"La primera bruja", C.J. Cilleros

26.06.2013 15:01

“Muchos relatos se han contado con el paso del tiempo acerca de multitud de brujas y un sinfín de hechiceras, que ponían sus oscuros y misteriosos poderes mágicos, al servicio del mal. Pero, ¿de dónde surgieron todas ellas? ¿Cuándo comenzó esa tradición? ¿Quién reunió al primer aquelarre?”

— ¡Yo lo sé, yo lo sé!—dijo la pequeña Neva levantando la mano, tal y como le habían enseñado a hacer en el colegio, cuando quería contestar a una pregunta.

—Neva, no te sofoques o no te hará efecto el jarabe —expuso Milena, su madre, mientras rellenaba la cuchara con aquel liquido rosa y con sabor a fresa.

—Pero es que yo lo sé, mami—respondió la niña de ocho años, cruzando los brazo disgustada. Sus arqueadas cejas negras, ocultaron levemente unos grandes y centelleantes ojos verdes que observaban a su madre con dureza.

—Está bien—rio la mujer mientras sacaba el termómetro de la axila de la niña—, puedes contestar. Pero después tienes que intentar dormir si quieres que termine de contar la historia—. La pequeña asintió con sinceridad.

— ¡Fue Buru Ha!—soltó Neva triunfante levantando sus delgados brazos. Su madre se tapó la boca con la mano para ocultar la risa que le provocaba la energía que su hija, a pesar de estar enferma, derrochaba en aquel momento.

—Eso es. Buru Ha, fue la primera bruja de la historia. Pero, ¿sabes qué? Ella no era una bruja mala. Al menos no al principio.

— ¿Noo?—preguntó Neva con curiosidad, mientras se arropaba con las mantas.

—Por supuesto que no. Fue hace muchísimo tiempo…

…en una época medieval y antigua, donde los caballeros y los dragones aún no habían aparecido, existió una diminuta aldea al sur de Inglaterra, habitada por campesinos y granjeros. Todos los hombres trabajaban de sol a sol en los campos de maíz, mientras sus mujeres e hijos pequeños colaboraban recolectando en el huerto, dando de comer a los animales y sacando agua del pozo. En una de aquellas humildes familias, nació Buru Ha, una hermosa niña de pelo negro azabache y grandes ojos verde agua. Sus padres, felices e ilusionados, tuvieron que ocultar rápidamente la vergüenza que sentían por la extraña marca con forma de luna menguante que la pequeña escondía tras la oreja izquierda. Aquella marca no era normal, y presagiaba un futuro incierto para la pequeña Buru.

Con el pasar de los años, la dulce niña de ojos verdes, se convirtió en una hermosa joven de dieciséis años con una larga y espesa cabellera negra. De alguna forma, los aldeanos y vecinos intuían que algo extraño ocurría en la familia de Buru, ya que su campo era el más próspero, su huerto daba las frutas y verduras más grandes, y sus animales no enfermaban nunca. Aquel enigmático rumor corrió como la pólvora hasta más allá de las montañas que rodeaban el valle donde se encontraba la pequeña aldea. Cientos de curiosos y aprovechados, viajaron desde lejanas tierras para contemplar la magnitud y veracidad de los rumores. Buru y su familia, nada pudieron hacer para acallar y calmar aquella muchedumbre. La joven, ajena al origen de los extraños dones que poseía, utilizaba sus habilidades para defenderse de ladrones y villanos que osaban adentrarse en su granja. Muchos de ellos, aseguraron bajo juramento, que ignoraban como habían terminado sufriendo terribles alucinaciones, a la vez que exhibían muestras físicas de algún tipo de daño o quemadura, estando a unos escasos metros de la bella muchacha.

Una mañana, Buru se encontraba cortando un poco de leña, como previsión para el invierno, en las profundidades de un bosque cercano. Al regresar con las manos llenas, observó una nube de humo alzarse entre las copas de los arboles procedente de la cabaña de sus padres. Al salir de la floresta, dejando olvidados en el suelo los leños, contempló con horror como su casa ardía devorada por las llamas y rodeada de una veintena de personas con antorchas en sus manos que se delataban a ellas mismas como autores de aquella barbaridad. Buru, ciega de ira y deseos de venganza, utilizó sus misteriosos poderes para acabar con todos los habitantes de la aldea. No hubo hombre, mujer, niño o animal que sobreviviera a la furia de la joven. Solo un gato, negro como el pelo de la chica, consiguió sobrevivir, acercándose a Buru sin temor. Ésta, conmovida por el valor del felino, decidió acogerlo y hacerse cargo de él. Buru y el gato, viajaron por el mundo acabando de manera cruel y despiadada con todo aquel que, en su opinión, no merecía seguir vivo a causa de su maldad, sin ser consciente de que ella misma, se estaba transformando en un monstruo. Con el paso de los años, su descendencia se multiplicó, aumentando el número de mujeres portadoras de la marca lunar, las cuales desarrollaban su poder en compañía de gatos negros, que se les entregaba al cumplir los dieciséis años. Y así fue como al cabo de los siglos, el nombre de Buru Ha, la primera bruja, evolucionó hasta adoptar el nombre de su especie.

Se dice, que una bruja puede ser identificada en cualquier era, si se la ve acompañada de un gato negro.

 

Milena, dio un dulce beso a su hija Neva, que se había quedado profundamente dormida, mientras apagaba la luz de la lámpara de la mesita. Tras aquello, cerró la puerta de la habitación, echando un último vistazo al dulce rostro de la niña. Al salir, la mujer no fue consciente de que una pequeña sombra se había escurrido por la ventana furtivamente y se acurrucaba junto a los pies de Neva. La luz de la luna que se colaba por el ventanal, iluminó a un precioso gatito negro que ronroneaba junto a la pequeña.