"La semana de las ardillas", Jhusun

08.10.2013 09:35

Todas las ardillas pasaron la noche muy excitadas, de hecho ninguna logró dormir. Al día siguiente comenzaba la fiesta que ellas organizaban ese año. El pasquín colgaba de dos grandes pinos a la entrada del bosque: «BIENVENIDOS A LA SEMANA DE LAS ARDILLAS»

El sol se anunciaba sin ofrecer aún sus rayos cuando comenzaron a llegar los primeros animales.

El primer día estaba dedicado a la cocina y cada participante debía comunicar el plato que presentaría para que pudiera ser anunciado, en el momento que comenzara la competencia.

La ingeniosidad culinaria de los animales dejaba constantemente sorprendido al jurado: conformado este año por dos conejos, un ruiseñor y una rana verde de ojos rojos.

Los cuatro degustaban con minuciosidad cada plato. Se acercaba el atardecer y no definían al ganador. Esto preocupaba a las ardillas; pero uno de los conejos saltó hasta una roca bien grande solicitando la atención de todos:

—Ha sido muy difícil la decisión —comenzó a decir utilizando la bocina—; pero el ganador del premio de cocina es… —el ruiseñor entono una delicada melodía que alargó por unos segundos el clímax del momento—; el mono aullador con su “Panetela Dragón”.

La rana brincó a su lado y argumentó la decisión:

—Aparte de la combinación de sabores, influyó mucho la bien lograda figura del dragón amarillo que emergía de la tierra, representada por la propia panetela.

Todos aplaudieron la decisión, unos con sincera alegría y otros un tanto resentidos.

El primer día de la feria de las ardillas concluyó sin contratiempos, y a la espera de la competencia de la jornada siguiente; donde se mostrarían posibles transformaciones a los diferentes juegos conocidos.

Se organizó un jurado organizado por pichones de loro y tucán; también un pequeño jabalí y una víbora que había roto su huevo seis días atrás. Ellos estarían orientados por sus padres, pero siempre la decisión sería de ellos.

¡Qué difícil competencia ese día! ¡Cuánto ingenio encerrado en los animales del bosque! Se presentaron innovaciones desde el trompo y las inmortales canicas hasta los video-juegos de última generación. El jurado solicitó a las ardillas organizadoras un plazo para el análisis más justo de los «inventos» presentados.

El tercer día se destinó para la recreación, no habría competencia, fue pura fiesta e intercambio entre los animales. Muchas especies se agruparon y compartieron alegres. También se podía ver a un águila planeando con un pequeño lemur entre sus garras; o varios antílopes que jugaban a jalar la soga con un tremendo oso gris.

La cuarta jornada se inició con el anuncio del ganador entre los inventores; que correspondió al matrimonio de tortugas que después de casi ochenta años habían logrado aumentar el número de casillas al tablero de ajedrez, manteniendo la misma cantidad de piezas en el juego.

Después de conocido el ganador, se iniciaron los duelos en el juego ciencia; porque según las reglas la competencia se realizaría teniendo en cuenta la invención ganadora. La partida final, en la que salía como lógica favorita la tortuga, ocurrió una sorpresa: un joven chimpancé hizo que esta inclinara su rey.

La semana de la ardilla llegó a su último día: el más esperado y al mismo tiempo más temido por los animales del bosque. Era cuando se realizaría el encuentro con los hombres. Las ardillas les enviaron una diplomática invitación en la que dejaban muy claro el por qué los invitaban: «no podían seguir permitiéndoles que los dejaran sin espacio de vida». ¿Los humanos entenderían?

La respuesta de los hombres llegó ese amanecer; cuando fueron despertados por el fuerte olor a humo. El fuego avanzaba muy rápido.

Enseguida se organizó la réplica de los animales. Las serpientes, uniéndose unas con otras, conformaron mangueras en varias direcciones que los demás alimentaban desde el río. Con fuerza lanzaron el agua y después de una larga batalla lograron vencer el monstruo ardiente que intentaba arrasarlos.

Envueltos todos en hollín y ceniza descansaron varias horas. Las ardillas, organizadoras al fin, fueron las primeras en levantarse. Ellas debían investir como preparadores de la próxima feria al grupo de quetzales.

Prometía esa ser una feria de muchos hermosos y brillantes colores.