"La pelota de los mil colores", Eúfrates

26.11.2013 12:02

 

El día de mi cumpleaños número siete, mi familia me regaló una pelota mágica. Sí, así como lo oyen. Mi pelota estaba junto al cake de siete velitas y la piñata que me hizo el abuelo. Mi hermana Carlita me cantó “Feliz Cumpleaños”, y luego –solo luego- me dejaron salir a jugar con mi pelota.

Desde el primer momento en que la vi, supe que no era una pelota como cualquier otra. Tenía siete colores, y era redonda, pero yo sabía que algo ocultaba; así que llamé a todos mis amigos y les dije:

  • Acaban de regalarme la pelota del arcoíris.
  • Mentiroso –me dijo Ana, la niña de la esquina. –El arcoíris no tiene dueño.
  • Eso es imposible – dijo Carlos, el niño de espejuelos que más libros ha leído, pero yo los convencí diciendo:
  • Mi pelota es mágica y tiene todos los colores del mundo dentro de ella. Si la tiras contra la tierra, pintará de amarillo. Si la arrojas a lo alto, el aire se teñirá de azul. Si se la paso así de rápido a Carlos, se le mancharán las manos de rojo. Y si rebota contra la acera, todo se teñirá de verde. Y existen otros colores, muchísimos. ¿Quieren jugar conmigo?

Al principio nadie quería, y algunos siguieron diciendo que yo era un mentiroso. Pero no me dejé convencer, y comencé a jugar solo. Pum, un golpe contra la acera, y de repente, mi pelota dejó un destello verde tan lindo como la yerba. Pum. Esta vez la tiré al aire, y una línea azul tiñó todo por un momento. Pum, sobre la tierra, y el amarillo se escapó de mi pelota como un pollito. Y pum. Esta vez se la pasé a Carlitos, que se manchó de rojo de los pies a la cabeza, como si se hubiera escondido en un pomo de pintura.

En un momento, todos los niños del barrio querían jugar con mi pelota, así que fuimos pasándola de un lugar a otro, dibujando arcoíris en las calles… hasta que nos llamaron a dormir.

Recogí mi pelota y me marché, ¡pero dejé en toda la ciudad un dibujo tan lindo!