.

Ya no recordaba a cuantos consejeros y psicólogos había ido a ver después de la guerra..y no importaba. Había llegado a la conclusión que debería vivir con eso.

Los médicos le habían dicho que su pierna estaba sana, habían regenerado el tejido destrozado y arrancado, pero le dolía. Siempre le dolía.

Todo gracias a un grupo de Bleckrits que los habían sorprendido durante una patrulla,

atacándolos por sorpresa. Lopez, Macaio, Deluca, Kriterson, Gonzalez. y otros habían muerto bajo las terribles armas que usaban esas bestias en combate cuerpo a cuerpo. Si bien ambos bandos poseían tecnología avanzada, esos malditos bichos adoraban destripar a sus victimas. Tenía que ver con sus brutales ritos de caza o algo parecido.

Había tenido suerte cuando el Bleckrit se le echó encima arrojándolo al suelo, por instinto el joven soldado Dimarzio había protegido su abdomen levantando sus piernas mientras apuntaba con su arma. Esa cosa parecida a un reptil casi le había arrancado la pierna en un segundo.

A pesar del miedo pudo apuntar el rifle al rostro de su atacante volándole la maldita cabeza. Eran fuertes y ágiles, pero no demasiado listos. Por eso los humanos habían ganado, por su inteligencia para desarrollar estrategias y armas como su rifle de pulso M41B.

Instintivamente se agachó y buscó a tientas bajo el sofá. Pudo sentir el frío de una caja de metal. Ahí descansaba el objeto que le había salvado la vida.

Corrió la caja, abrió los seguros y tomó el arma. Miró al espejo que estaba en el otro lado de la habitación. Estupidamente pensó que nuevo se veía su rifle y la envejecida imagen que le devolvía el espejo.

Aunque todavía tenia aspecto de estar en forma por los años de deportes su rostro estaba surcado de arrugas y sus ojos estaban vidriosos. Parecía un viejo demente vestido con remera y pantalón Jogging que empuñaba un arma.

Hacia años que no la manejaba y le sorprendió lo pesado que se sentía. Acarició el metal empavonado verde y negro.

Aunque creía que lo había olvidado hacia mucho, recordó las especificaciones técnicas de rifle. Las palabras del sargento instructor sonaron en su cabeza.

-“ El rifle de pulsos M41B es un arma de asalto refrigerada por aire, equipamiento estandard de todo soldado colonial. Utiliza municiones de 10 mm, cargador de 90 proyectiles y en el costado derecho se puede ver en el display la munición remanente.

Tiene una cadencia de fuego de 900 rondas por minuto a una velocidad de 840 metros por segundo y pesa 3.2 Kg .

Esta equipado con un lanzagranadas de 30 mm que utiliza munición explosiva M38 o M108 Canister expansivas a un rango de 30 metros…”

Un relámpago seguido de un trueno estalló muy cerca, sobresaltándolo y quitándolo de sus pensamientos. Había sonado como una explosión.

Tomó otro trago. Malditos truenos, si seguían sonando así iba a tener un infarto.

La imagen de la holovisión fluctuó levemente por le descarga, la conductora de noticias comentaba sobre la tormenta. El gobierno recomendaba a la población no salir de sus casas, ya que era un fenómeno climático de una escala sin precedentes que podía afectar la…

En ese instante la habitación quedo a oscuras. La computadora de la casa anunció una falla de energía, encendiendo las tenues luces de emergencia.

Lo único que faltaba – pensó Alberto- pero podía quejarse. Tenía su botella, su arma y un atado de cigarrillos en la mesa. Iba a tomar y fumar en honor de sus camaradas muertos.

- Brindo por el segundo pelotón de infantería – dijo en voz alta levantando la botella –

que hace treinta años fueron masacrados en la selva de un planeta de mierda llamado Butan dos y nadie se acuerda de ellos. Salud!.

Estaba por tomar otro trago cuando un ruido eléctrico seguido de un resplandor brilló desde el baño que duro solo unos segundos.

El ex soldado se puso de pie de un salto. Eso no era un trueno, no señor…

Sin darse cuenta encendió su arma y esta emitió un zumbido suave al activarse.

Un pequeño led verde parpadeó dos veces indicando que todo estaba ok. El contador de municiones marcaba 003 en dígitos azules.

Caminó unos pasos en medio de la semipenumbra. Las luces de emergencia parpadeaban quedamente. Un fuerte olor a ozono llenaba la estancia.

Desde el baño provino un sonido crepitante que aterró a Dimarzio. Conocía ese sonido, pero no lo había escuchado en mucho, mucho tiempo.

Un escalofrío le recorrió la espalda y contuvo la respiración.

De la habitación contigua asomó una figura moviéndose sigilosamente, cuando las luces de emergencia parpadearon iluminando al ser por breves segundos Dimarzio apuntó su arma al mismo tiempo que se orinaba en los pantalones sin notarlo siquiera.

Era un Bleckrit vestido con uniforme de combate. Pero no cualquiera…era el que había intentado matarlo hacia treinta años en una selva húmeda en Butan dos.

La mente del ex infante de marina le decía que estaba loco, que era imposible. Pero el olor particular que despedía la criatura le decía que estaba ahí.

Pero lo había matado, verdad?. Eran alucinaciones!, finalmente se había vuelto loco.

El marine apretó el gatillo sin pensarlo dos veces pero el rifle no emitió ningún disparo. El proyectil estaba defectuoso.

Dimarzo maldijo entre dientes.

El sistema automático del arma expulsó la munición fallada con un sonoro “cling” metálico seguido de un zumbido quedo al cargar uno nuevo en la recámara.

El display ahora marcaba 002 en grandes números azules.

Las luces parpadearon nuevamente mientras la criatura se desplazó lentamente hacia el centro de la habitación quedando de espaldas al espejo. La imagen que este le devolvía no era solo la de la criatura, sino la de si mismo. Parecía haber rejuvenecido treinta años o más.

- Volviste a terminar el trabajo, verdad?. – dijo Dimarzio con voz calma sin dejar de apuntar – no me importa si la tormenta creo una ruptura espacio tiempo o estoy alucinando. Vamos a terminar con esto ahora.

La criatura pareció entender sus palabras porque gruño y lentamente levantó una enorme arma blanca de 3 filos.

- Ah si, recuerdo eso hijo de puta. Lo recuerdo muy bien pero estas un poco lejos para usarla. Y yo tengo 2 proyectiles explosivos en el cargador que quizás estén vencidos o quizás no…ambos tenemos una chance, verdad?.

Un relámpago iluminó la habitación y el Bleckrit saltó abalanzándose sobre él.

Dimarzio apuntó a la cabeza y disparó.